Garantizar el éxito de Siria es la pieza clave para derrotar de una vez por todas a una de las teocracias más anacrónicas, oscurantistas y desestabilizadoras del mundo.
Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú
Si ustedes son fieles seguidores de este espacio, sabrán que hace dos o tres columnas les hablé de la importancia que tienen los primeros 25 años de cada siglo y cómo los eventos que ocurren en ese periodo de tiempo (por lo menos desde el siglo XIX) han marcado la pauta durante las décadas subsecuentes.
Cuando tocó el momento de hablar del siglo XXI, les comenté cómo los cismas en el escenario geopolítico (la entrada de China a la OMC y los ataques terroristas del 11 de septiembre) tuvieron consecuencias que trastocaron a todo el mundo y que seguro serán los que definirán los siguientes 75 años de historia. Mismo caso con las dos tecnologías que han transformado a la humanidad durante las pasadas dos décadas y media: los algoritmos de las redes sociales y la inteligencia artificial.
Pero por falta de espacio tuve que omitir otra tendencia que me parece también de suma importancia: la transformación política e ideológica del Medio Oriente. Más allá de la invasión de Estados Unidos a Irak que logró destronar a una de las autocracias más sangrientas, la región entera ha visto una serie de cambios en los últimos 25 años que –de continuar– podrían dejarla irreconocible en las próximas décadas.
Estos cambios podrían resumirse en un abandono de las ideas panárabes y antiisraelíes que dominaron prácticamente la segunda mitad del siglo pasado y que mantenían a la región fuera de la globalización y en oposición hacia Estados Unidos. En cambio, hoy vemos a naciones como Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos, Bahréin y Qatar enfocados en la ultramodernización económica (más no todavía política) de sus países y colocándose muchas veces en la vanguardia tecnológica. De igual manera, se ha visto una búsqueda para normalizar relaciones con Israel (que inició con los Acuerdos de Abraham promovidos por Trump en 2020) que podría dar carpetazos a uno de los episodios más turbulentos de las últimas décadas.
En toda esta evolución regional sobresale de manera negativa la mal llamada “República” islámica de Irán. Un país que no sólo se ha mantenido al margen de estos cambios sino que ha buscado cualquier oportunidad para arruinar cualquier progreso regional. Más allá de seguir promoviendo una ideología islamista anacrónica y fanática, desde su creación en 1979 se ha dedicado a ser un agente del caos, patrocinando a grupos terroristas y milicias más allá de sus fronteras y causando toda clase de inestabilidad internacional.
Es por esto que los eventos ocurridos el año pasado podrían ser los que definan el futuro inmediato del Medio Oriente. No sólo Israel logró desmantelar a dos de los aliados más importantes de Irán (Hamas en la Franja de Gaza y Hezbolá en el Líbano), sino que concluimos el 2024 con la caída de otra dictadura afiliada al “Eje de Resistencia” de los ayatollahs iraníes. Todo esto –aunque en particular el impresionante colapso del régimen de Bashar al-Assad en Siria– ha dejado prácticamente sin aliados regionales a la teocracia de Irán, aislada políticamente y bajo asedio económico por parte de Estados Unidos y el resto de Occidente.
Ante esto, el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca representa la oportunidad perfecta para poner el último clavo al ataúd a la dictadura islámica. Sé que el señor trae otras prioridades (por ejemplo, traer como piñata a México), pero es fundamental que se aproveche el momento histórico que se presenta: apoyar la supervivencia del nuevo gobierno en Damasco para que funcione como contrapeso regional, que se acelere la normalización de relaciones con Israel con sus vecinos y que se siga presionando políticamente y económicamente al régimen en Teherán.
Hoy Siria enfrenta inmensos retos y es posible que vuelva a desintegrarse en una guerra civil entre las diversas facciones militantes. Pero garantizar su éxito es la pieza clave para derrotar de una vez por todas a una de las teocracias más anacrónicas, oscurantistas y desestabilizadoras del mundo.
La historia nos ha demostrado que hacer predicciones sobre el Medio Oriente es un deporte de altísimo riesgo. Pero la oportunidad para ver a una región transformada es única y podría crear a un Medio Oriente prácticamente irreconocible de cómo inició el siglo XXI. ¡O claro… Irán podría conseguir armas nucleares y entonces ya valió madres todo!