18/11/24

EL MUNDO SE PINTA DE NARANJA

Un presidente gangsteril operará a partir del 2025. Y la pregunta qué ha consumido ríos de tinta es: ¿Qué fregados hará con tanto poder?


Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú


¡Pues así las pinches cosas! Donald Trump no sólo ganó, sino que masacró a los Demócratas y arrasó en las elecciones, ganando no sólo el voto popular y la presidencia, sino también el control del Congreso y el Senado. 

Así, el Calígula del Norte ostentará un poder nunca antes visto en el Imperio Yanqui. Porque a todo lo anterior hay que sumarle una mayoría conservadora en la Suprema Corte, la cual recientemente falló a favor de una política de “inmunidad presidencial”, colocando a Trump por encima de la ley, y tentativamente permitiendo que pueda hacer cualquier cosa (incluso cometer crímenes) siempre y cuando sea considerado un “acto oficial” de la presidencia.

Éste es el escenario en el cuál un presidente gangsteril operará a partir del 2025. Y la pregunta qué ha consumido ríos de tinta es: ¿Qué fregados hará con tanto poder?

De su siniestra política interior sabemos mucho: Trump quiere deportar a millones de inmigrantes; ha centrado su plan económico en torno a aranceles; y ha amenazado con perseguir a sus enemigos políticos de manera extrajudicial. ¿Hará todo eso? Pues la frase que resonó en su discurso de victoria fue “promesas hechas, promesas cumplidas”. Así que agárrense.

Todo lo anterior repercutirá en México y el mundo. Así que lo ideal ahora es intentar descifrar los impactos de su política en el planeta. Sin más preámbulos, veamos qué han dicho algunas de las voces más sesudas al respecto.

EL MUNDO EN GENERAL: De acuerdo con los editores de World Politics Review, en términos geopolíticos, vamos a ver la continuación del retroceso de la globalización. Viviremos en un mundo más nacionalista, con más controles de migración e inmerso en una competencia geopolítica contra el “eje autocrático” (China, Irán y Corea del Norte). Rusia se cuece aparte, porque Trump ha mostrado una cercanía con Vladimir Putin. Ah claro, y olvídense del combate al cambio climático, tema hacia el cual Trump ha mostrado un claro escepticismo.

MÉXICO: Aquí la cosa es muy obvia. De acuerdo con Fareed Zakaria, Trump se enfocará en detener la inmigración en la frontera y en combatir el tráfico de fentanilo. El proteccionismo económico (o los aranceles) desacelerará la reubicación de empresas en México; y claro… tendremos que encargarnos de los millones de migrantes deportados, porque seguramente terminarán en nuestro país.

AMÉRICA LATINA: The Economist predice que América Latina “enfrentará un crecimiento económico más lento, una inflación más alta, costos de endeudamiento más elevados y relaciones exteriores más complicadas con China”. ¿Quién sale ganando? Javier Milei de Argentina, que ya se reunió con Trump.

EUROPA: El principal problema es -obviamente- la guerra en Ucrania. Ya sabemos que Trump tiene una perversa afinidad con Putin, y es probable que intente solucionar el conflicto en términos favorables para Rusia (incluyendo ceder territorio ucraniano). Steven Erlanger, corresponsal en jefe de The New York Times en Europa sentencia: Hay mucha ansiedad porque Trump es completamente impredecible. 

ASIA: Similar a Europa, en Asia hay una prioridad para Trump: la Guerra Fría con China. Seguramente seguirá su política de “desacoplamiento” económico, comenzando por imponer aranceles del 60% a todos los productos chinos. El ganador inesperado es la India, que podría ver nuevas oportunidades comerciales con EE.UU.

ÁFRICA: Aquí hay unanimidad: a Trump no le interesa el continente africano. Pero como dice Nosmot Gbadamosi en Foreign Policy, podemos suponer que si Trump interviene, va a priorizar soluciones militares por encima de la asistencia humanitaria.

MEDIO ORIENTE: Para todos los que se quejaban de la guerra en Gaza, la realidad es que se va a poner peor. David E. Rosenberg explica en Foreign Policy que Trump quiere terminar de manera rápida y contundente este conflicto, y dará todo su apoyo a Israel para lograrlo. El mayor peligro de esto sería empoderar demasiado a Israel que lo lleve a atacar las instalaciones nucleares de Irán.

Pues ahí lo tienen: un presidente gangsteril, mitómano y con poder absoluto a cargo del país más poderoso en la historia. “A disfrutar lo votado” méndigos gringos.

4/11/24

V DE VENGANZA

A estas alturas del juego, ningún votante puede fingir ignorancia: todos saben perfectamente quién es y qué representa Trump.


Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú



Cuando necesiten una buena dosis de polémica, siempre pueden confiar en Francis Fukuyama. En su más reciente comentario en Foreign Affairs, el analista político propone una hipótesis: a pesar de que la democracia ha retrocedido por casi dos décadas, el 2024 ha sido un buen año para este sistema político a nivel mundial.

Si no se acuerdan, el 2024 fue llamado “el año de la democracia”, ya que en más de 100 países, incluidos ocho de las 10 naciones más pobladas, hubo o habrá elecciones para cambiar a sus gobernantes. En total, más de la mitad de la población global -unas 4,000 millones- tendrían la posibilidad de votar.

Fukuyama reconoce que no todo ha sido color de rosa: en algunos lugares, políticos autoritarios salieron victoriosos. Pero basta ver lo ocurrido en Taiwán, Finlandia, Sudáfrica, India, Mongolia, el Parlamento Europeo y muchos otros lugares para ver que hay esperanza para los defensores del liberalismo democrático.

Fukuyama concluye diciendo que la lección en todo esto “es que la victoria de políticos populistas o autoritarios no es inevitable”. La regresión democrática puede detenerse y resistirse y que incluso en estos “tiempos desalentadores”, los ciudadanos tienen el poder de elegir un mejor futuro. ¡Hasta aquí todo bien y bonito! 

Pero inmediatamente nos encontramos con un problema que descarrila toda nuestro optimismo en la humanidad: la elección en Estados Unidos; que debido a su peso económico y geopolítico importa más que todas las otras elecciones juntas. ¿Y cuál es el pronóstico a pocos días de los comicios? Obviamente el más aterrador: Trump seguramente saldrá victorioso.

Esto en sí mismo ya es una catástrofe suficiente, pero me temo que las consecuencias para el futuro serán aún peores. Porque el hecho de que Trump tenga siquiera una posibilidad de ganar habla de un nihilismo tóxico que se ha apoderado de la sociedad estadounidense, el cual no creo que desaparecerá en el corto plazo.

Por años el electorado ha visto que Trump es un mitómano, megalómano e ignorante: no les ha importado. Por meses se ha comprobado que la economía gringa está pasando por uno de sus mejores momentos en la historia (“la envidia del mundo”, dijo The Economist): vale madres. Se ha dicho que los aranceles de Trump perjudicarán a los más pobres: la gente adora esta estrategia. Se sabe que su retórica es similar a la utilizada por Hitler y Mussolini (llamando “parásitos” a sus enemigos): no es relevante. Él mismo ha dicho que quiere utilizar al Poder Judicial para perseguir a sus opositores y usar al Ejército para reprimir a sus enemigos: nobody fucking cares!

Es obvio que a estas alturas del juego, ningún votante puede fingir ignorancia: todos saben perfectamente quién es y qué representa Trump. Pero quizás es debido a esto –y no a pesar de esto– que millones de electores votarán por él.

Porque como explica Tom Nichols en The Atlantic, para millones de personas esta elección es un simple acto de “venganza social”. Son millones los que celebran que Trump sea aterrador, que diariamente cruce los límites de la decencia, y que amenace con violencia a sus opositores. Son millones los que voluntariamente decidieron creer y consumir diariamente la dieta tóxica de injurias, resentimiento social e inseguridades que promovió Trump y que ahora estalla como una pasión anárquica que busca castigar, humillar y hundir en la miseria a todos aquellos que han sido señalados como culpables de causar estos agravios (la mayoría agravios imaginarios).

Kamala Harris no puede competir contra esto. Ella podrá proponer todas las políticas sensatas que gusten y hablar de virtudes republicanas, pero al final este tipo de discurso no es competitivo por una sencilla razón: a gran parte del electorado ya nada de esto le importa, ya sea por ese profundo resentimiento social o por el simple placer de ver al mundo arder.

Todo esto nos lleva a una conclusión terrible: a lo que EE.UU se enfrenta no es a una elección, sino a una pugna fratricida. O dicho de otra manera, el 5 de noviembre no será un proceso democrático: será una vendetta contra la decencia, la integridad y la razón. Espero estar equivocado.

21/10/24

¿AHORA SÍ EXTRAÑAN AL IMPERIO?

Ahora que conmemoramos los cuatro años de la salida del Imperio Yanqui de Kabul vale la pena revisar cómo va el Paraíso Islámico en Afganistán.


Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú


Ya van varias veces en mi vida que la gente me ha acusado de ser un “maldito gringofílico”. Ya sea porque soy regiomontano; porque mis vacaciones de la infancia las pasaba mayoritariamente en la Isla del Padre; o quizás porque siempre he sostenido que por más que nos quejemos del Imperio Yanqui, éste representa el mejor (o menos peor) de los actores que podrían aspirar a la hegemonía internacional y el mejor (o menos peor) defensor el orden internacional y el liberalismo democrático.

Una de las ocasiones cuando se me confrontó con mayor vehemencia con este adjetivo fue hace aproximadamente tres años, cuando el ejército de Estados Unidos tuvo su salida desordenada y deshonrosa de Afganistán. En ese entonces todos hablaban del fracaso que había representado la invasión y ocupación estadounidense; cómo  se habían perdido miles de vidas y desperdiciado miles de millones de dólares. 

Yo argumenté en ese momento que este enfoque era equivocado. Que el fracaso de la ocupación era una tragedia y que el regreso del Talibán sería una calamidad para la población entera, especialmente para las mujeres. Un año después, en el 2022 (ver “¡Afganistán ya Valiomadristán” en Vértigo #1109) describí de manera muy poética la realidad que enfrentaban los afganos a un año de tener a sus nuevos patrones talibanes: la situación estaba “¡de la chingada!”.

Ahora que conmemoramos los cuatro años de la salida del Imperio Yanqui de Kabul (el pasado 30 de agosto) vale la pena revisar cómo va el Paraíso Islámico libre de imperialismo al que muchos dieron la bienvenida. ¿Y qué dice el verdecito? Que si las cosas estaban de la chingada, ¡ahora están de la recontrachingada!

Porque desde el primer día era evidente que estos pelados no habían cambiado sus viejas mañas. Inmediatamente después de tomar el poder, este grupo de fanáticos religiosos misóginos y oscurantistas volvieron a imponer restricciones contra las mujeres afganas: prohibirles estudiar más allá del sexto grado; prohibirles trabajar; imponer la burka que cubre por completo su cuerpo; y prohibirles salir a la calle sin acompañantes hombres.

Pero cuando se trata con extremistas y retrógrados las cosas sólo pueden empeorar. Y el pasado 23 de agosto, el gobierno talibán recrudeció sus esfuerzos por hacer más miserable la vida de las mujeres. 

Con la publicación formal (ahora con consecuencias penales) de un paquete de leyes “sobre el vicio y la virtud”, estos terroristas del género ahora obligan a las mujeres a cubrirse el rostro en todo momento para evitar “causar tentación”; se les prohíbe mirar a hombres que no sean sus familiares; se les prohíbe usar ropa ajustada, maquillaje o perfumes; y de manera más orwelliana, el Talibán también proscribió el sonido de voces femeninas en público, por lo que ahora nadie con un cromosoma XX podrá cantar, recitar o hablar en voz alta incluso desde el interior de su casa.

Pero en un giro inesperado (y bastante irónico), los Talibanes también han comenzado a restringir la comodidad de los hombres que –hasta ahora– habían disfrutado una relativa comodidad en sus vidas diarias. Porque dentro de las leyes publicadas en agosto, a los hombres también se les prohíbe andar rasurados (la barba debe medir mínimo un puño de largo); utilizar ropa occidental (adiós mezclilla o tennis); portar un corte de cabello “no islámico” (o sea, pelo corto); y mirar a cualquier mujer que no sea su esposa o familiar. Si cometen adulterio, también podrían ser condenadas a muerte como las mujeres (¡equidad de género!). Todo esto vigilado por la muy honrada y distinguida “policía de la moralidad”. Oh sí… ¡el karma es una perra, compadres!

Así que felicidades a todos los que celebraron la derrota del imperialismo yanqui en Afganistán, que por lo menos había impulsado la profesionalización, la educación y la igualdad de las mujeres. Ahora les corresponde a ustedes defender a un gobierno intolerante, dogmático, sectario e inflexible que seguramente seguirá por años imponiendo un literal “apartheid de género”.

¿O qué?… ¿No me digan que ya empezaron a extrañar al Imperio?

7/10/24

TERROR CELULAR

Hoy nos encontramos inmersos en un nuevo “pánico moral”, similar a lo que ha ocurrido con los videojuegos, el porno o las películas violentas.


Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú



Hoy nos encontramos inmersos en un nuevo “pánico moral”, similar a lo que ha ocurrido con los videojuegos, el porno o las películas violentas. ¿El gran villano moderno? Las redes sociales y sus perversos algoritmos que están destruyendo las frágiles mentes de la juventud; arrastrándola a una vida de inestabilidad y miseria.

El psicólogo social Jonathan Haidt es uno de los principales promotores de esta hipótesis. En su libro “The Anxious Generation”, argumenta que el auge de los smartphones y el uso excesivo de redes sociales está literalmente “recableando” el cerebro de los chamacos y esto se ha traducido en altos niveles de depresión, ansiedad y suicidios.

A simple vista, su argumento suena plausible. Estoy seguro que todos ustedes han sido susceptibles a los riesgos de las redes sociales; donde uno puede perderse por horas viendo videos estúpidos que nos hacen perder el tiempo (en el mejor de los casos) o que nos generan toda clase de inseguridades al comparar nuestros cuerpos o estilos de vida con los de personas que ni siquiera conocemos. Y si esto nos pasa a nosotros que somos adultos inteligentes… ¿Qué no causará a los morros estúpidos?

Pero el tema se complica cuando uno se adentra en los datos duros. Como explica David Wallace-Wells en The New York Times, un aspecto que muchos ignoran es que justo cuando Facebook, Instagram y otros estaban cambiando sus algoritmos para hacerlos más adictivos, el gobierno de EE.UU. también estaba reformando la manera en la que atendía y medía las enfermedades psicológicas. 

Por ejemplo, en 2011 -justo con el auge masivo de las redes sociales- el Departamento de Salud de EE.UU. recomendó por primera vez que los adolescentes se hicieran pruebas anuales de depresión y exigió que los seguros las cubrieran; esto hizo que los casos de depresión aumentaran. En 2015, los hospitales comenzaron a clasificar de manera distinta las heridas autoinfligidas de las accidentales, lo que terminó por duplicar los registros de autolesiones en todos los grupos demográficos. Un aumento similar también ocurrió cuando se actualizó la clasificación de “ideación suicida”.

Ahora bien, las tasas de suicidio entre los jóvenes estadounidenses sí han estado aumentado en la última década, pero esta es una tendencia que se ha visto en casi todas las demografías. Y como indica Wallace-Wells, cuando uno revisa las estadísticas de otros países desarrollados, las tasas de suicidio adolescente han permanecido estables o incluso han disminuido. ¡Y eso que todos usan las mismas redes sociales!

¡Bueno!, dirán ustedes, ¡pero no todo es autolesión o suicidio! De acuerdo… y como argumenta Haidt, las tasas de depresión y ansiedad sí han aumentado entre los adolescentes alrededor del mundo.

Pero aquí nos enfrentamos a otro problema, porque resulta muy difícil separar los aumentos en las tasas de enfermedades psicológicas con la creciente conciencia y desestigmatización que existe hacia la salud mental en el mundo desarrollado. O dicho de otra manera, entre más atención le pongamos a una enfermedad, más casos vamos a encontrar de esa enfermedad.

Al final nos encontramos en un pantano de datos y estadísticas, donde la imagen que surge depende de cómo se mida un fenómeno. Todo esto nos impide tener una conclusión clara o llegar a un veredicto final. 

Pero entonces… ¿Esto significa que los morros están a salvo? ¡Definitivamente no! Estoy seguro que los chamacos de hoy enfrentan toda clase de presiones, inseguridades y miedos que nosotros (los adultos) ni siquiera comprendemos; y yo jamás pagaría por regresar a ser un adolescente en este momento del siglo XXI. 

¿Pero qué debemos hacer? Creo que la respuesta es muy sencilla: ¡Hay que dejar de joder y atosigar a los adolescentes! Porque les aseguro que estar medicándolos con pastillas y sobreprotegiéndolos sólo va a empeorar sus vidas y su situación psicológica. 

Y bueno… si van a prohibir los celulares en las escuelas (como ya ocurre en varios estados de EE.UU.), a mí me parece muy bien: queda claro que los niños están demasiado distraídos y no están aprendiendo una chingada.

23/9/24

EL ENIGMA Y EL PIRÓMANO

Harris seguirá siendo un enigma, pero Trump nos está asegurando que sería una calamidad para nuestro país.


Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú



¡Cómo cambian las cosas en un par de meses! Apenas en junio la elección de Estados Unidos parecía un asunto concluído: Joe Biden estaba muerto sin saberlo y votar sería un simple trámite para que Donald Trump regresara triunfante –con todos sus delirios e inseguridades– a la Casa Blanca el próximo año.

Pero el debate presidencial del 10 de septiembre –sumado a los cambios en las encuestas– muestra un tablero completamente distinto. Hoy la posibilidad de una presidencia de Kamala Harris es cada vez más real. Obviamente no podemos subestimar a Trump y su genética de hierba mala; y si las cosas mutaron de manera tan radical en dos meses, cualquier cosa podría pasar de aquí a la elección.

Ante un ambiente tan incierto, uno se ve obligado a recurrir a la especulación. Y hoy no existe un tema más sabroso para rumiar que el tipo de relación que existirá entre la presidenta Claudia Sheinbaum y el próximo mandatario de EE.UU. ¿Veremos cuatro años de misoginia y sexismo si gana Trump? ¿Presionará Harris a México para evitar que el Congreso haga y deshaga a su antojo las leyes de nuestro país? ¿Implosionará la relación bilateral en el próximo sexenio?

Si ustedes creen que yo tengo estas respuestas, lamento decepcionarlos. Lo que sí puedo ofrecerles es un análisis de tres temáticas fundamentales para México y la posición que cada candidato ha tomado sobre ella.

Tarifas económicas: uno de los principales problemas con Trump es su fijación con imponer tarifas a las importaciones que entran a EE.UU. Esta medida de presión diplomática y económica vio su máximo esplendor con las tarifas contra China; aunque también las impuso contra aliados como Japón y Corea del Sur. Ahora la amenaza viene hacia México: Trump ha dicho que impondrá aranceles a los automóviles que vengan de nuestro país -¡y que se chingue el TMEC si es necesario! De hecho, una planta de Tesla en Monterrey está detenida precisamente por estas amenazas, algo que podría afectar a todas las promesas del nearshoring. Por su parte, la política económica de Kamala parece ser también nacionalista, pero no tan extremista. Porque como bien la acusó Trump durante el debate: ni ella ni Biden han hecho algo por eliminar los aranceles que impuso contra China.

Migración: otra obsesión de Trump es el tema migratorio y ya hemos podido apreciar algunas de sus políticas más radicales, como la separación de las familias de migrantes en la frontera. De existir una segunda administración, Trump sería aún más cruel y sanguinario: ha amenazado con cerrar la frontera definitivamente y con deportar a millones de migrantes que actualmente viven en EE.UU. Harris no es tan despiadada, aunque seguramente veremos un reforzamiento de la frontera (como restringir la posibilidad de asilo o el número de migrantes que ingresan), pero sin llegar a ser tan inhumana como Trump.

Democracia y Estado de Derecho: con su filosofía de “America First”, Trump ha demostrado tener muy poco interés en promover los ideales liberales a nivel internacional, y creo que existe poca evidencia de que esto vaya a cambiar si se reelige. Por su parte, Kamala se ha pronunciado con vehemencia en contra de autócratas como Vladimir Putin, Xi Jinping y Víctor Orban, lo que nos permite inferir que su gobierno tendrá interés en combatir cualquier autoritarismo que vulnere el Estado de Derecho, particularmente en su “zona de influencia” inmediata (i.e. América Latina).

¿Veredicto? Cuando se trata en concreto de la política exterior hacia México, Kamala ha sido muy ambigua, mientras que Donald ha sido bastante explícito en sus planes. Esto solo nos permite una conclusión: Harris seguirá siendo un enigma, pero Trump nos está asegurando que sería una calamidad para nuestro país, ya sea en términos económicos, institucionales o humanitarios. 

La supuesta sabiduría popular nos dirá que “más vale malo conocido que bueno por conocer”, pero esto es una estupidez. En muchos casos, lo “malo conocido” se puede transformar rápidamente en algo mucho peor.

9/9/24

LOS ESTADOS UNIDOS SOVIÉTICOS

¿Está condenado el homo americanus a seguir el mismo destino del homo sovieticus?


Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú



Cada ciclo electoral en Estados Unidos trae consigo una pregunta inevitable: ¿Cuál es el papel que debe jugar este país en el mundo? Y nunca falta su complemento: ¿Se encontrará en decadencia el Imperio Yanqui? Las respuestas suelen variar dependiendo de quién responda, pero pocas me han parecido tan provocadoras como la del historiador Niall Ferguson en The Free Press: la decadencia de EE.UU. es hoy de tal magnitud que se asemeja a la última etapa de la Unión Soviética.

Como él mismo indica, la premisa parece absurda a primera vista. Pero nos invita a  analizar con más  profundidad para ver qué quizá no sea tan descabellada:

Primero los aspectos económicos: EE.UU. podrá no tener la economía disfuncional y centralizada de la URSS, pero sí presenta una periódica insolvencia fiscal que intenta remediar con incrementos de deuda, algo que también afectó a la URSS por décadas. De igual manera, el gobierno en Washington comienza  gradualmente a involucrarse en la planeación económica: la “política industrial” de Joe Biden es ejemplo perfecto, donde se beneficia con inversión a ciertos sectores de la economía sobre otros.

Ahora el aspecto militar. En su tiempo el Ejército Rojo era considerado el más numeroso y letal en el mundo… al menos en papel. Y en efecto, ni siquiera pudo derrotar una insurgencia en Afganistán, permaneciendo empantanados durante una década en una lucha estéril y destructiva (¿Suena familiar?). Sumado a esto, el Imperio Yanqui podrá tener hoy -por mucho- el mayor presupuesto militar del mundo, pero sus intereses abarcan demasiados escenarios en los más diversos y distantes lugares del mundo, llevando a que su poderío se diluya. Si uno analiza el tablero geopolítico, por más que presuman los gringos su fuerza militar, no han evitado las escaladas en agresividad por parte de China, Rusia, Irán o Corea del Norte.

Otra característica de la decadencia soviética era su gerontocracia. Ferguson nos recuerda que Leonid Brezhnev tenía 75 años cuando murió; Yuri Andropov era un jovenazo de 68 años cuando estiró la pata; y Konstantin Chernenko subió al poder a los 72 años, pero hecho una piltrafa con toda clase de achaques. En comparación, el actual presidente Biden tiene 81 años, Donald Trump 78, y Robert Kennedy Jr. siete décadas cumplidas. La edad promedio en el Senado es de 64 años y 58 para la Cámara de Representantes: no particularmente unos retoños.

Pero quizá el factor que más preocupa a Ferguson es la crisis social. La debacle moral y espiritual que vivió la URSS en sus momentos finales fue devastadora: la confianza hacia el gobierno y sus instituciones se colapsaron y la sociedad se hundió en la apatía, la hipocresía y el cinismo; llevando a una espiral de suicidios, alcoholismo y depresión. Hoy Estados Unidos vive una situación similar, donde las “muertes por desesperanza” (deaths of despair) -marcadas igulamente por las sobredosis, el alcoholismo, el suicidio y la obesidad- cobran cientos de miles de vidas anualmente. A esto debemos sumar que la presidencia, los bancos, la Suprema Corte, los medios de comunicación y el sistema judicial tienen hoy menos del 27% de confianza. El Congreso apenas llega a un 8 por ciento.

Ahora bien, ¿realmente está condenado el homo americanus a seguir el mismo destino del homo sovieticus? Con su descripción desoladora, Ferguson parece indicar que sí. Yo no estoy de acuerdo. Concuerdo en que es imposible ignorar las numerosas y muy profundas broncas que enfrentan hoy los norteamericanos; pero a diferencia de la cerrazón y la represión soviética, la cultura, organización política y las libertades que goza EE.UU. vuelven a su sociedad mucho más dinámica y con la capacidad de reinventarse, evolucionar y crecer. 

Claro que todo esto dependerá de quién gane las elecciones el próximo noviembre. Pero al menos en los discursos y actitudes de los candidatos, yo puedo prácticamente asegurar que Donald Trump profundizaría aún más la crisis, decadencia y división que viven actualmente los Estados Unidos Soviéticos. ¡Venga Kamala!

26/8/24

HIJOS DE SU RUSA MADRE

Revertir las tendencias demográficas es casi imposible por múltiples razones, la principal siendo que las mujeres hoy buscan mucho más que ser simples madres de familia


Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú



Si tienen buena memoria, sabrán que en mi columna anterior analizamos una de las macrotendencias más importantes de la actualidad: la reducción de las tasas de natalidad a nivel global. Si no se acuerdan, va lo importante:

Según los demógrafos de la ONU, la población global llegará a su punto máximo en el año 2084 y después comenzará a disminuir. Dos tercios de los humanos viven hoy en un país con una tasa de natalidad inferior a la de reemplazo (2.1 hijos por mujer), incluído México (1.8 hijos). Esta caída poblacional es particularmente severa en Europa, EE.UU., y algunos países de Asia (China, Japón y Corea del Sur) lo que ha generado un movimiento “pronatalista” que busca revertir esta tendencia. Hasta aquí el reporte.

Ahora bien, en pocos lugares del mundo la situación demográfica ha recibido tanta atención como en la Rusia de Vladimir Putin. Veamos el tamaño del problema:

En 2023, nacieron en Rusia poco más de 1 millón de niños, un 9.5 % menos que en 2021 y la cifra más baja desde 1999. De acuerdo con la ONU, de los 146 millones de rusos que existen hoy se espera que para el 2100 queden entre 74 y 112 millones. O sea, Rusia podría perder entre el 25% y el 50% de su población para finales de siglo.

Pero Vladimir Putin no piensa tirar la toalla y un reciente reportaje de The Washington Post (de Robyn Dixon, Francesca Ebel y Natalia Abbakumova) ilumina el radicalismo al que ha llegado su gobierno para intentar repoblar su decadente imperio.

En primer lugar, Putin considera la tasa demográfica como un asunto de seguridad nacional. Para esto ha volcado a todo su gabinete -e incluso a la Iglesia Ortodoxa- para promover la creación de familias más numerosas. Como indica el Post, el Kremlin ha utilizado por años su enorme aparato de propaganda para empujar una campaña masiva que refuerce los “valores tradicionales” en “un esfuerzo por forjar una sociedad puritana y militarizada, construida sobre el nacionalismo y el cristianismo ortodoxo”.

De esta forma, cualquier mujer que cumpla con la línea del gobierno es celebrada en público. De hecho, Putin ha restaurado la “Orden de la Gloria Parental” y el premio a la “Madre Heroína” para premiar a las mujeres que tengan diez o más hijos.

Como era de esperarse, esta vorágine ha generado enormes retrocesos en los derechos de las mujeres. Se han despenalizado ciertas formas de violencia doméstica, se ha reprimido el acceso al aborto -que la URSS legalizó en 1922- y funcionarios del gobierno constantemente atacan la “práctica viciosa” de mujeres que prefieren una educación o carrera profesional a su “labor” de procrear.

Al mismo tiempo, existe una campaña de desprestigio hacia cualquier ideología contraria al régimen. Aquellos que promuevan el feminismo, asuntos LGBT o cuestionan la política demográfica de Putin son vistos como “decadentes” y considerados extremistas o terroristas por el Kremlin por auspiciar “ideologías destructivas”.

Ahora viene la pregunta del millón de rublos: ¿Funcionará esta estrategia? Todo indica que no. Porque como escribí en mi columna pasada, revertir las tendencias demográficas es casi imposible por múltiples razones, la principal siendo que las mujeres hoy buscan mucho más que ser simples madres de familia.

Si un gobierno quiere lograr esta tarea hercúlea, las familias deben tener la certeza de que tener hijos no representará una carga importante en sus vidas: facilidades fiscales, guarderías gratuitas, acceso a educación de calidad, hospitales a precios accesibles, y un ambiente político, económico, cultural y social estable. 

Hoy Rusia entrega dinero y premios a las familias que tienen muchos hijos. Pero la guerra en Ucrania, un bajo crecimiento económico, altos niveles de alcoholismo y violencia doméstica, un incremento en el autoritarismo, y una prospectiva deprimente hacia el futuro hacen poco probable que un slogan patriótico o una medalla sea motivo suficiente para ponerse a parchar por la patria. 

Yo no sé ustedes, pero si yo fuera Putin lo único que estaría pensando sería: “¡Valiendoski madroski!”

12/8/24

PARCHAR POR LA PATRIA

¿Que pueden hacer entonces los etno-nacionalistas para remediar el problema de la reproducción? La respuesta sencilla es “nada”. 


Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú


Existe una extraña idea que parece unir a los partidos etno-nacionalistas en Europa y Estados Unidos: que la civilización “caucásica” está en decadencia y siendo sustituída por una cultura de inmigrantes “no Occidentales”. Esta “Gran Sustitución” está en el centro de toda retórica y de las políticas anti-inmigrantes en ambos continentes.

Junto a esta falsa concepción del mundo aparece otro planteamiento igual de extravagante: lograr que las familias “blancas” se reproduzcan más para “repoblar” a sus países y contrarrestar la influencia de los migrantes. De hecho, esto es un argumento central de Vladimir Putin, Marine Le Pen y otros.

Pero como bien dice el clásico: la realidad es bien pinche terca y al final termina por imponerse. Porque basta con revisar las cifras más recientes de la ONU sobre las tendencias demográficas para darse cuenta que la caída poblacional en los países Occidentales es algo que continuará de manera inevitable.

Una revelación del reporte “World Population Prospects” es que todos aquellos que se preocupan por la sobrepoblación pueden dormir tranquilos. Los demógrafos de la ONU esperan que el pico poblacional a nivel mundial llegue en el año 2084, cuando seamos 10,300 millones de personas habitando el planeta. Claro, esto son 2,000 millones más de seres humanos, pero no representa el apocalipsis que muchos temían. 

También dice la ONU que las mujeres en todas las latitudes del mundo están teniendo un hijo menos en promedio a los que tenían en 1990; y que en más de la mitad de los países (¡más de la mitad! ¡Incluyendo a México!) la tasa de fertilidad es menor a 2.1 hijos por mujer. O sea, una tasa inferior a lo necesario para que la sociedad pueda reemplazarse por la simple reproducción humana.

Más importante es que en 63 países la población ya ha llegado a su pico máximo, incluyendo a Rusia, Alemania y China, país que el año pasado perdió a millones de habitantes y fue superado por India como la nación más poblada.

¿Que pueden hacer entonces los etno-nacionalistas para remediar el problema de la reproducción? La respuesta sencilla es “nada”. Porque existe un concepto conocido como "impulso poblacional" (population momentum), que básicamente nos permite predecir la población de un país en el futuro; ya que la población futura depende de cuántos adultos en edad reproductiva tenga un país hoy mismo, un factor que en gran medida es inamovible.

Esta es la realidad demográfica hoy en día y hay poco que Putin, Le Pen, Giorgia Meloni o J.D. Vance puedan hacer para remediarlo. Los cambios y las tendencias poblacionales ya están prácticamente determinadas y -hasta ahora- ninguna política que promueva la reproducción ha funcionado: las familias no tienen hijos por patriotismo o por facilidades fiscales. 

Es aquí donde aparece un segundo gran problema para los etno-nacionalistas. Porque la única manera que los países de Occidente pueden mantener a sus poblaciones estables es a través de la migración. Estados Unidos es un claro ejemplo: su tasa de natalidad ha estado por debajo de la tasa de reemplazo (los 2.1 hijos) desde hace varios años, pero la tendencia poblacional para el resto del siglo se mantiene a la alza. ¿Por qué? ¡Pues gracias a la migración!

De acuerdo con estimaciones, con la tendencia migratoria actual EE.UU. tendrá en el año 2100 cerca de 421 millones de personas (hoy tiene 342 millones); pero si la migración se detuviera mañana, la población comenzaría a caer inmediatamente y llegaría 226 millones a finales de siglo. ¡Un colapso del 33 por ciento!

Así que hay buenas noticias: no debemos preocuparnos por un futuro con una sobrepoblación descontrolada; no debemos creer que la ideología racistas y anti-inmigrante son la respuesta, pues representan una catástrofe demográfica; y finalmente, no debemos temer si decidimos tener una familia pequeña o una vida sin hijos, porque si queremos una población estable basta con aceptar más migración. ¿O a poco ustedes van a reproducirse más por la gloria de la Patria mexicana?

29/7/24

¡NUNCA FALTA UN ESTÚPIDO!

Sólo la detección, la previsión y la toma de acciones preventivas puede salvarnos de ser la próxima víctima de un estúpido errante.


Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú



Si ustedes han leído mis columnas en esta prestigiosa revista sabrán que no soy ningún amigo del dictador en potencia llamado Donald Trump. Sin embargo, tampoco le deseo la muerte al pelado, como estuvo a punto de suceder en el ahora mítico rally de Pensilvania. 

Este potencial magnicidio me obliga a rescatar las reflexiones que realizó el historiador italiano Carlo M. Cipolla en su magnífico texto titulado: “Las Leyes Fundamentales de la Estupidez Humana”. Porque no se confundan: un intento de asesinato (¡Y fallido, para acabarla de fregar!) sólo puede ser obra de un rotundo y reverendo estúpido.

Repasemos rápidamente las “Cinco Leyes” de la estupidez que propone Cipolla para ver cómo aplican para nuestra vida en general y para el atentado contra Donald Trump; con la aclaración de que tendré que sintetizar enormemente sus ideas para que puedan caber en este breve espacio. ¡Adelante!

Primera Ley Fundamental: “Siempre e inevitablemente cada uno de nosotros subestima el número de individuos estúpidos que circulan por el mundo”. Esta ley no requiere de gran explicación: piensa en el número de estúpidos que crees que existen en tu familia, en tu empresa, en tu ciudad, en tu país y en el mundo entero… y ten por seguro que estarás equivocado, pues “cualquier estimación numérica resultaría ser una subestimación”, apunta Cipolla. 

Segunda Ley Fundamental: “La probabilidad de que una persona determinada sea estúpida es independiente de cualquier otra característica de la misma persona”. Dicho de otra manera, no importa la religión, raza, sexo, edad, lugar de nacimiento o incluso nivel de educación: la Madre Naturaleza ha repartido de manera equitativa la estupidez. O como indica Cipolla, “la estupidez humana es una prerrogativa indiscriminada de todos y de cualquier grupo humano, y tal prerrogativa está uniformemente distribuida”.

Tercera Ley Fundamental (Ley de Oro): “Una persona estúpida es una persona que causa un daño a otra persona o grupo de personas sin obtener, al mismo tiempo, un provecho para sí misma, o incluso obteniendo un perjuicio”. Aquí encontramos una conexión clave con el estúpido tirador que intentó asesinar a Trump. Porque como subraya Cipolla en su texto, la principal característica de los estúpidos es que son criaturas que “en los momentos más impensables e inconvenientes, se le ocurre causarnos daños, frustraciones y dificultades, sin que en ella vaya a ganar absolutamente nada con su acciones”. En este caso, el estúpido asesino en potencia no sólo causó una enorme turbulencia política para Estados Unidos; también causó un torbellino innecesario de temor y caos en el mundo entero… y para acbarla de fregar, el estúpido terminó perdiendo su propia vida.

Cuarta Ley Fundamental: “Las personas no estúpidas subestiman siempre el potencial nocivo de las personas estúpidas”. Sobre esta ley fundamental, Cipolla explica que al momento de encontrarse frente a un estúpido, las personas racionales tienden a subestimarlo o incluso a despreciarlo, cuando la reacción inteligente es preparar las defensas para contrarrestar el efecto de sus acciones. Esta preparación es importantísima, porque debido a que comportamiento del estúpido es siempre errático “no se pueden prever todas sus acciones y reacciones, y muy pronto, uno se verá arruinado o destruido por sus imprevisibles acciones”. Esto nuevamente aplica mejor para el tirador fracasado: Sabiendo que era un estúpido… ¿Por qué nadie tomó las acciones necesarias para detenerlo a tiempo?

La quinta y última ley fundamental: “La persona estúpida es el tipo de persona más peligrosa que existe”. ¡Nada más cierto! Y a esta máxima podemos aplicarle una coda: “Una persona estúpida es más peligrosa que una persona malvada.” 

Ahora que tienen esta información, sólo me queda decirles que es responsabilidad de todos nosotros (los inteligentes y racionales) mantenernos en constante alerta. Porque sólo la detección, la previsión y la toma de acciones preventivas puede salvarnos de ser la próxima víctima de un estúpido errante. 

¡Sobre aviso no hay engaño, raza!

15/7/24

LA VICTORIA ABORTADA

¿Hay alguna esperanza para los Demócratas después de lo que presenciamos el 27 de junio? 


Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú


Tras la tremenda paliza que recibió Joe Biden por parte de Donald Trump en el primer debate presidencial, lo único que nos queda por celebrar es que -por lo menos- el circo electoral de siete pistas por fin arrancó de lleno y asegura estar muy entretenido, aunque al final pueda representar la muerte de la democracia en Estados Unidos.

¿Hay alguna esperanza para los Demócratas después de lo que presenciamos el 27 de junio? Aunque parezca improbable, la respuesta es afirmativa. Porque incluso cuando Biden ofreció una actuación lamentable (donde prácticamente todos los temas relevantes -excepto su edad y su capacidad mental- pasaron a un segundo plano), existe todavía un asunto que podría ser el arma termonuclear de los Demócratas, siempre que jueguen bien sus cartas y sepan aprovecharlo. Me refiero a los derechos del aborto para las mujeres.

Porque tres días previos al debate se conmemoraron los dos años desde que la Suprema Corte decidió eliminar el derecho a interrumpir el embarazo que las mujeres habían ganado con el mítico caso de Roe v. Wade, allá en 1973. 

Para los políticos y los ciudadanos conservadores autodenominados “provida”, la sentencia en el caso Dobbs v. Jackson Women’s Health del 2022 representó la última victoria en una batalla que se había gestado (ejem) por casi 50 años. Pero esta victoria ha resultado pírrica (por decir lo menos), ya que significa una verdadera calamidad para millones de mujeres estadounidenses.

Como bien indica el periodista Charles Sykes en The Atlantic, una cosa es rabiar y criticar la práctica del aborto cuando sabes que está protegida por la ley -una situación similar a la de jugar con pistolas de plástico-, pero otra muy distinta es recibir de pronto armas y municiones reales con la capacidad de infligir un daño real en la vida de las personas. Esto fue precisamente lo que ha ocurrido desde Dobbs v. Jackson Women’s Health. 

Porque en este mundo post-Roe, los Republicanos de pronto se encontraron con el poder absoluto para trastocar los cuerpos y las vidas de millones de mujeres en sus estados. Ahora su retorcida imaginación y su crueldad serían el límite para imponer las reglas del juego: ¿Deben prohibir los abortos a las 15 semanas? ¿Por qué no a las 6 semanas? Aún mejor: ¿Por qué no prohibirlos totalmente? ¿Existirán excepciones por violación o incesto?

Esta situación ha generado un ambiente de confusión y caos que ha sido aprovechada por los elementos más extremistas del movimiento “provida” para impulsar medidas aún más draconianas y crueles en sus legislaturas estatales. Ahora las preguntas que se realizan ya no son sobre los niveles de prohibición, sino sobre las acciones punitivas a tomar: ¿Habría que encarcelar a los médicos que terminen un embarazo? ¿O qué tal meter a la cárcel a la madre de la criatura abortada? ¿Qué hacer con los abortos espontáneos? ¿Encarcelamos a las mujeres que sufran uno? ¿O qué tal a los médicos que las atendieron en los hospitales? ¿Y por qué no prohibir las píldoras abortivas? ¿O la fecundación in vitro? 

El terror para las mujeres es real ya que se están enfrentando de facto a una “criminalización del embarazo”, donde cualquier complicación médica podría ser causante de una acción punitiva para ellas y sus médicos.

Todo esto puede ser capitalizado por los Demócratas previo a la elección en noviembre. De acuerdo con una encuesta realizada por la ONG All In Together y Echelon Insights, 34% de las mujeres dijeron que ellas o alguien que conocen había decidido no quedar embarazada por miedo a alguna complicación médica durante el embarazo.

Esto les abre una ventana a los Demócratas para movilizar a millones de personas en contra de un Estado que se ha transformado en el Gran Inquisidor, con la capacidad de intervenir y castigar a quienes no comparten su visión religiosa en temas de salud reproductiva.

Claro… digo que podrían capitalizarlo siempre y cuando su candidato tenga la capacidad de hilar de manera coherente dos enunciados. Y eso aún está por verse…

1/7/24

TRES PREDICCIONES PARA LA PRÓXIMA DÉCADA

Veamos tres casos optimistas qué los colegas de Vox piensan que ocurrirán en los próximos 10 años.


Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú




“Es difícil hacer predicciones, especialmente del futuro”.
- Niels Bohr (quizá apócrifa)

A nadie sorprende que los resultados del 2 de junio hayan dejado los ánimos crispados en varios sectores de la sociedad. Si uno ve las noticias, las predicciones abundan sobre lo que podría ocurrir en los próximos años: algunas son optimistas, otras cautelosas y muchas catastrofistas. 

Pero este ejercicio me parece angustiante y estéril. Si la nueva presidenta no gobernará hasta dentro de tres meses, realmente no tenemos ningún tipo de data para realizar predicciones sobre su gobierno.

Mejor vemos algunos pronósticos que sí están basados en información dura. Esto fue lo que hicieron los colegas de Vox (el medio de comunicación, no el partido ultra de España), que tras cumplir su primera década de existencia decidieron hacer un poco de periodismo adelantador y prever lo que podrá ocurrir en la siguiente década. Para no quedarse en simples especulaciones, agregaron un porcentaje de probabilidad a cada una de sus predicciones. Sin más rodeos, veamos tres casos optimistas qué los colegas de Vox piensan que ocurrirán en los próximos 10 años.

1. Menos del 7% de la población global vivirá por debajo de la línea de pobreza que establece el Banco Mundial. [70% de probabilidad]: La lucha a nivel global contra la pobreza extrema es uno de los mayores éxitos en las últimas décadas. Entre 1990 y 2019 la pobreza extrema en el mundo pasó de un escandaloso 38% a sólo 8.9%. Gran parte de esta caída se debe al progreso logrado por China y la India, que abandonaron sus modelos económicos inservibles para unirse de lleno al comercio mundial y la globalización. Hoy, las proyecciones del BM indican que para el año 2030 sólo el 6.8% de la población vivirá en pobreza extrema. Claro… todo esto si no ocurren nuevas pandemias o una guerra mundial. 

2. La esperanza de vida a nivel mundial superará los 75 años [60% de probabilidad]: El incremento en la esperanza de vida también ha sido un absoluto éxito. Cuando la ONU comenzó a medir esta cifra en 1950, la esperanza de vida a nivel global era de 46.5 años. Pero en su más reciente reporte (“Perspectivas de la Población Mundial”), se prevé que esta cifra alcance los 75.2 años (en promedio, ya que hay diferencias regionales) en los próximos 10 años. Gran parte de esta mejora se debe a que la humanidad seguirá viendo avances médicos en el corto plazo que nos podrían ayudar a eliminar la malaria, la tuberculosis o incluso el SIDA, generando prosperidad en todas las latitudes del mundo.

3. Las emisiones de carbono por la producción de energía alcanzarán su punto máximo [85 por ciento]: Desde que se tiene registro (excepto en 2020, por la pandemia), las emisiones de gases de efecto invernadero sólo han incrementado año tras año. Pero de acuerdo con la Agencia Internacional de Energía, las emisiones causadas por la generación de energía alcanzarán su pico en los próximos años. Todo dependerá de la velocidad en la que dejemos de consumir petróleo y carbón (que representan 50% del total de emisiones); y de la rapidez con la que adoptemos energías solares, eólicas y nucleares. Nada de esto garantiza una victoria final contra el cambio climático, pero cualquier reducción en las emisiones nos permitirá evitar los escenarios más catastróficos y peligrosos del calentamiento global.

Y para todos aquellos que se están rasgando las vestiduras por el contexto que vivimos en México, yo quisiera hacer una predicción propia: “México no se va a destruir por culpa de ningún presidente ni de ningún gobierno” ¿Y saben cuánto le doy a esta aseveración?: 100% de probabilidad. 

Porque durante los más de 200 años de historia independiente, hemos transitado numerosas veces por momentos difíciles, oscuros y turbulentos, pero siempre hemos encontrado la manera de salir adelante. Como dice el clásico: aquí estamos y aquí seguiremos. 

PD: Ah claro, si quieren saber la probabilidad que Vox da a que una bomba nuclear sea detonada en la próxima década… es del 20 por ciento. ¡Ánimo, raza!

17/6/24

¡AVE IMPERATRIX!

No queda ninguna duda: Claudia Sheinbaum será la presidenta más poderosa de los últimos 40 años. Pero su “estilo personal de gobernar” es todavía un enigma.


Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú



Pues qué les digo… ¡Fue Claudia! ¡Y por un chingo! 

Esto ya lo sabían y también todo lo que se ha dicho en torno al 2 de junio: sobre los espejismos de una ganadora distinta que al final se disiparon; sobre la Marea Rosa que se convirtió en un riachuelo; y sobre cómo parte de la comentocracia mostró una absoluta ignorancia de las verdaderas necesidades, anhelos y prioridades del electorado.

Hay profundas cavernas sociológicas que podemos (¡y debemos!) explorar durante los próximos seis años. Pero una cosa es segura: la doctora Sheinbaum logró un resultado avasallador y será la próxima presidenta (con todas las de la ley) en menos de tres meses. Habiendo reconocido esto, sólo queda realizar un poco de periodismo adelantador e intentar prever lo que ocurrirá en los próximos meses.

Primero, agreguemos un preámbulo que podríamos titular “El invierno del patriarca”. Porque no olviden que el presidente López Obrador sigue en Palacio Nacional y aún tiene un último acto en esta obra. En los poco más de 100 días que le quedan a su sexenio, 30 de ellos los gobernará con un nuevo Congreso controlado por su partido.

¿Qué podemos esperar de esto? La respuesta me parece clara: la aprobación de todas (o casi todas) las reformas que nos adelantó el pasado 5 de febrero. Entre ellas: 1. La reforma electoral (elegir a consejeros del INE por voto popular; bajar a 30% la participación para que las consultas sean vinculantes) 2. La reforma eléctrica (preeminencia de la CFE) 3. Dejar a la Guardia Nacional bajo el mando de la SEDENA. 4. La reforma judicial (reducir el número de magistrados en la Suprema Corte y elegirlos por voto) 5. Eliminar organismos autónomos (INAI, IFT, COFECE, CRE, CNH, etcétera).

Pero dejando atrás este preámbulo, llegamos finalmente al 1º de octubre. Claudia Sheinbaum toma protesta, recibe la banda presidencial y de ahí se va a Palacio Nacional. Llega a su escritorio y encuentra un montonal de carpetas con el rótulo de “URGENTE”: la expansión del crimen organizado; un sistema de salud que sigue trastabillando; obras que requieren subsidios (AIFA, Tren Maya, Dos Bocas, Mexicana de Aviación) y que están bajo el control de las Fuerzas Armadas; la negociación del Presupuesto 2025, con la necesidad de hacer recortes para reducir el déficit; una crisis migratoria; y claro, la elección en Estados Unidos a un mes de distancia.

Pero Claudia llega también con un arsenal de poderes constitucionales y metaconstitucionales. En primer lugar su legitimidad absoluta tras haber logrado la mayor votación en la historia de México; la ya mencionada mayoría en el Congreso; 24 de 32 gubernaturas aliadas; una mayoría en los congresos locales; y el control de la Suprema Corte, ya sea por una reforma o simplemente porque en diciembre el ministro Luis María Aguilar abandona su puesto y será reemplazado.

La nueva presidenta también hereda un marco legal que podrá utilizar a discreción: el nuevo poder de amnistía; la posible ampliación de delitos que ameritan prisión preventiva (incluyendo el ambiguo crimen de “fraude fiscal”); y nuevas limitaciones al derecho al amparo.

No queda ninguna duda: Claudia Sheinbaum será la presidenta más poderosa de los últimos 40 años. Y a pesar de que su “estilo personal de gobernar” es todavía un enigma, esto no significa que debamos caer en pánico o en histrionismos. ¡Nada de eso!

Millones de mexicanos le dieron su voto de confianza para definir el rumbo que tomará el país; y sólo queda confiar en que Claudia decidirá que ese destino sea un puerto más democrático. Bien dice un viejo adagio: “Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”. Yo espero que la nueva presidenta lo tenga en mente el 1 de octubre.

Y para todos aquellos que aún ven con recelo al nuevo gobierno, sólo queda decirles que en este juego de la democracia a veces se gana y a veces se pierde. Todos debemos aceptar los resultados avalados por el árbitro y si acaso… quizás buscar alivio en las palabras de los antiguos gladiadores: ¡Ave Imperatrix, morituri te salutant!

3/6/24

LA BANALIZACIÓN DE LA LOCURA

Los medios de comunicación han fallado una y otra vez a la hora de cubrir la demencia del candidato Republicano.


Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú



Para cuando lean esto la elección en México habrá concluido y tendremos una presidenta electa. Pero debido a los tiempos de entrega que impone el dios Vértigo, no tengo idea de quién ganó ni tiene sentido especular sobre el tema. Así que… ¡a otra cosa, mariposa!

Volteemos mejor hacia el norte, donde en seis meses los gringos tendrán su propia elección presidencial. ¿Qué ha ocurrido allá mientras aquí padecíamos de una lobotomía generalizada? Pues todo parece indicar que Donald Trump hará pomada a Joe Biden en noviembre.

Casi todas las encuestas sobre aceptación o intención de voto muestran a Trump superando al actual presidente. ¿Cómo es esto posible? Ahórrense sus comentarios: yo sé que Biden no ha sido el presidente más enérgico, ni el más coherente, y sí, a veces se tropieza. Pero es un despropósito comparar su ineptitud con la del otro imbécil. 

Como indica el politólogo Brian Klaas, Trump es un candidato que incitó a una insurrección violenta, buscó violar la constitución múltiples veces; pidió al Ejército disparar contra manifestantes; cometió diversos fraudes para su enriquecimiento personal; defendió a grupos racistas; ha flotado la idea de ejecutar a sus enemigos políticos y a quienes cometan delitos menores; fue declarado responsable de una violación sexual; hoy está en juicio por violar la ley electoral, y enfrenta también otros 88 cargos federales. 

Vuelvo a preguntar: ¿Cómo es preferible alguien de esta calaña a Biden?

Klaas dice que esto se debe a la “banalización de la locura”, donde los medios de comunicación han fallado una y otra vez a la hora de cubrir la demencia del candidato Republicano. La banalización de la locura “ha deformado a la política norteamericana, donde cada vez menos votantes reconocen que tan trastornado, delirante y peligroso es Donald Trump... porque la prensa rara vez informa sobre su locura rutinaria”, dice Klaas.

Esto se relaciona con la “habituación” que mencioné en una columna reciente (“Habituarse al Horror”; Vértigo #1203), donde expuse cómo podemos acostumbrarnos a todo mientras un evento suceda de manera gradual y escalonada. Así podemos habituarnos a las mentiras, pero también a la crueldad e incluso al horror.

Pues igual podemos habituarnos a la locura. Como indica el periodista  Charles Sykes, Trump ya no es “un acertijo ni un enigma”, pues durante años ha mostrado en público su verdadera esencia: “su adulación por los autócratas del mundo, su amenaza de abandonar a los aliados geopolíticos, su desprecio por el estado de derecho, y su intención de usar al gobierno federal como instrumento de venganza”. 

Pero nada de esto genera interés ni titulares, mientras que un tropiezo de Biden amerita las ocho columnas de un periódico. Esta es la banalización de la locura, donde la sociedad y la prensa se han acostumbrado y han dejado de percibir como peligrosos la demencia y los delirios autoritarios de Trump. Después de ocho años en los reflectores políticos, Trump es responsable de tantos atropellos a la dignidad y a la razón que uno simplemente se vuelve sordo ante un nuevo escándalo.

¿Qué se puede hacer? Klaas propone dos soluciones: primero, la prensa debe reconsiderar lo que considera “noticioso” (newsworthy) y “tiene una obligación de comunicar la magnitud de algo y no sólo la novedad”. ¿Realmente es más importante un desliz verbal de Biden que la sociopatía autoritaria de Trump? Pero más importante, los medios deben cubrir cada una de las locuras y delirios que cometa el candidato Republicano, aunque algunos crean que esto “amplifica” su mensaje.

Porque el peligro autoritario es real y los gringos no parecen dimensionar el desastre que representará una segunda administración de Trump. Así que requerimos más exposición a su retórica cruel, delirante y antidemocrática; apostando a que cada día un mayor número de votantes escuchen lo que realmente dice este orate y se alejen de su discurso de odio. 

Aún faltan seis meses para la elección… ¿Logrará triunfar la decencia y la razón?

20/5/24

PROTESTO, LUEGO EXISTO

La empatía y la indignación son igual a cualquier otro recurso natural: son finitas y se agotan


Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú



A ver… yo seré el primero en defender el derecho de los adolescentes a echar desmadre y gritar consignas que años después les parecerán ridículamente estúpidas y pretenciosas. Créanme… hablo por experiencia. Pero viendo las protestas masivas en los principales campus universitarios de Estados Unidos creo que éstas han resultado ser un absoluto despropósito y -de hecho- completamente contraproducentes. 

De entrada quiero eliminar cualquier temor y decirles que no… que mis argumentos no son moralinos ni encaminados a proponer una coerción a la libertad de expresión de estos muchachos. Aquí vengo con argumentos estrictamente pragmáticos.

En primer lugar, -y aquí le robo una idea al comediante Bill Maher- estas protestas parecen ser un ejercicio colectivo de narcisismo. Porque seamos honestos: ¿Qué factor vuelve a la causa palestina más noble o más importante que otras? ¿Por qué no protestar por la guerra en Ucrania y las masacres que ahí ocurren diariamente? ¿Por qué no protestar por el apartheid de género que existe en Afganistán? ¿O el hecho que en gran parte del mundo islámico te asesinan si eres homosexual? ¿Por qué no protestar por la hambruna en Sudán o en Somalia? 

Porque para estos estudiantes gringos (excepto aquellos que tienen un vínculo directo con el Medio Oriente) la razón de la protesta es lo de menos. Lo que ellos quieren es que sus amigos y el mundo entero (vía redes sociales) los reconozca y celebre como verdaderos “progres” y auténticos guerreros de la justicia social. Y si para ganar un par de likes en Tiktok se requiere pedir el exterminio de Israel y apoyar a un grupo terrorista con tendencias genocidas… ¡Pues viva Hamas y mueran los judíos!

Pero vamos a suponer que la mayoría de los manifestantes están actuando con las mejores intenciones. Que en verdad buscan con su relajo aliviar el sufrimiento del pueblo palestino (que hay que decirlo: lo que está haciendo Israel es inexcusable y criminal). Entonces… ¿Por qué habría bronca con esto?

La razón es muy sencilla. Porque la empatía y la indignación son igual a cualquier otro recurso natural: son finitas y se agotan; y por esta misma razón necesitamos priorizar y jerarquizar donde vamos a invertirlas.

Derivado de esto, mi problema central con las protestas universitarias (que ya se extienden por varios países, incluido México), es que están evitando que otros temas reciban la misma atención y el mismo nivel de furia; temas que directamente afectan en las vidas de estos estudiantes.

En el caso de Estados Unidos, la inconsciencia de estos estudiantes llega a niveles preocupantes. Porque mientras se desgarran las vestiduras por un conflicto a miles de kilómetros, su propia democracia está en peligro mortal, al igual que sus derechos de asamblea y su libertad de expresión.

Mucho se ha comentado sobre cómo este relajo puede costarle votos a Joe Biden en noviembre;  y entre más tiempo continúen las protestas, más apetecible se volveré el mensaje de Donald Trump que presume ser el candidato de “la ley y el orden” ¿Y saben ustedes lo que hará Trump llegando a la Casa Blanca? ¡Claro que lo saben! ¡Apoyar aún más a Israel! ¡Pisotear aún más a los palestinos! ¡Y de pasada enviarles a la Guardia Nacional a todos esos estudiantes revoltosos! 

Algo similar ocurrió en 1968, cuando las protestas contra la guerra de Vietnam (algo que sí afectaba directamente a los estudiantes de la época) dividió profundamente a los Demócratas. El resultado del caos fue la victoria de Richard Nixon, que expandió aún más la Guerra de Vietnam y tiñó a la política estadounidense de conservadurismo, autoritarismo y corrupción.

Hoy, con cada grito en las universidades que pide “Death to America”, con cada exigencia de una nueva “Intifada” y con cada estudiante que canta “From the River to the Sea”, Trump está deseando que la historia se repita.

Se los vuelvo a decir: la empatía y la indignación son finitas y se agotan. Es nuestra responsabilidad usarlas de manera inteligente.