26/8/24

HIJOS DE SU RUSA MADRE

Revertir las tendencias demográficas es casi imposible por múltiples razones, la principal siendo que las mujeres hoy buscan mucho más que ser simples madres de familia


Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú



Si tienen buena memoria, sabrán que en mi columna anterior analizamos una de las macrotendencias más importantes de la actualidad: la reducción de las tasas de natalidad a nivel global. Si no se acuerdan, va lo importante:

Según los demógrafos de la ONU, la población global llegará a su punto máximo en el año 2084 y después comenzará a disminuir. Dos tercios de los humanos viven hoy en un país con una tasa de natalidad inferior a la de reemplazo (2.1 hijos por mujer), incluído México (1.8 hijos). Esta caída poblacional es particularmente severa en Europa, EE.UU., y algunos países de Asia (China, Japón y Corea del Sur) lo que ha generado un movimiento “pronatalista” que busca revertir esta tendencia. Hasta aquí el reporte.

Ahora bien, en pocos lugares del mundo la situación demográfica ha recibido tanta atención como en la Rusia de Vladimir Putin. Veamos el tamaño del problema:

En 2023, nacieron en Rusia poco más de 1 millón de niños, un 9.5 % menos que en 2021 y la cifra más baja desde 1999. De acuerdo con la ONU, de los 146 millones de rusos que existen hoy se espera que para el 2100 queden entre 74 y 112 millones. O sea, Rusia podría perder entre el 25% y el 50% de su población para finales de siglo.

Pero Vladimir Putin no piensa tirar la toalla y un reciente reportaje de The Washington Post (de Robyn Dixon, Francesca Ebel y Natalia Abbakumova) ilumina el radicalismo al que ha llegado su gobierno para intentar repoblar su decadente imperio.

En primer lugar, Putin considera la tasa demográfica como un asunto de seguridad nacional. Para esto ha volcado a todo su gabinete -e incluso a la Iglesia Ortodoxa- para promover la creación de familias más numerosas. Como indica el Post, el Kremlin ha utilizado por años su enorme aparato de propaganda para empujar una campaña masiva que refuerce los “valores tradicionales” en “un esfuerzo por forjar una sociedad puritana y militarizada, construida sobre el nacionalismo y el cristianismo ortodoxo”.

De esta forma, cualquier mujer que cumpla con la línea del gobierno es celebrada en público. De hecho, Putin ha restaurado la “Orden de la Gloria Parental” y el premio a la “Madre Heroína” para premiar a las mujeres que tengan diez o más hijos.

Como era de esperarse, esta vorágine ha generado enormes retrocesos en los derechos de las mujeres. Se han despenalizado ciertas formas de violencia doméstica, se ha reprimido el acceso al aborto -que la URSS legalizó en 1922- y funcionarios del gobierno constantemente atacan la “práctica viciosa” de mujeres que prefieren una educación o carrera profesional a su “labor” de procrear.

Al mismo tiempo, existe una campaña de desprestigio hacia cualquier ideología contraria al régimen. Aquellos que promuevan el feminismo, asuntos LGBT o cuestionan la política demográfica de Putin son vistos como “decadentes” y considerados extremistas o terroristas por el Kremlin por auspiciar “ideologías destructivas”.

Ahora viene la pregunta del millón de rublos: ¿Funcionará esta estrategia? Todo indica que no. Porque como escribí en mi columna pasada, revertir las tendencias demográficas es casi imposible por múltiples razones, la principal siendo que las mujeres hoy buscan mucho más que ser simples madres de familia.

Si un gobierno quiere lograr esta tarea hercúlea, las familias deben tener la certeza de que tener hijos no representará una carga importante en sus vidas: facilidades fiscales, guarderías gratuitas, acceso a educación de calidad, hospitales a precios accesibles, y un ambiente político, económico, cultural y social estable. 

Hoy Rusia entrega dinero y premios a las familias que tienen muchos hijos. Pero la guerra en Ucrania, un bajo crecimiento económico, altos niveles de alcoholismo y violencia doméstica, un incremento en el autoritarismo, y una prospectiva deprimente hacia el futuro hacen poco probable que un slogan patriótico o una medalla sea motivo suficiente para ponerse a parchar por la patria. 

Yo no sé ustedes, pero si yo fuera Putin lo único que estaría pensando sería: “¡Valiendoski madroski!”

12/8/24

PARCHAR POR LA PATRIA

¿Que pueden hacer entonces los etno-nacionalistas para remediar el problema de la reproducción? La respuesta sencilla es “nada”. 


Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú


Existe una extraña idea que parece unir a los partidos etno-nacionalistas en Europa y Estados Unidos: que la civilización “caucásica” está en decadencia y siendo sustituída por una cultura de inmigrantes “no Occidentales”. Esta “Gran Sustitución” está en el centro de toda retórica y de las políticas anti-inmigrantes en ambos continentes.

Junto a esta falsa concepción del mundo aparece otro planteamiento igual de extravagante: lograr que las familias “blancas” se reproduzcan más para “repoblar” a sus países y contrarrestar la influencia de los migrantes. De hecho, esto es un argumento central de Vladimir Putin, Marine Le Pen y otros.

Pero como bien dice el clásico: la realidad es bien pinche terca y al final termina por imponerse. Porque basta con revisar las cifras más recientes de la ONU sobre las tendencias demográficas para darse cuenta que la caída poblacional en los países Occidentales es algo que continuará de manera inevitable.

Una revelación del reporte “World Population Prospects” es que todos aquellos que se preocupan por la sobrepoblación pueden dormir tranquilos. Los demógrafos de la ONU esperan que el pico poblacional a nivel mundial llegue en el año 2084, cuando seamos 10,300 millones de personas habitando el planeta. Claro, esto son 2,000 millones más de seres humanos, pero no representa el apocalipsis que muchos temían. 

También dice la ONU que las mujeres en todas las latitudes del mundo están teniendo un hijo menos en promedio a los que tenían en 1990; y que en más de la mitad de los países (¡más de la mitad! ¡Incluyendo a México!) la tasa de fertilidad es menor a 2.1 hijos por mujer. O sea, una tasa inferior a lo necesario para que la sociedad pueda reemplazarse por la simple reproducción humana.

Más importante es que en 63 países la población ya ha llegado a su pico máximo, incluyendo a Rusia, Alemania y China, país que el año pasado perdió a millones de habitantes y fue superado por India como la nación más poblada.

¿Que pueden hacer entonces los etno-nacionalistas para remediar el problema de la reproducción? La respuesta sencilla es “nada”. Porque existe un concepto conocido como "impulso poblacional" (population momentum), que básicamente nos permite predecir la población de un país en el futuro; ya que la población futura depende de cuántos adultos en edad reproductiva tenga un país hoy mismo, un factor que en gran medida es inamovible.

Esta es la realidad demográfica hoy en día y hay poco que Putin, Le Pen, Giorgia Meloni o J.D. Vance puedan hacer para remediarlo. Los cambios y las tendencias poblacionales ya están prácticamente determinadas y -hasta ahora- ninguna política que promueva la reproducción ha funcionado: las familias no tienen hijos por patriotismo o por facilidades fiscales. 

Es aquí donde aparece un segundo gran problema para los etno-nacionalistas. Porque la única manera que los países de Occidente pueden mantener a sus poblaciones estables es a través de la migración. Estados Unidos es un claro ejemplo: su tasa de natalidad ha estado por debajo de la tasa de reemplazo (los 2.1 hijos) desde hace varios años, pero la tendencia poblacional para el resto del siglo se mantiene a la alza. ¿Por qué? ¡Pues gracias a la migración!

De acuerdo con estimaciones, con la tendencia migratoria actual EE.UU. tendrá en el año 2100 cerca de 421 millones de personas (hoy tiene 342 millones); pero si la migración se detuviera mañana, la población comenzaría a caer inmediatamente y llegaría 226 millones a finales de siglo. ¡Un colapso del 33 por ciento!

Así que hay buenas noticias: no debemos preocuparnos por un futuro con una sobrepoblación descontrolada; no debemos creer que la ideología racistas y anti-inmigrante son la respuesta, pues representan una catástrofe demográfica; y finalmente, no debemos temer si decidimos tener una familia pequeña o una vida sin hijos, porque si queremos una población estable basta con aceptar más migración. ¿O a poco ustedes van a reproducirse más por la gloria de la Patria mexicana?

29/7/24

¡NUNCA FALTA UN ESTÚPIDO!

Sólo la detección, la previsión y la toma de acciones preventivas puede salvarnos de ser la próxima víctima de un estúpido errante.


Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú



Si ustedes han leído mis columnas en esta prestigiosa revista sabrán que no soy ningún amigo del dictador en potencia llamado Donald Trump. Sin embargo, tampoco le deseo la muerte al pelado, como estuvo a punto de suceder en el ahora mítico rally de Pensilvania. 

Este potencial magnicidio me obliga a rescatar las reflexiones que realizó el historiador italiano Carlo M. Cipolla en su magnífico texto titulado: “Las Leyes Fundamentales de la Estupidez Humana”. Porque no se confundan: un intento de asesinato (¡Y fallido, para acabarla de fregar!) sólo puede ser obra de un rotundo y reverendo estúpido.

Repasemos rápidamente las “Cinco Leyes” de la estupidez que propone Cipolla para ver cómo aplican para nuestra vida en general y para el atentado contra Donald Trump; con la aclaración de que tendré que sintetizar enormemente sus ideas para que puedan caber en este breve espacio. ¡Adelante!

Primera Ley Fundamental: “Siempre e inevitablemente cada uno de nosotros subestima el número de individuos estúpidos que circulan por el mundo”. Esta ley no requiere de gran explicación: piensa en el número de estúpidos que crees que existen en tu familia, en tu empresa, en tu ciudad, en tu país y en el mundo entero… y ten por seguro que estarás equivocado, pues “cualquier estimación numérica resultaría ser una subestimación”, apunta Cipolla. 

Segunda Ley Fundamental: “La probabilidad de que una persona determinada sea estúpida es independiente de cualquier otra característica de la misma persona”. Dicho de otra manera, no importa la religión, raza, sexo, edad, lugar de nacimiento o incluso nivel de educación: la Madre Naturaleza ha repartido de manera equitativa la estupidez. O como indica Cipolla, “la estupidez humana es una prerrogativa indiscriminada de todos y de cualquier grupo humano, y tal prerrogativa está uniformemente distribuida”.

Tercera Ley Fundamental (Ley de Oro): “Una persona estúpida es una persona que causa un daño a otra persona o grupo de personas sin obtener, al mismo tiempo, un provecho para sí misma, o incluso obteniendo un perjuicio”. Aquí encontramos una conexión clave con el estúpido tirador que intentó asesinar a Trump. Porque como subraya Cipolla en su texto, la principal característica de los estúpidos es que son criaturas que “en los momentos más impensables e inconvenientes, se le ocurre causarnos daños, frustraciones y dificultades, sin que en ella vaya a ganar absolutamente nada con su acciones”. En este caso, el estúpido asesino en potencia no sólo causó una enorme turbulencia política para Estados Unidos; también causó un torbellino innecesario de temor y caos en el mundo entero… y para acbarla de fregar, el estúpido terminó perdiendo su propia vida.

Cuarta Ley Fundamental: “Las personas no estúpidas subestiman siempre el potencial nocivo de las personas estúpidas”. Sobre esta ley fundamental, Cipolla explica que al momento de encontrarse frente a un estúpido, las personas racionales tienden a subestimarlo o incluso a despreciarlo, cuando la reacción inteligente es preparar las defensas para contrarrestar el efecto de sus acciones. Esta preparación es importantísima, porque debido a que comportamiento del estúpido es siempre errático “no se pueden prever todas sus acciones y reacciones, y muy pronto, uno se verá arruinado o destruido por sus imprevisibles acciones”. Esto nuevamente aplica mejor para el tirador fracasado: Sabiendo que era un estúpido… ¿Por qué nadie tomó las acciones necesarias para detenerlo a tiempo?

La quinta y última ley fundamental: “La persona estúpida es el tipo de persona más peligrosa que existe”. ¡Nada más cierto! Y a esta máxima podemos aplicarle una coda: “Una persona estúpida es más peligrosa que una persona malvada.” 

Ahora que tienen esta información, sólo me queda decirles que es responsabilidad de todos nosotros (los inteligentes y racionales) mantenernos en constante alerta. Porque sólo la detección, la previsión y la toma de acciones preventivas puede salvarnos de ser la próxima víctima de un estúpido errante. 

¡Sobre aviso no hay engaño, raza!

15/7/24

LA VICTORIA ABORTADA

¿Hay alguna esperanza para los Demócratas después de lo que presenciamos el 27 de junio? 


Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú


Tras la tremenda paliza que recibió Joe Biden por parte de Donald Trump en el primer debate presidencial, lo único que nos queda por celebrar es que -por lo menos- el circo electoral de siete pistas por fin arrancó de lleno y asegura estar muy entretenido, aunque al final pueda representar la muerte de la democracia en Estados Unidos.

¿Hay alguna esperanza para los Demócratas después de lo que presenciamos el 27 de junio? Aunque parezca improbable, la respuesta es afirmativa. Porque incluso cuando Biden ofreció una actuación lamentable (donde prácticamente todos los temas relevantes -excepto su edad y su capacidad mental- pasaron a un segundo plano), existe todavía un asunto que podría ser el arma termonuclear de los Demócratas, siempre que jueguen bien sus cartas y sepan aprovecharlo. Me refiero a los derechos del aborto para las mujeres.

Porque tres días previos al debate se conmemoraron los dos años desde que la Suprema Corte decidió eliminar el derecho a interrumpir el embarazo que las mujeres habían ganado con el mítico caso de Roe v. Wade, allá en 1973. 

Para los políticos y los ciudadanos conservadores autodenominados “provida”, la sentencia en el caso Dobbs v. Jackson Women’s Health del 2022 representó la última victoria en una batalla que se había gestado (ejem) por casi 50 años. Pero esta victoria ha resultado pírrica (por decir lo menos), ya que significa una verdadera calamidad para millones de mujeres estadounidenses.

Como bien indica el periodista Charles Sykes en The Atlantic, una cosa es rabiar y criticar la práctica del aborto cuando sabes que está protegida por la ley -una situación similar a la de jugar con pistolas de plástico-, pero otra muy distinta es recibir de pronto armas y municiones reales con la capacidad de infligir un daño real en la vida de las personas. Esto fue precisamente lo que ha ocurrido desde Dobbs v. Jackson Women’s Health. 

Porque en este mundo post-Roe, los Republicanos de pronto se encontraron con el poder absoluto para trastocar los cuerpos y las vidas de millones de mujeres en sus estados. Ahora su retorcida imaginación y su crueldad serían el límite para imponer las reglas del juego: ¿Deben prohibir los abortos a las 15 semanas? ¿Por qué no a las 6 semanas? Aún mejor: ¿Por qué no prohibirlos totalmente? ¿Existirán excepciones por violación o incesto?

Esta situación ha generado un ambiente de confusión y caos que ha sido aprovechada por los elementos más extremistas del movimiento “provida” para impulsar medidas aún más draconianas y crueles en sus legislaturas estatales. Ahora las preguntas que se realizan ya no son sobre los niveles de prohibición, sino sobre las acciones punitivas a tomar: ¿Habría que encarcelar a los médicos que terminen un embarazo? ¿O qué tal meter a la cárcel a la madre de la criatura abortada? ¿Qué hacer con los abortos espontáneos? ¿Encarcelamos a las mujeres que sufran uno? ¿O qué tal a los médicos que las atendieron en los hospitales? ¿Y por qué no prohibir las píldoras abortivas? ¿O la fecundación in vitro? 

El terror para las mujeres es real ya que se están enfrentando de facto a una “criminalización del embarazo”, donde cualquier complicación médica podría ser causante de una acción punitiva para ellas y sus médicos.

Todo esto puede ser capitalizado por los Demócratas previo a la elección en noviembre. De acuerdo con una encuesta realizada por la ONG All In Together y Echelon Insights, 34% de las mujeres dijeron que ellas o alguien que conocen había decidido no quedar embarazada por miedo a alguna complicación médica durante el embarazo.

Esto les abre una ventana a los Demócratas para movilizar a millones de personas en contra de un Estado que se ha transformado en el Gran Inquisidor, con la capacidad de intervenir y castigar a quienes no comparten su visión religiosa en temas de salud reproductiva.

Claro… digo que podrían capitalizarlo siempre y cuando su candidato tenga la capacidad de hilar de manera coherente dos enunciados. Y eso aún está por verse…

1/7/24

TRES PREDICCIONES PARA LA PRÓXIMA DÉCADA

Veamos tres casos optimistas qué los colegas de Vox piensan que ocurrirán en los próximos 10 años.


Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú




“Es difícil hacer predicciones, especialmente del futuro”.
- Niels Bohr (quizá apócrifa)

A nadie sorprende que los resultados del 2 de junio hayan dejado los ánimos crispados en varios sectores de la sociedad. Si uno ve las noticias, las predicciones abundan sobre lo que podría ocurrir en los próximos años: algunas son optimistas, otras cautelosas y muchas catastrofistas. 

Pero este ejercicio me parece angustiante y estéril. Si la nueva presidenta no gobernará hasta dentro de tres meses, realmente no tenemos ningún tipo de data para realizar predicciones sobre su gobierno.

Mejor vemos algunos pronósticos que sí están basados en información dura. Esto fue lo que hicieron los colegas de Vox (el medio de comunicación, no el partido ultra de España), que tras cumplir su primera década de existencia decidieron hacer un poco de periodismo adelantador y prever lo que podrá ocurrir en la siguiente década. Para no quedarse en simples especulaciones, agregaron un porcentaje de probabilidad a cada una de sus predicciones. Sin más rodeos, veamos tres casos optimistas qué los colegas de Vox piensan que ocurrirán en los próximos 10 años.

1. Menos del 7% de la población global vivirá por debajo de la línea de pobreza que establece el Banco Mundial. [70% de probabilidad]: La lucha a nivel global contra la pobreza extrema es uno de los mayores éxitos en las últimas décadas. Entre 1990 y 2019 la pobreza extrema en el mundo pasó de un escandaloso 38% a sólo 8.9%. Gran parte de esta caída se debe al progreso logrado por China y la India, que abandonaron sus modelos económicos inservibles para unirse de lleno al comercio mundial y la globalización. Hoy, las proyecciones del BM indican que para el año 2030 sólo el 6.8% de la población vivirá en pobreza extrema. Claro… todo esto si no ocurren nuevas pandemias o una guerra mundial. 

2. La esperanza de vida a nivel mundial superará los 75 años [60% de probabilidad]: El incremento en la esperanza de vida también ha sido un absoluto éxito. Cuando la ONU comenzó a medir esta cifra en 1950, la esperanza de vida a nivel global era de 46.5 años. Pero en su más reciente reporte (“Perspectivas de la Población Mundial”), se prevé que esta cifra alcance los 75.2 años (en promedio, ya que hay diferencias regionales) en los próximos 10 años. Gran parte de esta mejora se debe a que la humanidad seguirá viendo avances médicos en el corto plazo que nos podrían ayudar a eliminar la malaria, la tuberculosis o incluso el SIDA, generando prosperidad en todas las latitudes del mundo.

3. Las emisiones de carbono por la producción de energía alcanzarán su punto máximo [85 por ciento]: Desde que se tiene registro (excepto en 2020, por la pandemia), las emisiones de gases de efecto invernadero sólo han incrementado año tras año. Pero de acuerdo con la Agencia Internacional de Energía, las emisiones causadas por la generación de energía alcanzarán su pico en los próximos años. Todo dependerá de la velocidad en la que dejemos de consumir petróleo y carbón (que representan 50% del total de emisiones); y de la rapidez con la que adoptemos energías solares, eólicas y nucleares. Nada de esto garantiza una victoria final contra el cambio climático, pero cualquier reducción en las emisiones nos permitirá evitar los escenarios más catastróficos y peligrosos del calentamiento global.

Y para todos aquellos que se están rasgando las vestiduras por el contexto que vivimos en México, yo quisiera hacer una predicción propia: “México no se va a destruir por culpa de ningún presidente ni de ningún gobierno” ¿Y saben cuánto le doy a esta aseveración?: 100% de probabilidad. 

Porque durante los más de 200 años de historia independiente, hemos transitado numerosas veces por momentos difíciles, oscuros y turbulentos, pero siempre hemos encontrado la manera de salir adelante. Como dice el clásico: aquí estamos y aquí seguiremos. 

PD: Ah claro, si quieren saber la probabilidad que Vox da a que una bomba nuclear sea detonada en la próxima década… es del 20 por ciento. ¡Ánimo, raza!

17/6/24

¡AVE IMPERATRIX!

No queda ninguna duda: Claudia Sheinbaum será la presidenta más poderosa de los últimos 40 años. Pero su “estilo personal de gobernar” es todavía un enigma.


Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú



Pues qué les digo… ¡Fue Claudia! ¡Y por un chingo! 

Esto ya lo sabían y también todo lo que se ha dicho en torno al 2 de junio: sobre los espejismos de una ganadora distinta que al final se disiparon; sobre la Marea Rosa que se convirtió en un riachuelo; y sobre cómo parte de la comentocracia mostró una absoluta ignorancia de las verdaderas necesidades, anhelos y prioridades del electorado.

Hay profundas cavernas sociológicas que podemos (¡y debemos!) explorar durante los próximos seis años. Pero una cosa es segura: la doctora Sheinbaum logró un resultado avasallador y será la próxima presidenta (con todas las de la ley) en menos de tres meses. Habiendo reconocido esto, sólo queda realizar un poco de periodismo adelantador e intentar prever lo que ocurrirá en los próximos meses.

Primero, agreguemos un preámbulo que podríamos titular “El invierno del patriarca”. Porque no olviden que el presidente López Obrador sigue en Palacio Nacional y aún tiene un último acto en esta obra. En los poco más de 100 días que le quedan a su sexenio, 30 de ellos los gobernará con un nuevo Congreso controlado por su partido.

¿Qué podemos esperar de esto? La respuesta me parece clara: la aprobación de todas (o casi todas) las reformas que nos adelantó el pasado 5 de febrero. Entre ellas: 1. La reforma electoral (elegir a consejeros del INE por voto popular; bajar a 30% la participación para que las consultas sean vinculantes) 2. La reforma eléctrica (preeminencia de la CFE) 3. Dejar a la Guardia Nacional bajo el mando de la SEDENA. 4. La reforma judicial (reducir el número de magistrados en la Suprema Corte y elegirlos por voto) 5. Eliminar organismos autónomos (INAI, IFT, COFECE, CRE, CNH, etcétera).

Pero dejando atrás este preámbulo, llegamos finalmente al 1º de octubre. Claudia Sheinbaum toma protesta, recibe la banda presidencial y de ahí se va a Palacio Nacional. Llega a su escritorio y encuentra un montonal de carpetas con el rótulo de “URGENTE”: la expansión del crimen organizado; un sistema de salud que sigue trastabillando; obras que requieren subsidios (AIFA, Tren Maya, Dos Bocas, Mexicana de Aviación) y que están bajo el control de las Fuerzas Armadas; la negociación del Presupuesto 2025, con la necesidad de hacer recortes para reducir el déficit; una crisis migratoria; y claro, la elección en Estados Unidos a un mes de distancia.

Pero Claudia llega también con un arsenal de poderes constitucionales y metaconstitucionales. En primer lugar su legitimidad absoluta tras haber logrado la mayor votación en la historia de México; la ya mencionada mayoría en el Congreso; 24 de 32 gubernaturas aliadas; una mayoría en los congresos locales; y el control de la Suprema Corte, ya sea por una reforma o simplemente porque en diciembre el ministro Luis María Aguilar abandona su puesto y será reemplazado.

La nueva presidenta también hereda un marco legal que podrá utilizar a discreción: el nuevo poder de amnistía; la posible ampliación de delitos que ameritan prisión preventiva (incluyendo el ambiguo crimen de “fraude fiscal”); y nuevas limitaciones al derecho al amparo.

No queda ninguna duda: Claudia Sheinbaum será la presidenta más poderosa de los últimos 40 años. Y a pesar de que su “estilo personal de gobernar” es todavía un enigma, esto no significa que debamos caer en pánico o en histrionismos. ¡Nada de eso!

Millones de mexicanos le dieron su voto de confianza para definir el rumbo que tomará el país; y sólo queda confiar en que Claudia decidirá que ese destino sea un puerto más democrático. Bien dice un viejo adagio: “Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”. Yo espero que la nueva presidenta lo tenga en mente el 1 de octubre.

Y para todos aquellos que aún ven con recelo al nuevo gobierno, sólo queda decirles que en este juego de la democracia a veces se gana y a veces se pierde. Todos debemos aceptar los resultados avalados por el árbitro y si acaso… quizás buscar alivio en las palabras de los antiguos gladiadores: ¡Ave Imperatrix, morituri te salutant!

3/6/24

LA BANALIZACIÓN DE LA LOCURA

Los medios de comunicación han fallado una y otra vez a la hora de cubrir la demencia del candidato Republicano.


Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú



Para cuando lean esto la elección en México habrá concluido y tendremos una presidenta electa. Pero debido a los tiempos de entrega que impone el dios Vértigo, no tengo idea de quién ganó ni tiene sentido especular sobre el tema. Así que… ¡a otra cosa, mariposa!

Volteemos mejor hacia el norte, donde en seis meses los gringos tendrán su propia elección presidencial. ¿Qué ha ocurrido allá mientras aquí padecíamos de una lobotomía generalizada? Pues todo parece indicar que Donald Trump hará pomada a Joe Biden en noviembre.

Casi todas las encuestas sobre aceptación o intención de voto muestran a Trump superando al actual presidente. ¿Cómo es esto posible? Ahórrense sus comentarios: yo sé que Biden no ha sido el presidente más enérgico, ni el más coherente, y sí, a veces se tropieza. Pero es un despropósito comparar su ineptitud con la del otro imbécil. 

Como indica el politólogo Brian Klaas, Trump es un candidato que incitó a una insurrección violenta, buscó violar la constitución múltiples veces; pidió al Ejército disparar contra manifestantes; cometió diversos fraudes para su enriquecimiento personal; defendió a grupos racistas; ha flotado la idea de ejecutar a sus enemigos políticos y a quienes cometan delitos menores; fue declarado responsable de una violación sexual; hoy está en juicio por violar la ley electoral, y enfrenta también otros 88 cargos federales. 

Vuelvo a preguntar: ¿Cómo es preferible alguien de esta calaña a Biden?

Klaas dice que esto se debe a la “banalización de la locura”, donde los medios de comunicación han fallado una y otra vez a la hora de cubrir la demencia del candidato Republicano. La banalización de la locura “ha deformado a la política norteamericana, donde cada vez menos votantes reconocen que tan trastornado, delirante y peligroso es Donald Trump... porque la prensa rara vez informa sobre su locura rutinaria”, dice Klaas.

Esto se relaciona con la “habituación” que mencioné en una columna reciente (“Habituarse al Horror”; Vértigo #1203), donde expuse cómo podemos acostumbrarnos a todo mientras un evento suceda de manera gradual y escalonada. Así podemos habituarnos a las mentiras, pero también a la crueldad e incluso al horror.

Pues igual podemos habituarnos a la locura. Como indica el periodista  Charles Sykes, Trump ya no es “un acertijo ni un enigma”, pues durante años ha mostrado en público su verdadera esencia: “su adulación por los autócratas del mundo, su amenaza de abandonar a los aliados geopolíticos, su desprecio por el estado de derecho, y su intención de usar al gobierno federal como instrumento de venganza”. 

Pero nada de esto genera interés ni titulares, mientras que un tropiezo de Biden amerita las ocho columnas de un periódico. Esta es la banalización de la locura, donde la sociedad y la prensa se han acostumbrado y han dejado de percibir como peligrosos la demencia y los delirios autoritarios de Trump. Después de ocho años en los reflectores políticos, Trump es responsable de tantos atropellos a la dignidad y a la razón que uno simplemente se vuelve sordo ante un nuevo escándalo.

¿Qué se puede hacer? Klaas propone dos soluciones: primero, la prensa debe reconsiderar lo que considera “noticioso” (newsworthy) y “tiene una obligación de comunicar la magnitud de algo y no sólo la novedad”. ¿Realmente es más importante un desliz verbal de Biden que la sociopatía autoritaria de Trump? Pero más importante, los medios deben cubrir cada una de las locuras y delirios que cometa el candidato Republicano, aunque algunos crean que esto “amplifica” su mensaje.

Porque el peligro autoritario es real y los gringos no parecen dimensionar el desastre que representará una segunda administración de Trump. Así que requerimos más exposición a su retórica cruel, delirante y antidemocrática; apostando a que cada día un mayor número de votantes escuchen lo que realmente dice este orate y se alejen de su discurso de odio. 

Aún faltan seis meses para la elección… ¿Logrará triunfar la decencia y la razón?

20/5/24

PROTESTO, LUEGO EXISTO

La empatía y la indignación son igual a cualquier otro recurso natural: son finitas y se agotan


Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú



A ver… yo seré el primero en defender el derecho de los adolescentes a echar desmadre y gritar consignas que años después les parecerán ridículamente estúpidas y pretenciosas. Créanme… hablo por experiencia. Pero viendo las protestas masivas en los principales campus universitarios de Estados Unidos creo que éstas han resultado ser un absoluto despropósito y -de hecho- completamente contraproducentes. 

De entrada quiero eliminar cualquier temor y decirles que no… que mis argumentos no son moralinos ni encaminados a proponer una coerción a la libertad de expresión de estos muchachos. Aquí vengo con argumentos estrictamente pragmáticos.

En primer lugar, -y aquí le robo una idea al comediante Bill Maher- estas protestas parecen ser un ejercicio colectivo de narcisismo. Porque seamos honestos: ¿Qué factor vuelve a la causa palestina más noble o más importante que otras? ¿Por qué no protestar por la guerra en Ucrania y las masacres que ahí ocurren diariamente? ¿Por qué no protestar por el apartheid de género que existe en Afganistán? ¿O el hecho que en gran parte del mundo islámico te asesinan si eres homosexual? ¿Por qué no protestar por la hambruna en Sudán o en Somalia? 

Porque para estos estudiantes gringos (excepto aquellos que tienen un vínculo directo con el Medio Oriente) la razón de la protesta es lo de menos. Lo que ellos quieren es que sus amigos y el mundo entero (vía redes sociales) los reconozca y celebre como verdaderos “progres” y auténticos guerreros de la justicia social. Y si para ganar un par de likes en Tiktok se requiere pedir el exterminio de Israel y apoyar a un grupo terrorista con tendencias genocidas… ¡Pues viva Hamas y mueran los judíos!

Pero vamos a suponer que la mayoría de los manifestantes están actuando con las mejores intenciones. Que en verdad buscan con su relajo aliviar el sufrimiento del pueblo palestino (que hay que decirlo: lo que está haciendo Israel es inexcusable y criminal). Entonces… ¿Por qué habría bronca con esto?

La razón es muy sencilla. Porque la empatía y la indignación son igual a cualquier otro recurso natural: son finitas y se agotan; y por esta misma razón necesitamos priorizar y jerarquizar donde vamos a invertirlas.

Derivado de esto, mi problema central con las protestas universitarias (que ya se extienden por varios países, incluido México), es que están evitando que otros temas reciban la misma atención y el mismo nivel de furia; temas que directamente afectan en las vidas de estos estudiantes.

En el caso de Estados Unidos, la inconsciencia de estos estudiantes llega a niveles preocupantes. Porque mientras se desgarran las vestiduras por un conflicto a miles de kilómetros, su propia democracia está en peligro mortal, al igual que sus derechos de asamblea y su libertad de expresión.

Mucho se ha comentado sobre cómo este relajo puede costarle votos a Joe Biden en noviembre;  y entre más tiempo continúen las protestas, más apetecible se volveré el mensaje de Donald Trump que presume ser el candidato de “la ley y el orden” ¿Y saben ustedes lo que hará Trump llegando a la Casa Blanca? ¡Claro que lo saben! ¡Apoyar aún más a Israel! ¡Pisotear aún más a los palestinos! ¡Y de pasada enviarles a la Guardia Nacional a todos esos estudiantes revoltosos! 

Algo similar ocurrió en 1968, cuando las protestas contra la guerra de Vietnam (algo que sí afectaba directamente a los estudiantes de la época) dividió profundamente a los Demócratas. El resultado del caos fue la victoria de Richard Nixon, que expandió aún más la Guerra de Vietnam y tiñó a la política estadounidense de conservadurismo, autoritarismo y corrupción.

Hoy, con cada grito en las universidades que pide “Death to America”, con cada exigencia de una nueva “Intifada” y con cada estudiante que canta “From the River to the Sea”, Trump está deseando que la historia se repita.

Se los vuelvo a decir: la empatía y la indignación son finitas y se agotan. Es nuestra responsabilidad usarlas de manera inteligente.

6/5/24

LA ELECCIÓN DE LA APATÍA

En México hemos caído en una completa y absoluta apatía por las campañas políticas. 


Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú




A finales del año pasado hice una exposición catastrofista en este espacio (“El voto en los tiempos del ChatGPT”), donde exponía el peligro que representa la irrupción de la Inteligencia Artificial para las democracias. Mi preocupación era que la IA podría ser utilizada en la creación automatizada de desinformación y noticias falsas llevando al ciudadano común a no diferenciar entre la verdad y la mentira.

Aunque mi temor no se ha disipado, hasta ahora no hemos visto disrupciones importantes en los procesos electorales de El Salvador, Taiwán o Rusia, ni tampoco en las campañas presidenciales de EEUU, a pesar de su electorado altamente polarizado.

Pero aquí en México ocurre algo más raro. No sólo no hemos visto un despapaye por la IA; sino que hemos caído en algo peor: una completa y absoluta apatía por las campañas. Esta indiferencia me hace pensar que incluso si algún candidato hiciera una chicanada utilizando IA, el electorado tomaría este evento como lo ha hecho con todas las noticias de la elección: con un rotundo y sonoro “me vale madres”.

Yo no sé ustedes, pero desde que tengo uso de razón todas las campañas presidenciales habían sido un evento esperado con ansias, lleno de controversias, polémicas, traiciones y toda clase de sorpresas inesperadas. En cambio, este ciclo electoral se presenta más árido que las presas del Sistema Cutzamala. ¿Qué explica esto?

Algunos argumentarán que el problema es de origen, ya que tenemos candidatos mediocres y aparte porque la campaña inició con una abrumadora ventaja para la candidata oficialista (según todas las encuestas), que la colocó desde el arranque en un distante primer lugar. Esto evita que dicha candidata tenga que hacer cualquier esfuerzo para ganar votos, proponer ideas novedosas o incluso atacar a sus contrincantes. Basta con nadar de muertito de aquí al 2 de junio.

Pero yo creo que el problema es más de forma que de fondo. Porque por más aburrido que sea un político, siempre puede ser empaquetado para parecer auténtico, fresco y divertido. Para eso existen las legiones de asesores y publicistas que contratan los partidos con nuestros impuestos.

Lo terrible es que hoy estamos viviendo la antítesis de esto, y la razón es que nuestros políticos siguen haciendo campañas del siglo XX dirigidas a un electorado del siglo XX.

Ahí les van un par de datos: fue apenas en 2018 -a inicios de este sexenio- cuando TikTok llegó a México. Hoy la aplicación reporta 74.15 millones de usuarios activos, lo que la convierte en la tercera red social más utilizada en el país, y colocando a México como el cuarto país con más usuarios en el mundo.

Aquí es donde yo les pregunto: ¿No creen ustedes que el contacto diario de 74 millones de mexicanos con el contenido de TikTok cambia su manera de consumir información? ¿No creen que esto afecta su capacidad de retener información? ¿No creen que todos hemos cambiado psicológicamente por la inmediatez con la que recibimos millones de contenidos en Youtube o la TV por streaming?

¿Por qué entonces nuestros políticos nos siguen bombardeando con los mismos formatos de spots de hace 30 años? ¿Por qué siguen realizando estúpidos mítines igual a los de Adolfo López Mateos? ¿Por qué seguir haciendo campañas como si viviéramos en 1980 o 1950?

¿Quieren un ejemplo de una estrategia exitosa para los tiempos modernos? Ahí tienen a Javier Milei en Argentina, que armado con una motosierra gritaba a los cuatro vientos locuras sobre el anarcocapitalismo, llamaba comunista al Papa y prometía erradicar a los “zurdos de mierda”. ¡Eso es buen contenido, chinga’os! ¡Esos son mensajes para nuevas audiencias y nuevas plataformas! ¡Eso es saber venderse para un electorado moderno!

Claramente no estoy diciendo que unas elecciones histriónicas son mejores para la democracia. Lo único que propongo es que si nuestros políticos ya se agandallaron millones de pesos de nuestros impuestos para financiar sus campañas, lo mínimo que podrían hacer es darnos un buen show. Pero ni hablar… ¡Será para el 2030!  

22/4/24

LA FRASE QUE SALVARÁ A LA HUMANIDAD

¿Qué declaración dejarías para la posteridad que contenga la mayor cantidad de información en la menor cantidad de palabras? 


Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú

No quiero ser pesimista, pero si uno pone atención a los acontecimientos recientes, fácilmente podría llegar a la conclusión de que el mundo se está encaminado hacia un final pronto y fatídico. 

El ejemplo obvio es la reciente pandemia que fulminó a millones de personas (y que representó apenas el preámbulo de algo mucho peor, según expertos). Pero también está el crecimiento desmedido de la inteligencia artificial, la cual ya se está usando en escenarios bélicos para seleccionar blancos de manera semiautónoma y exterminarlos. O qué tal Rusia, que amenaza con el uso de armamento nuclear en su guerra con Ucrania. Y no olvidemos la posible guerra entre China y Taiwán (¡o entre Irán e Israel!) que podría causar una Tercera Guerra Mundial. ¡Ah claro! Y no olvidemos la eterna amenaza del cambio climático que nos va a achicharrar a todos. 

¡No hay tregua, señores! Pero estoy seguro que no vinieron aquí a deprimirse. Así que mejor tomemos la premisa del fin del mundo pero démosle un spin más divertido. El ejercicio macabro que les traigo vino como inspiración de un gran episodio del podcast RadioLab (“The Cataclysm Sentence”), donde cuentan cuentan esta historia: 

Un día de 1961, el famoso físico Richard Feynman se paró frente a una sala de conferencias de Caltech y planteó esta pregunta a un grupo de estudiantes universitarios: “Si de pronto ocurriera un evento cataclismo donde todo el conocimiento científico fuera destruido, y solo un enunciado pudiera ser transmitido a la próxima generación de supervivientes… ¿Qué declaración dejarías para la posteridad que contenga la mayor cantidad de información en la menor cantidad de palabras? 

Feynman tenía una respuesta bastante buena a su propia pregunta: dejar como último mensaje la Hipótesis Atómica que establece: “todas las cosas están hechas de átomos; que son pequeñas partículas que están en perpetuo movimiento; las cuales se atraen cuando están a cierta distancia, pero se repelen cuando son apretadas una contra la otra”.

Para Feynman, uno puede ir desenvolviendo esta simple frase para revelar absolutamente todas las leyes de la física. La primera parte de su enunciado te explica de qué está hecho todo en el Universo (átomos); la segunda parte (su movimiento) te abre la puerta a la electricidad, la energía de vapor, la ciencia para volar, y otras miles de cosas. La tercera parte (cómo los átomos interactúan entre ellos) te permite entender toda la química y la biología (creación de moléculas, proteínas, todo tipo de materiales, etcétera).



Ahora bien, ni mis amigos ni yo somos físicos, ni somos expertos en la estructura básica del universo, ni tampoco somos ganadores de un premio Nobel. Pero aún así decidimos entrarle al quite y dejar nuestras frases para la posteridad. 

Empiezo yo: La mayoría de las enfermedades son causadas por seres microscópicos que podemos combatir con toda clase de medicamentos.

Daniel Morales (biotecnólogo): Puedes conocer la causa de todo fenómeno por medio de observación y manipulación cuidadosa.

Luisa Cantú (periodista): El patriarcado y el capitalismo sólo causan muerte y destrucción.

Deborah Martinez (Investigadora): Todos estamos conformados por células y cada una de ellas tiene nuestro código genético. Revisen eso.

Fernanda Kuri (consultora de imagen): ¡Dios no existe!

Gaby Berardi (rockstar): No existe el conocimiento absoluto: siempre hay una siguiente interrogante.

Angel de la Rosa (financiero): C16H18N2O4S (esto se llama “penicilina”: ¡Úsenla!)

David Guajardo Ruz (poeta): Maussan tenía razón.

¿Podrá recuperarse la humanidad con alguna de estas instrucciones? ¡Puede ser! Por lo tanto, mientras navegamos por estos tiempos turbulentos, tomen este mismo ejercicio como oportunidad para divertirse de manera perversa con sus amigos. ¿Cuál es el enunciado que tú transmitirías a la próxima generación que contenga la mayor cantidad de información en la menor cantidad de palabras? ¡Pónganse truchas porque parece que nos queda poco tiempo! 

8/4/24

HABITUARSE AL HORROR

Nos hemos habituado a los peores excesos de nuestra clase política, a sus mentiras, a sus “otros datos”, a su opacidad, y a su tergiversación de la ley. 


Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú



Hay una máxima que define perfectamente a la condición humana: “A todo se acostumbra uno”. Esta pizca de sabiduría popular se aplica en lo general a situaciones de la vida cotidiana. Por ejemplo, aquí en la CDMX uno se acostumbra a vivir entre basura, contingencias ambientales, banquetas desmadradas, servicios públicos deficientes, y el silbido asesino de los vendedores de camotes a quienes –como diría Don Carmelo en Los Olvidados– “¡ojalá los mataran a todos antes de nacer!”. Estoy divagando…

De acuerdo con la neurocientífica Tali Sharon (University College London y MIT), la razón subyacente que explica lo anterior “es una característica biológica fundamental de nuestro cerebro: la habituación”; o dicho de otra manera, “nuestra tendencia a responder cada vez menos a cosas que son constantes o que cambian lentamente.” 

Sin embargo, como indica en un reciente artículo en The New York Times (en coautoría con Cass R. Sunstein, profesor de derecho en Harvard), el problema de esta habituación es que puede aplicarse a prácticamente todo, incluido los peores crímenes y abusos en nuestra sociedad. Según los autores, ”las personas se habitúan a las mentiras y a la deshonestidad. Las personas se pueden habituar a la crueldad. Las personas se pueden habituarse al horror”. 

La clave de esta habituación está en el proverbial “incremento gradual”: todos reaccionamos ante los cambios bruscos en nuestra rutina o cotidianidad; pero todos podemos habituarnos a las cosas cuando cambian de manera escalonada.

Si lo llevamos a la esfera pública, esta habituación se percibe en la tolerancia que hemos desarrollado hacia los peores abusos de nuestros políticos; siempre y cuando cada una de sus ilegalidades, cada mentira y cada crímen sea sólo un poquito peor que el anterior. 

Esto nos suena muy familiar en México porque es nuestro pan de cada día. Nos hemos habituado a los peores excesos de nuestra clase política, a sus mentiras, a sus “otros datos”, a su opacidad, y a su tergiversación de la ley. 

Pero esto no es una característica única de los mexicanos. En todo el mundo observamos cómo la sociedad es víctima de esta habituación política. En Estados Unidos, la actitud errática de Donald Trump pasó de ser una novedad macabra a un mal chiste, y ahora está nuevamente en el primer lugar de las preferencias electorales. En Rusia, Vladimir Putin poco a poco fue cincelando las libertades de su país y ahora todos los aspectos de la vida pública se encuentran bajo su tiranía. Algo similar ocurrió en Venezuela, donde un abuso tras otro del régimen chavista fue creando una de las peores crisis humanitarias del mundo; o en Hungría, donde su sistema democrático se fue gradualmente erosionando hasta convertirse en el arquetipo de un gobierno antiliberal. Los ejemplos son incontables…

Lo importante aquí es reconocer –como indican Sharon y Sunstein– que estas degeneraciones nunca suceden súbitamente. En todos estos procesos hay cientos o miles de pasos, muchas veces imperceptibles o apenas perceptibles, que van “preparándote para que no te escandalice el siguiente paso”.

La buena noticia es que no todo está perdido. Los mismos autores indican que en todas las sociedades existen personas consideradas “emprendedores de la deshabituación”. Aquellas “que no se han acostumbrado a los males de su sociedad; que ven a la maldad como lo que realmente es y la denuncian para causar una deshabituación en los demás.” Los casos más famosos son conocidos por todos: Alexei Navalni, Malala Yousafzai, Rosa Parks, Gloria Steinem, Nelson Mandela…

Aquí en México hemos caído en una espiral de cinismo que ha vaciado nuestra cantera de “emprendedores de la deshabituación”. Es por esto que debemos siempre encumbrar y celebrar a todos aquellos que en contra de su bienestar personal, económico o físico hacen lo posible por recordarnos que los crímenes y abusos de nuestros políticos jamás deben tolerarse. Son ellos los que nos recuerdan que no podemos acostumbrarnos a vivir en un muladar y que nunca -¡nunca!- debemos de habituarnos a nuestro horror cotidiano. ¡Salud, ahí!

25/3/24

LAS CRISIS INVISIBLES

El año 2023 registró 183 conflictos en el mundo: la cifra más alta en los últimos 30 años.


Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú



Los seguidores de esta columna sabrán que llevo un rato obsesionado con descubrir por qué los tiempos actuales son particularmente caóticos e inestables. Hasta ahora he establecido tres razones: que todas nuestras vidas (y por ende la historia humana) están determinadas por eventos arbitrarios (“flukes”); que entre más interconectado el mundo, mayor la inestabilidad que causan los flukes; y que a mayor inestabilidad mayor el incremento de los conflictos internos y externos de los países.

Hoy quiero profundizar en la gravedad de este último punto: ¿Qué tan grave es el incremento del conflicto a nivel global? Para responder esto, recurriremos a un reciente texto del periodista David Wallace-Wells en The New York Times, donde se nos presenta un rompecabezas global sumamente complejo y dantesco. 

La primera pieza es terrorífica: de acuerdo con el Armed Conflict Survey que publica el International Institute for Strategic Studies, el año 2023 registró ¡183 conflictos en el mundo!, la cifra más alta en los últimos 30 años. De estos 183 conflictos conocemos los más famosos (mejor dicho, infames): la guerra en Ucrania y en Palestina. Pero Wallace-Wells indica que estos son apenas el inicio de nuestros problemas. 

Sumado a esto, el Uppsala Conflict Data Program (proyecto sueco que ha recopilado datos sobre conflictos por casi 40 años) indica que las muertes por las guerras ascendieron a 238,000 en 2022, casi el doble que las del 2021 y un incremento de más de seis veces desde 2011; la violencia no-estatal (entre grupos armados no gubernamentales, como pandillas o el narco) se ha más que triplicado desde 2007; y la violencia del gobierno contra civiles se ha más que duplicado desde 2009.

Lo que estas cifras demuestran es que más allá de Gaza o Donetsk, el mundo entero se está carcomiendo por la violencia. Sin embargo, muchos de estos conflictos rara vez entran en los ciclos noticiosos, opacados por las guerras más “vistosas” y conocidas.

Basta con poner la vista en la región del Sahel en África, donde hoy existe un “cinturón de golpes de estados”. Seis países entre el Atlántico y el Mar Rojo que han sufrido 11 intentos de derrocamientos en apenas los últimos cuatro años; ocho de los cuales fueron exitosos (Guinea, Burkina Faso x2, Chad, Níger, Mali x2 y Sudán). 

No tenemos que salir del Sahel para encontrar en Sudán la mayor crisis humanitaria del planeta (“pesadilla humanitaria” lo llama la ONU), donde una guerra civil ha cobrado la vida a más de 10,000 de individuos y desplazado a casi ocho millones. Cerca de ahí, en la República Democrática del Congo, casi siete millones de civiles han abandonado sus hogares por un conflicto civil interminable. En Etiopía, la guerra interna de los últimos años dejó como herencia más de 600,000 personas muertas. En la República Centroafricana se estima que el 6% de la población pudo haber muerto por violencia interna. Hacia el este, el conflicto en Yemen ha cobrado casi 250,000 vidas y otros 20 millones de civiles están en necesidad urgente de ayuda humanitaria.

Todas estas crisis representan tragedias invisibles que suelen no generar titulares. Y no se trata aquí de comparar tragedias o determinar cuál merece más atención; sino de comenzar a ver el mundo con nuevos ojos y reconocer que -en efecto- estamos viviendo una era extremadamente violenta.

¿Se puede hacer algo al respecto? De hecho sí, pero es improbable. Porque según Wallace-Wells uno de los factores que más exacerba estos conflictos es el calentamiento global; evento que -según predicciones- continuará empeorando por muchos años.

Esto nos deja con una ecuación más compleja: si los flukes y la interconexión global son la base de muchos conflictos globales, debemos agregar entonces un multiplicador: la escasez de recursos, la incapacidad de adaptación a un clima cambiante y la fragilidad institucional en grandes regiones subdesarrolladas. 

Todas estas crisis suman a la inestabilidad y al caos que vemos hoy a nivel mundial: crisis que por más invisibles que sean para nosotros, no dejan de ser reales.

11/3/24

ABRAZAR EL CAOS

El mundo está lleno de agentes del caos que saben explotar los puntos débiles de la civilización y causar eventos de disrupción masiva.


Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú

Si leyeron mi columna pasada, recordarán que estamos viviendo actualmente en una era particularmente caótica. Para el académico Brian Klaas, esto se debe a dos factores fundamentales: a que nuestras vidas -y por ende la historia humana- están regidas por los “flukes” (acontecimientos pequeños, accidentales y aparentemente arbitrarios que moldean nuestro actuar diario); y a que entre mayor interconexión global (financiera, económica, política, cultural…), mayores los efectos de estos flukes. Hasta aquí, sin novedades.

Pero creo que debemos agregar una nueva capa igual o más preocupante a este modelo: estamos viviendo también en una época particularmente conflictiva.

De acuerdo con la más reciente publicación del Global Peace Index (del Institute for Economics and Peace), el mundo ha visto un deterioro constante en los niveles de paz en 13 de los últimos 15 años. En 79 países del mundo los índices de paz han empeorado y el número de muertes por todos los conflictos casi se duplicó en 2022 comparado con el año anterior. Cabe decir que este reporte no considera la actual guerra entre Israel y Hamas, por lo que podemos esperar peores números para la siguiente edición.

Bien sentencia el analista Fareed Zakaria en una columna para CNN: “el conflicto es la nueva normalidad”. Y un gran error que podemos cometer es tratar a cada uno de estos conflictos como si fueran aislados y excepcionales, “con la esperanza de que la normalidad regrese una vez que se hayan solucionado”. 

Porque como hemos establecido, en este mundo cada vez más globalizado e interconectado, el impacto de una crisis se magnifica, y cualquier conflicto tendrá el potencial de desestabilizar a regiones o continentes enteros. Algunos dirán que esto no es nuevo, que el asesinato del Archiduke Francisco Fernando o la invasión alemana a Polonia también fueron factores que desataron conflictos globales. Y sí, quien sea de ustedes que haya dicho esto no estará faltando a la verdad.



Pero quiero hacer énfasis en que hoy cualquier conflicto puede convertirse en algo inmensamente disruptivo. Un ejemplo es la actual guerra en la Franja de Gaza. Desde el nacimiento de Israel en 1948 hemos visto como palestinos e israelíes se agarran a madrazos, pero nunca antes un asunto tan local había tenido el potencial de convertirse en una guerra regional o incluso mundial. Falta que se agregue un solo grano más al proverbial montón de arena (digamos, el involucramiento de Irán) para causar una avalancha de proporciones globales. Éste sería un verdadero fluke que tenga consecuencias inimaginables. 

¿Cuál es la principal diferencia entre el actual conflicto en Palestina y los anteriores? Ya lo hemos mencionado, pero lo repito sin bronca: hoy el mundo -incluyendo el Medio Oriente- está mucho más integrado que antes; y entre más interconectada se encuentra la civilización humana, mayor será la inestabilidad que cualquier “error”  o imprevisto puede causar.

Ya hemos visto cómo los flukes pueden causar pandemias globales, caos en el comercio mundial, implosiones en los mercados financieros y la desestabilización interna en los países. Así que no me parece ilógico decir que a mayor número de conexiones, mayor número de conflictos y mayor los efectos de estos conflictos.

Claramente la globalización y la integración son sumamente positivas, y como ejemplo está la Unión Europea, que ha evitado una guerra entre sus países miembros durante casi 80 años. El peligro aquí es que el mundo está lleno de agentes del caos que saben explotar los puntos más débiles de estas cadenas de relaciones y causar eventos de disrupción masiva.

Así que tenemos tres variables explosivas: que la historia humana es esclava de los “flukes”; que entre más interconectados mayores los efectos de estos flukes; y que “el conflicto es la nueva normalidad”. Viendo al mundo desde esta perspectiva, debemos entonces abrazar el caos y prepararnos para vivir en un planeta cada vez más inestable, impredecible y violento. ¡Agárrense!

26/2/24

LA ERA DEL CISNE NEGRO

Hoy más que nunca debemos estar preparados para enfrentar la complejidad y el caos que conlleva vivir en la Era del Cisne Negro.


Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú




¿Nos estamos volviendo locos o en realidad estamos viviendo en una era particularmente inestable? La pregunta no es ociosa. En los últimos años el mundo parece haber entrado en un periodo de crisis perpetua, donde cada vez más seguido nos enfrentamos a eventos desestabilizadores de proporciones globales. 

Para el autor y académico Brian Klaas, la respuesta a la segunda parte de la pregunta inicial sería un rotundo “sí”. Claro que estamos viviendo en una época más turbulenta que antes; y la razón de esto –dice Klaas– es relativamente sencilla: entre más avanzamos como civilización, más nos interconectamos en términos comerciales, financieros, políticos, culturales y sociales. Esto significa que cualquier error o problema en alguna parte de esta larga cadena, invariablemente repercutirá en el resto. 


Para entender este proceso, Klaas se remite a la teoría del caos. ¿Qué es exactamente esta “teoría del caos”? Es una manera de explicar cómo cualquier cambio –por minúsculo que sea– en alguna variable de un modelo puede tener consecuencias enormes. Esto se utiliza generalmente en las ciencias exactas (principalmente en el estudio de los sistemas dinámicos), pero también puede ser utilizado para entender cómo se transforman las sociedades y la historia humana.

Porque como bien indica Klaas, basta revisar cualquier evento histórico para darnos cuenta de cómo todos somos al final del día esclavos “de acontecimientos pequeños, aparentemente arbitrarios o accidentales”. Son estos eventos fortuitos (Klaas los llama “flukes”) los que causan los cambios históricos.

Piénsalo un momento: hace 100 años eran contados los hechos que podrían tener repercusiones globales (la Revolución Rusa me viene a la mente). Pero hoy prácticamente cualquier “fluke” puede desestabilizar la vida como la conocemos: un barco se queda atorado en el Canal de Suez y el comercio global se desmadra por semanas; un comerciante en Túnez se prende fuego como protesta y durante años el Medio Oriente entra en caos; un pelado en Wuhan se come un taco de pangolín y da inicio a una pandemia que cobra la vida de 7 millones de personas.

Lo más preocupante es que este tipo de shocks parecen estar acelerándose. Porque si algo caracteriza a nuestra civilización es precisamente esa carrera por optimizarnos e interconectarnos cada vez más. Estos facilita el surgimiento de los “cisnes negros” (back swan events), que son eventos con consecuencias que nadie puede prever. Y entre más avancemos tecnológicamente (con la inteligencia artificial, etcétera), más aumentará nuestra vulnerabilidad a estos cisnes negros.

Para entender nuestra situación actual, Klaas usa como analogía el modelo “del montón de arena” (sandpile model) utilizado en una disciplina de la física conocida como “criticidad autoorganizada”. Lo que propone este modelo es que si vas sumando granos de arena uno por uno a un montón, eventualmente esa montaña llegará a un estado de criticidad, donde un sólo grano más causará una avalancha. “El problema con nuestra civilización es que está diseñada para empujar a ese montón de arena hasta su límite”, indica Klaas, haciendo que cualquier error pueda producir efectos impensables de magnitudes devastadoras.

Sumado a todos los peligros mencionados, yo quisiera agregar uno más: el aumento de regímenes autoritarios. Todos sabemos que los humanos por naturaleza requerimos de predictibilidad, rutinas y patrones, pero nuestra era actual es incapaz de proporcionarnos estabilidad. Y entre mayor sea la inestabilidad e incertidumbre a causa de estos cisnes negros, mayor será la tentación de elegir a líderes que nos prometen una ilusión de orden y certeza a cambio de nuestra libertad.

Ninguno de estos argumentos tiene el propósito de desincentivar el progreso tecnológico. Pero si queremos disfrutar las bondades de la tecnología, de la interconexión y del progreso, entonces no podemos cegarnos a las consecuencias. Hoy más que nunca debemos estar preparados para enfrentar la complejidad y el caos que conlleva vivir en la Era del Cisne Negro.