23/9/24

EL ENIGMA Y EL PIRÓMANO

Harris seguirá siendo un enigma, pero Trump nos está asegurando que sería una calamidad para nuestro país.


Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú



¡Cómo cambian las cosas en un par de meses! Apenas en junio la elección de Estados Unidos parecía un asunto concluído: Joe Biden estaba muerto sin saberlo y votar sería un simple trámite para que Donald Trump regresara triunfante –con todos sus delirios e inseguridades– a la Casa Blanca el próximo año.

Pero el debate presidencial del 10 de septiembre –sumado a los cambios en las encuestas– muestra un tablero completamente distinto. Hoy la posibilidad de una presidencia de Kamala Harris es cada vez más real. Obviamente no podemos subestimar a Trump y su genética de hierba mala; y si las cosas mutaron de manera tan radical en dos meses, cualquier cosa podría pasar de aquí a la elección.

Ante un ambiente tan incierto, uno se ve obligado a recurrir a la especulación. Y hoy no existe un tema más sabroso para rumiar que el tipo de relación que existirá entre la presidenta Claudia Sheinbaum y el próximo mandatario de EE.UU. ¿Veremos cuatro años de misoginia y sexismo si gana Trump? ¿Presionará Harris a México para evitar que el Congreso haga y deshaga a su antojo las leyes de nuestro país? ¿Implosionará la relación bilateral en el próximo sexenio?

Si ustedes creen que yo tengo estas respuestas, lamento decepcionarlos. Lo que sí puedo ofrecerles es un análisis de tres temáticas fundamentales para México y la posición que cada candidato ha tomado sobre ella.

Tarifas económicas: uno de los principales problemas con Trump es su fijación con imponer tarifas a las importaciones que entran a EE.UU. Esta medida de presión diplomática y económica vio su máximo esplendor con las tarifas contra China; aunque también las impuso contra aliados como Japón y Corea del Sur. Ahora la amenaza viene hacia México: Trump ha dicho que impondrá aranceles a los automóviles que vengan de nuestro país -¡y que se chingue el TMEC si es necesario! De hecho, una planta de Tesla en Monterrey está detenida precisamente por estas amenazas, algo que podría afectar a todas las promesas del nearshoring. Por su parte, la política económica de Kamala parece ser también nacionalista, pero no tan extremista. Porque como bien la acusó Trump durante el debate: ni ella ni Biden han hecho algo por eliminar los aranceles que impuso contra China.

Migración: otra obsesión de Trump es el tema migratorio y ya hemos podido apreciar algunas de sus políticas más radicales, como la separación de las familias de migrantes en la frontera. De existir una segunda administración, Trump sería aún más cruel y sanguinario: ha amenazado con cerrar la frontera definitivamente y con deportar a millones de migrantes que actualmente viven en EE.UU. Harris no es tan despiadada, aunque seguramente veremos un reforzamiento de la frontera (como restringir la posibilidad de asilo o el número de migrantes que ingresan), pero sin llegar a ser tan inhumana como Trump.

Democracia y Estado de Derecho: con su filosofía de “America First”, Trump ha demostrado tener muy poco interés en promover los ideales liberales a nivel internacional, y creo que existe poca evidencia de que esto vaya a cambiar si se reelige. Por su parte, Kamala se ha pronunciado con vehemencia en contra de autócratas como Vladimir Putin, Xi Jinping y Víctor Orban, lo que nos permite inferir que su gobierno tendrá interés en combatir cualquier autoritarismo que vulnere el Estado de Derecho, particularmente en su “zona de influencia” inmediata (i.e. América Latina).

¿Veredicto? Cuando se trata en concreto de la política exterior hacia México, Kamala ha sido muy ambigua, mientras que Donald ha sido bastante explícito en sus planes. Esto solo nos permite una conclusión: Harris seguirá siendo un enigma, pero Trump nos está asegurando que sería una calamidad para nuestro país, ya sea en términos económicos, institucionales o humanitarios. 

La supuesta sabiduría popular nos dirá que “más vale malo conocido que bueno por conocer”, pero esto es una estupidez. En muchos casos, lo “malo conocido” se puede transformar rápidamente en algo mucho peor.

9/9/24

LOS ESTADOS UNIDOS SOVIÉTICOS

¿Está condenado el homo americanus a seguir el mismo destino del homo sovieticus?


Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú



Cada ciclo electoral en Estados Unidos trae consigo una pregunta inevitable: ¿Cuál es el papel que debe jugar este país en el mundo? Y nunca falta su complemento: ¿Se encontrará en decadencia el Imperio Yanqui? Las respuestas suelen variar dependiendo de quién responda, pero pocas me han parecido tan provocadoras como la del historiador Niall Ferguson en The Free Press: la decadencia de EE.UU. es hoy de tal magnitud que se asemeja a la última etapa de la Unión Soviética.

Como él mismo indica, la premisa parece absurda a primera vista. Pero nos invita a  analizar con más  profundidad para ver qué quizá no sea tan descabellada:

Primero los aspectos económicos: EE.UU. podrá no tener la economía disfuncional y centralizada de la URSS, pero sí presenta una periódica insolvencia fiscal que intenta remediar con incrementos de deuda, algo que también afectó a la URSS por décadas. De igual manera, el gobierno en Washington comienza  gradualmente a involucrarse en la planeación económica: la “política industrial” de Joe Biden es ejemplo perfecto, donde se beneficia con inversión a ciertos sectores de la economía sobre otros.

Ahora el aspecto militar. En su tiempo el Ejército Rojo era considerado el más numeroso y letal en el mundo… al menos en papel. Y en efecto, ni siquiera pudo derrotar una insurgencia en Afganistán, permaneciendo empantanados durante una década en una lucha estéril y destructiva (¿Suena familiar?). Sumado a esto, el Imperio Yanqui podrá tener hoy -por mucho- el mayor presupuesto militar del mundo, pero sus intereses abarcan demasiados escenarios en los más diversos y distantes lugares del mundo, llevando a que su poderío se diluya. Si uno analiza el tablero geopolítico, por más que presuman los gringos su fuerza militar, no han evitado las escaladas en agresividad por parte de China, Rusia, Irán o Corea del Norte.

Otra característica de la decadencia soviética era su gerontocracia. Ferguson nos recuerda que Leonid Brezhnev tenía 75 años cuando murió; Yuri Andropov era un jovenazo de 68 años cuando estiró la pata; y Konstantin Chernenko subió al poder a los 72 años, pero hecho una piltrafa con toda clase de achaques. En comparación, el actual presidente Biden tiene 81 años, Donald Trump 78, y Robert Kennedy Jr. siete décadas cumplidas. La edad promedio en el Senado es de 64 años y 58 para la Cámara de Representantes: no particularmente unos retoños.

Pero quizá el factor que más preocupa a Ferguson es la crisis social. La debacle moral y espiritual que vivió la URSS en sus momentos finales fue devastadora: la confianza hacia el gobierno y sus instituciones se colapsaron y la sociedad se hundió en la apatía, la hipocresía y el cinismo; llevando a una espiral de suicidios, alcoholismo y depresión. Hoy Estados Unidos vive una situación similar, donde las “muertes por desesperanza” (deaths of despair) -marcadas igulamente por las sobredosis, el alcoholismo, el suicidio y la obesidad- cobran cientos de miles de vidas anualmente. A esto debemos sumar que la presidencia, los bancos, la Suprema Corte, los medios de comunicación y el sistema judicial tienen hoy menos del 27% de confianza. El Congreso apenas llega a un 8 por ciento.

Ahora bien, ¿realmente está condenado el homo americanus a seguir el mismo destino del homo sovieticus? Con su descripción desoladora, Ferguson parece indicar que sí. Yo no estoy de acuerdo. Concuerdo en que es imposible ignorar las numerosas y muy profundas broncas que enfrentan hoy los norteamericanos; pero a diferencia de la cerrazón y la represión soviética, la cultura, organización política y las libertades que goza EE.UU. vuelven a su sociedad mucho más dinámica y con la capacidad de reinventarse, evolucionar y crecer. 

Claro que todo esto dependerá de quién gane las elecciones el próximo noviembre. Pero al menos en los discursos y actitudes de los candidatos, yo puedo prácticamente asegurar que Donald Trump profundizaría aún más la crisis, decadencia y división que viven actualmente los Estados Unidos Soviéticos. ¡Venga Kamala!