20/5/24

PROTESTO, LUEGO EXISTO

La empatía y la indignación son igual a cualquier otro recurso natural: son finitas y se agotan


Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú



A ver… yo seré el primero en defender el derecho de los adolescentes a echar desmadre y gritar consignas que años después les parecerán ridículamente estúpidas y pretenciosas. Créanme… hablo por experiencia. Pero viendo las protestas masivas en los principales campus universitarios de Estados Unidos creo que éstas han resultado ser un absoluto despropósito y -de hecho- completamente contraproducentes. 

De entrada quiero eliminar cualquier temor y decirles que no… que mis argumentos no son moralinos ni encaminados a proponer una coerción a la libertad de expresión de estos muchachos. Aquí vengo con argumentos estrictamente pragmáticos.

En primer lugar, -y aquí le robo una idea al comediante Bill Maher- estas protestas parecen ser un ejercicio colectivo de narcisismo. Porque seamos honestos: ¿Qué factor vuelve a la causa palestina más noble o más importante que otras? ¿Por qué no protestar por la guerra en Ucrania y las masacres que ahí ocurren diariamente? ¿Por qué no protestar por el apartheid de género que existe en Afganistán? ¿O el hecho que en gran parte del mundo islámico te asesinan si eres homosexual? ¿Por qué no protestar por la hambruna en Sudán o en Somalia? 

Porque para estos estudiantes gringos (excepto aquellos que tienen un vínculo directo con el Medio Oriente) la razón de la protesta es lo de menos. Lo que ellos quieren es que sus amigos y el mundo entero (vía redes sociales) los reconozca y celebre como verdaderos “progres” y auténticos guerreros de la justicia social. Y si para ganar un par de likes en Tiktok se requiere pedir el exterminio de Israel y apoyar a un grupo terrorista con tendencias genocidas… ¡Pues viva Hamas y mueran los judíos!

Pero vamos a suponer que la mayoría de los manifestantes están actuando con las mejores intenciones. Que en verdad buscan con su relajo aliviar el sufrimiento del pueblo palestino (que hay que decirlo: lo que está haciendo Israel es inexcusable y criminal). Entonces… ¿Por qué habría bronca con esto?

La razón es muy sencilla. Porque la empatía y la indignación son igual a cualquier otro recurso natural: son finitas y se agotan; y por esta misma razón necesitamos priorizar y jerarquizar donde vamos a invertirlas.

Derivado de esto, mi problema central con las protestas universitarias (que ya se extienden por varios países, incluido México), es que están evitando que otros temas reciban la misma atención y el mismo nivel de furia; temas que directamente afectan en las vidas de estos estudiantes.

En el caso de Estados Unidos, la inconsciencia de estos estudiantes llega a niveles preocupantes. Porque mientras se desgarran las vestiduras por un conflicto a miles de kilómetros, su propia democracia está en peligro mortal, al igual que sus derechos de asamblea y su libertad de expresión.

Mucho se ha comentado sobre cómo este relajo puede costarle votos a Joe Biden en noviembre;  y entre más tiempo continúen las protestas, más apetecible se volveré el mensaje de Donald Trump que presume ser el candidato de “la ley y el orden” ¿Y saben ustedes lo que hará Trump llegando a la Casa Blanca? ¡Claro que lo saben! ¡Apoyar aún más a Israel! ¡Pisotear aún más a los palestinos! ¡Y de pasada enviarles a la Guardia Nacional a todos esos estudiantes revoltosos! 

Algo similar ocurrió en 1968, cuando las protestas contra la guerra de Vietnam (algo que sí afectaba directamente a los estudiantes de la época) dividió profundamente a los Demócratas. El resultado del caos fue la victoria de Richard Nixon, que expandió aún más la Guerra de Vietnam y tiñó a la política estadounidense de conservadurismo, autoritarismo y corrupción.

Hoy, con cada grito en las universidades que pide “Death to America”, con cada exigencia de una nueva “Intifada” y con cada estudiante que canta “From the River to the Sea”, Trump está deseando que la historia se repita.

Se los vuelvo a decir: la empatía y la indignación son finitas y se agotan. Es nuestra responsabilidad usarlas de manera inteligente.

6/5/24

LA ELECCIÓN DE LA APATÍA

En México hemos caído en una completa y absoluta apatía por las campañas políticas. 


Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú




A finales del año pasado hice una exposición catastrofista en este espacio (“El voto en los tiempos del ChatGPT”), donde exponía el peligro que representa la irrupción de la Inteligencia Artificial para las democracias. Mi preocupación era que la IA podría ser utilizada en la creación automatizada de desinformación y noticias falsas llevando al ciudadano común a no diferenciar entre la verdad y la mentira.

Aunque mi temor no se ha disipado, hasta ahora no hemos visto disrupciones importantes en los procesos electorales de El Salvador, Taiwán o Rusia, ni tampoco en las campañas presidenciales de EEUU, a pesar de su electorado altamente polarizado.

Pero aquí en México ocurre algo más raro. No sólo no hemos visto un despapaye por la IA; sino que hemos caído en algo peor: una completa y absoluta apatía por las campañas. Esta indiferencia me hace pensar que incluso si algún candidato hiciera una chicanada utilizando IA, el electorado tomaría este evento como lo ha hecho con todas las noticias de la elección: con un rotundo y sonoro “me vale madres”.

Yo no sé ustedes, pero desde que tengo uso de razón todas las campañas presidenciales habían sido un evento esperado con ansias, lleno de controversias, polémicas, traiciones y toda clase de sorpresas inesperadas. En cambio, este ciclo electoral se presenta más árido que las presas del Sistema Cutzamala. ¿Qué explica esto?

Algunos argumentarán que el problema es de origen, ya que tenemos candidatos mediocres y aparte porque la campaña inició con una abrumadora ventaja para la candidata oficialista (según todas las encuestas), que la colocó desde el arranque en un distante primer lugar. Esto evita que dicha candidata tenga que hacer cualquier esfuerzo para ganar votos, proponer ideas novedosas o incluso atacar a sus contrincantes. Basta con nadar de muertito de aquí al 2 de junio.

Pero yo creo que el problema es más de forma que de fondo. Porque por más aburrido que sea un político, siempre puede ser empaquetado para parecer auténtico, fresco y divertido. Para eso existen las legiones de asesores y publicistas que contratan los partidos con nuestros impuestos.

Lo terrible es que hoy estamos viviendo la antítesis de esto, y la razón es que nuestros políticos siguen haciendo campañas del siglo XX dirigidas a un electorado del siglo XX.

Ahí les van un par de datos: fue apenas en 2018 -a inicios de este sexenio- cuando TikTok llegó a México. Hoy la aplicación reporta 74.15 millones de usuarios activos, lo que la convierte en la tercera red social más utilizada en el país, y colocando a México como el cuarto país con más usuarios en el mundo.

Aquí es donde yo les pregunto: ¿No creen ustedes que el contacto diario de 74 millones de mexicanos con el contenido de TikTok cambia su manera de consumir información? ¿No creen que esto afecta su capacidad de retener información? ¿No creen que todos hemos cambiado psicológicamente por la inmediatez con la que recibimos millones de contenidos en Youtube o la TV por streaming?

¿Por qué entonces nuestros políticos nos siguen bombardeando con los mismos formatos de spots de hace 30 años? ¿Por qué siguen realizando estúpidos mítines igual a los de Adolfo López Mateos? ¿Por qué seguir haciendo campañas como si viviéramos en 1980 o 1950?

¿Quieren un ejemplo de una estrategia exitosa para los tiempos modernos? Ahí tienen a Javier Milei en Argentina, que armado con una motosierra gritaba a los cuatro vientos locuras sobre el anarcocapitalismo, llamaba comunista al Papa y prometía erradicar a los “zurdos de mierda”. ¡Eso es buen contenido, chinga’os! ¡Esos son mensajes para nuevas audiencias y nuevas plataformas! ¡Eso es saber venderse para un electorado moderno!

Claramente no estoy diciendo que unas elecciones histriónicas son mejores para la democracia. Lo único que propongo es que si nuestros políticos ya se agandallaron millones de pesos de nuestros impuestos para financiar sus campañas, lo mínimo que podrían hacer es darnos un buen show. Pero ni hablar… ¡Será para el 2030!