18/11/24

EL MUNDO SE PINTA DE NARANJA

Un presidente gangsteril operará a partir del 2025. Y la pregunta qué ha consumido ríos de tinta es: ¿Qué fregados hará con tanto poder?


Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú


¡Pues así las pinches cosas! Donald Trump no sólo ganó, sino que masacró a los Demócratas y arrasó en las elecciones, ganando no sólo el voto popular y la presidencia, sino también el control del Congreso y el Senado. 

Así, el Calígula del Norte ostentará un poder nunca antes visto en el Imperio Yanqui. Porque a todo lo anterior hay que sumarle una mayoría conservadora en la Suprema Corte, la cual recientemente falló a favor de una política de “inmunidad presidencial”, colocando a Trump por encima de la ley, y tentativamente permitiendo que pueda hacer cualquier cosa (incluso cometer crímenes) siempre y cuando sea considerado un “acto oficial” de la presidencia.

Éste es el escenario en el cuál un presidente gangsteril operará a partir del 2025. Y la pregunta qué ha consumido ríos de tinta es: ¿Qué fregados hará con tanto poder?

De su siniestra política interior sabemos mucho: Trump quiere deportar a millones de inmigrantes; ha centrado su plan económico en torno a aranceles; y ha amenazado con perseguir a sus enemigos políticos de manera extrajudicial. ¿Hará todo eso? Pues la frase que resonó en su discurso de victoria fue “promesas hechas, promesas cumplidas”. Así que agárrense.

Todo lo anterior repercutirá en México y el mundo. Así que lo ideal ahora es intentar descifrar los impactos de su política en el planeta. Sin más preámbulos, veamos qué han dicho algunas de las voces más sesudas al respecto.

EL MUNDO EN GENERAL: De acuerdo con los editores de World Politics Review, en términos geopolíticos, vamos a ver la continuación del retroceso de la globalización. Viviremos en un mundo más nacionalista, con más controles de migración e inmerso en una competencia geopolítica contra el “eje autocrático” (China, Irán y Corea del Norte). Rusia se cuece aparte, porque Trump ha mostrado una cercanía con Vladimir Putin. Ah claro, y olvídense del combate al cambio climático, tema hacia el cual Trump ha mostrado un claro escepticismo.

MÉXICO: Aquí la cosa es muy obvia. De acuerdo con Fareed Zakaria, Trump se enfocará en detener la inmigración en la frontera y en combatir el tráfico de fentanilo. El proteccionismo económico (o los aranceles) desacelerará la reubicación de empresas en México; y claro… tendremos que encargarnos de los millones de migrantes deportados, porque seguramente terminarán en nuestro país.

AMÉRICA LATINA: The Economist predice que América Latina “enfrentará un crecimiento económico más lento, una inflación más alta, costos de endeudamiento más elevados y relaciones exteriores más complicadas con China”. ¿Quién sale ganando? Javier Milei de Argentina, que ya se reunió con Trump.

EUROPA: El principal problema es -obviamente- la guerra en Ucrania. Ya sabemos que Trump tiene una perversa afinidad con Putin, y es probable que intente solucionar el conflicto en términos favorables para Rusia (incluyendo ceder territorio ucraniano). Steven Erlanger, corresponsal en jefe de The New York Times en Europa sentencia: Hay mucha ansiedad porque Trump es completamente impredecible. 

ASIA: Similar a Europa, en Asia hay una prioridad para Trump: la Guerra Fría con China. Seguramente seguirá su política de “desacoplamiento” económico, comenzando por imponer aranceles del 60% a todos los productos chinos. El ganador inesperado es la India, que podría ver nuevas oportunidades comerciales con EE.UU.

ÁFRICA: Aquí hay unanimidad: a Trump no le interesa el continente africano. Pero como dice Nosmot Gbadamosi en Foreign Policy, podemos suponer que si Trump interviene, va a priorizar soluciones militares por encima de la asistencia humanitaria.

MEDIO ORIENTE: Para todos los que se quejaban de la guerra en Gaza, la realidad es que se va a poner peor. David E. Rosenberg explica en Foreign Policy que Trump quiere terminar de manera rápida y contundente este conflicto, y dará todo su apoyo a Israel para lograrlo. El mayor peligro de esto sería empoderar demasiado a Israel que lo lleve a atacar las instalaciones nucleares de Irán.

Pues ahí lo tienen: un presidente gangsteril, mitómano y con poder absoluto a cargo del país más poderoso en la historia. “A disfrutar lo votado” méndigos gringos.

4/11/24

V DE VENGANZA

A estas alturas del juego, ningún votante puede fingir ignorancia: todos saben perfectamente quién es y qué representa Trump.


Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú



Cuando necesiten una buena dosis de polémica, siempre pueden confiar en Francis Fukuyama. En su más reciente comentario en Foreign Affairs, el analista político propone una hipótesis: a pesar de que la democracia ha retrocedido por casi dos décadas, el 2024 ha sido un buen año para este sistema político a nivel mundial.

Si no se acuerdan, el 2024 fue llamado “el año de la democracia”, ya que en más de 100 países, incluidos ocho de las 10 naciones más pobladas, hubo o habrá elecciones para cambiar a sus gobernantes. En total, más de la mitad de la población global -unas 4,000 millones- tendrían la posibilidad de votar.

Fukuyama reconoce que no todo ha sido color de rosa: en algunos lugares, políticos autoritarios salieron victoriosos. Pero basta ver lo ocurrido en Taiwán, Finlandia, Sudáfrica, India, Mongolia, el Parlamento Europeo y muchos otros lugares para ver que hay esperanza para los defensores del liberalismo democrático.

Fukuyama concluye diciendo que la lección en todo esto “es que la victoria de políticos populistas o autoritarios no es inevitable”. La regresión democrática puede detenerse y resistirse y que incluso en estos “tiempos desalentadores”, los ciudadanos tienen el poder de elegir un mejor futuro. ¡Hasta aquí todo bien y bonito! 

Pero inmediatamente nos encontramos con un problema que descarrila toda nuestro optimismo en la humanidad: la elección en Estados Unidos; que debido a su peso económico y geopolítico importa más que todas las otras elecciones juntas. ¿Y cuál es el pronóstico a pocos días de los comicios? Obviamente el más aterrador: Trump seguramente saldrá victorioso.

Esto en sí mismo ya es una catástrofe suficiente, pero me temo que las consecuencias para el futuro serán aún peores. Porque el hecho de que Trump tenga siquiera una posibilidad de ganar habla de un nihilismo tóxico que se ha apoderado de la sociedad estadounidense, el cual no creo que desaparecerá en el corto plazo.

Por años el electorado ha visto que Trump es un mitómano, megalómano e ignorante: no les ha importado. Por meses se ha comprobado que la economía gringa está pasando por uno de sus mejores momentos en la historia (“la envidia del mundo”, dijo The Economist): vale madres. Se ha dicho que los aranceles de Trump perjudicarán a los más pobres: la gente adora esta estrategia. Se sabe que su retórica es similar a la utilizada por Hitler y Mussolini (llamando “parásitos” a sus enemigos): no es relevante. Él mismo ha dicho que quiere utilizar al Poder Judicial para perseguir a sus opositores y usar al Ejército para reprimir a sus enemigos: nobody fucking cares!

Es obvio que a estas alturas del juego, ningún votante puede fingir ignorancia: todos saben perfectamente quién es y qué representa Trump. Pero quizás es debido a esto –y no a pesar de esto– que millones de electores votarán por él.

Porque como explica Tom Nichols en The Atlantic, para millones de personas esta elección es un simple acto de “venganza social”. Son millones los que celebran que Trump sea aterrador, que diariamente cruce los límites de la decencia, y que amenace con violencia a sus opositores. Son millones los que voluntariamente decidieron creer y consumir diariamente la dieta tóxica de injurias, resentimiento social e inseguridades que promovió Trump y que ahora estalla como una pasión anárquica que busca castigar, humillar y hundir en la miseria a todos aquellos que han sido señalados como culpables de causar estos agravios (la mayoría agravios imaginarios).

Kamala Harris no puede competir contra esto. Ella podrá proponer todas las políticas sensatas que gusten y hablar de virtudes republicanas, pero al final este tipo de discurso no es competitivo por una sencilla razón: a gran parte del electorado ya nada de esto le importa, ya sea por ese profundo resentimiento social o por el simple placer de ver al mundo arder.

Todo esto nos lleva a una conclusión terrible: a lo que EE.UU se enfrenta no es a una elección, sino a una pugna fratricida. O dicho de otra manera, el 5 de noviembre no será un proceso democrático: será una vendetta contra la decencia, la integridad y la razón. Espero estar equivocado.