26/8/24

HIJOS DE SU RUSA MADRE

Revertir las tendencias demográficas es casi imposible por múltiples razones, la principal siendo que las mujeres hoy buscan mucho más que ser simples madres de familia


Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú



Si tienen buena memoria, sabrán que en mi columna anterior analizamos una de las macrotendencias más importantes de la actualidad: la reducción de las tasas de natalidad a nivel global. Si no se acuerdan, va lo importante:

Según los demógrafos de la ONU, la población global llegará a su punto máximo en el año 2084 y después comenzará a disminuir. Dos tercios de los humanos viven hoy en un país con una tasa de natalidad inferior a la de reemplazo (2.1 hijos por mujer), incluído México (1.8 hijos). Esta caída poblacional es particularmente severa en Europa, EE.UU., y algunos países de Asia (China, Japón y Corea del Sur) lo que ha generado un movimiento “pronatalista” que busca revertir esta tendencia. Hasta aquí el reporte.

Ahora bien, en pocos lugares del mundo la situación demográfica ha recibido tanta atención como en la Rusia de Vladimir Putin. Veamos el tamaño del problema:

En 2023, nacieron en Rusia poco más de 1 millón de niños, un 9.5 % menos que en 2021 y la cifra más baja desde 1999. De acuerdo con la ONU, de los 146 millones de rusos que existen hoy se espera que para el 2100 queden entre 74 y 112 millones. O sea, Rusia podría perder entre el 25% y el 50% de su población para finales de siglo.

Pero Vladimir Putin no piensa tirar la toalla y un reciente reportaje de The Washington Post (de Robyn Dixon, Francesca Ebel y Natalia Abbakumova) ilumina el radicalismo al que ha llegado su gobierno para intentar repoblar su decadente imperio.

En primer lugar, Putin considera la tasa demográfica como un asunto de seguridad nacional. Para esto ha volcado a todo su gabinete -e incluso a la Iglesia Ortodoxa- para promover la creación de familias más numerosas. Como indica el Post, el Kremlin ha utilizado por años su enorme aparato de propaganda para empujar una campaña masiva que refuerce los “valores tradicionales” en “un esfuerzo por forjar una sociedad puritana y militarizada, construida sobre el nacionalismo y el cristianismo ortodoxo”.

De esta forma, cualquier mujer que cumpla con la línea del gobierno es celebrada en público. De hecho, Putin ha restaurado la “Orden de la Gloria Parental” y el premio a la “Madre Heroína” para premiar a las mujeres que tengan diez o más hijos.

Como era de esperarse, esta vorágine ha generado enormes retrocesos en los derechos de las mujeres. Se han despenalizado ciertas formas de violencia doméstica, se ha reprimido el acceso al aborto -que la URSS legalizó en 1922- y funcionarios del gobierno constantemente atacan la “práctica viciosa” de mujeres que prefieren una educación o carrera profesional a su “labor” de procrear.

Al mismo tiempo, existe una campaña de desprestigio hacia cualquier ideología contraria al régimen. Aquellos que promuevan el feminismo, asuntos LGBT o cuestionan la política demográfica de Putin son vistos como “decadentes” y considerados extremistas o terroristas por el Kremlin por auspiciar “ideologías destructivas”.

Ahora viene la pregunta del millón de rublos: ¿Funcionará esta estrategia? Todo indica que no. Porque como escribí en mi columna pasada, revertir las tendencias demográficas es casi imposible por múltiples razones, la principal siendo que las mujeres hoy buscan mucho más que ser simples madres de familia.

Si un gobierno quiere lograr esta tarea hercúlea, las familias deben tener la certeza de que tener hijos no representará una carga importante en sus vidas: facilidades fiscales, guarderías gratuitas, acceso a educación de calidad, hospitales a precios accesibles, y un ambiente político, económico, cultural y social estable. 

Hoy Rusia entrega dinero y premios a las familias que tienen muchos hijos. Pero la guerra en Ucrania, un bajo crecimiento económico, altos niveles de alcoholismo y violencia doméstica, un incremento en el autoritarismo, y una prospectiva deprimente hacia el futuro hacen poco probable que un slogan patriótico o una medalla sea motivo suficiente para ponerse a parchar por la patria. 

Yo no sé ustedes, pero si yo fuera Putin lo único que estaría pensando sería: “¡Valiendoski madroski!”

12/8/24

PARCHAR POR LA PATRIA

¿Que pueden hacer entonces los etno-nacionalistas para remediar el problema de la reproducción? La respuesta sencilla es “nada”. 


Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú


Existe una extraña idea que parece unir a los partidos etno-nacionalistas en Europa y Estados Unidos: que la civilización “caucásica” está en decadencia y siendo sustituída por una cultura de inmigrantes “no Occidentales”. Esta “Gran Sustitución” está en el centro de toda retórica y de las políticas anti-inmigrantes en ambos continentes.

Junto a esta falsa concepción del mundo aparece otro planteamiento igual de extravagante: lograr que las familias “blancas” se reproduzcan más para “repoblar” a sus países y contrarrestar la influencia de los migrantes. De hecho, esto es un argumento central de Vladimir Putin, Marine Le Pen y otros.

Pero como bien dice el clásico: la realidad es bien pinche terca y al final termina por imponerse. Porque basta con revisar las cifras más recientes de la ONU sobre las tendencias demográficas para darse cuenta que la caída poblacional en los países Occidentales es algo que continuará de manera inevitable.

Una revelación del reporte “World Population Prospects” es que todos aquellos que se preocupan por la sobrepoblación pueden dormir tranquilos. Los demógrafos de la ONU esperan que el pico poblacional a nivel mundial llegue en el año 2084, cuando seamos 10,300 millones de personas habitando el planeta. Claro, esto son 2,000 millones más de seres humanos, pero no representa el apocalipsis que muchos temían. 

También dice la ONU que las mujeres en todas las latitudes del mundo están teniendo un hijo menos en promedio a los que tenían en 1990; y que en más de la mitad de los países (¡más de la mitad! ¡Incluyendo a México!) la tasa de fertilidad es menor a 2.1 hijos por mujer. O sea, una tasa inferior a lo necesario para que la sociedad pueda reemplazarse por la simple reproducción humana.

Más importante es que en 63 países la población ya ha llegado a su pico máximo, incluyendo a Rusia, Alemania y China, país que el año pasado perdió a millones de habitantes y fue superado por India como la nación más poblada.

¿Que pueden hacer entonces los etno-nacionalistas para remediar el problema de la reproducción? La respuesta sencilla es “nada”. Porque existe un concepto conocido como "impulso poblacional" (population momentum), que básicamente nos permite predecir la población de un país en el futuro; ya que la población futura depende de cuántos adultos en edad reproductiva tenga un país hoy mismo, un factor que en gran medida es inamovible.

Esta es la realidad demográfica hoy en día y hay poco que Putin, Le Pen, Giorgia Meloni o J.D. Vance puedan hacer para remediarlo. Los cambios y las tendencias poblacionales ya están prácticamente determinadas y -hasta ahora- ninguna política que promueva la reproducción ha funcionado: las familias no tienen hijos por patriotismo o por facilidades fiscales. 

Es aquí donde aparece un segundo gran problema para los etno-nacionalistas. Porque la única manera que los países de Occidente pueden mantener a sus poblaciones estables es a través de la migración. Estados Unidos es un claro ejemplo: su tasa de natalidad ha estado por debajo de la tasa de reemplazo (los 2.1 hijos) desde hace varios años, pero la tendencia poblacional para el resto del siglo se mantiene a la alza. ¿Por qué? ¡Pues gracias a la migración!

De acuerdo con estimaciones, con la tendencia migratoria actual EE.UU. tendrá en el año 2100 cerca de 421 millones de personas (hoy tiene 342 millones); pero si la migración se detuviera mañana, la población comenzaría a caer inmediatamente y llegaría 226 millones a finales de siglo. ¡Un colapso del 33 por ciento!

Así que hay buenas noticias: no debemos preocuparnos por un futuro con una sobrepoblación descontrolada; no debemos creer que la ideología racistas y anti-inmigrante son la respuesta, pues representan una catástrofe demográfica; y finalmente, no debemos temer si decidimos tener una familia pequeña o una vida sin hijos, porque si queremos una población estable basta con aceptar más migración. ¿O a poco ustedes van a reproducirse más por la gloria de la Patria mexicana?