22/4/24

LA FRASE QUE SALVARÁ A LA HUMANIDAD

¿Qué declaración dejarías para la posteridad que contenga la mayor cantidad de información en la menor cantidad de palabras? 


Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú

No quiero ser pesimista, pero si uno pone atención a los acontecimientos recientes, fácilmente podría llegar a la conclusión de que el mundo se está encaminado hacia un final pronto y fatídico. 

El ejemplo obvio es la reciente pandemia que fulminó a millones de personas (y que representó apenas el preámbulo de algo mucho peor, según expertos). Pero también está el crecimiento desmedido de la inteligencia artificial, la cual ya se está usando en escenarios bélicos para seleccionar blancos de manera semiautónoma y exterminarlos. O qué tal Rusia, que amenaza con el uso de armamento nuclear en su guerra con Ucrania. Y no olvidemos la posible guerra entre China y Taiwán (¡o entre Irán e Israel!) que podría causar una Tercera Guerra Mundial. ¡Ah claro! Y no olvidemos la eterna amenaza del cambio climático que nos va a achicharrar a todos. 

¡No hay tregua, señores! Pero estoy seguro que no vinieron aquí a deprimirse. Así que mejor tomemos la premisa del fin del mundo pero démosle un spin más divertido. El ejercicio macabro que les traigo vino como inspiración de un gran episodio del podcast RadioLab (“The Cataclysm Sentence”), donde cuentan cuentan esta historia: 

Un día de 1961, el famoso físico Richard Feynman se paró frente a una sala de conferencias de Caltech y planteó esta pregunta a un grupo de estudiantes universitarios: “Si de pronto ocurriera un evento cataclismo donde todo el conocimiento científico fuera destruido, y solo un enunciado pudiera ser transmitido a la próxima generación de supervivientes… ¿Qué declaración dejarías para la posteridad que contenga la mayor cantidad de información en la menor cantidad de palabras? 

Feynman tenía una respuesta bastante buena a su propia pregunta: dejar como último mensaje la Hipótesis Atómica que establece: “todas las cosas están hechas de átomos; que son pequeñas partículas que están en perpetuo movimiento; las cuales se atraen cuando están a cierta distancia, pero se repelen cuando son apretadas una contra la otra”.

Para Feynman, uno puede ir desenvolviendo esta simple frase para revelar absolutamente todas las leyes de la física. La primera parte de su enunciado te explica de qué está hecho todo en el Universo (átomos); la segunda parte (su movimiento) te abre la puerta a la electricidad, la energía de vapor, la ciencia para volar, y otras miles de cosas. La tercera parte (cómo los átomos interactúan entre ellos) te permite entender toda la química y la biología (creación de moléculas, proteínas, todo tipo de materiales, etcétera).



Ahora bien, ni mis amigos ni yo somos físicos, ni somos expertos en la estructura básica del universo, ni tampoco somos ganadores de un premio Nobel. Pero aún así decidimos entrarle al quite y dejar nuestras frases para la posteridad. 

Empiezo yo: La mayoría de las enfermedades son causadas por seres microscópicos que podemos combatir con toda clase de medicamentos.

Daniel Morales (biotecnólogo): Puedes conocer la causa de todo fenómeno por medio de observación y manipulación cuidadosa.

Luisa Cantú (periodista): El patriarcado y el capitalismo sólo causan muerte y destrucción.

Deborah Martinez (Investigadora): Todos estamos conformados por células y cada una de ellas tiene nuestro código genético. Revisen eso.

Fernanda Kuri (consultora de imagen): ¡Dios no existe!

Gaby Berardi (rockstar): No existe el conocimiento absoluto: siempre hay una siguiente interrogante.

Angel de la Rosa (financiero): C16H18N2O4S (esto se llama “penicilina”: ¡Úsenla!)

David Guajardo Ruz (poeta): Maussan tenía razón.

¿Podrá recuperarse la humanidad con alguna de estas instrucciones? ¡Puede ser! Por lo tanto, mientras navegamos por estos tiempos turbulentos, tomen este mismo ejercicio como oportunidad para divertirse de manera perversa con sus amigos. ¿Cuál es el enunciado que tú transmitirías a la próxima generación que contenga la mayor cantidad de información en la menor cantidad de palabras? ¡Pónganse truchas porque parece que nos queda poco tiempo! 

8/4/24

HABITUARSE AL HORROR

Nos hemos habituado a los peores excesos de nuestra clase política, a sus mentiras, a sus “otros datos”, a su opacidad, y a su tergiversación de la ley. 


Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú



Hay una máxima que define perfectamente a la condición humana: “A todo se acostumbra uno”. Esta pizca de sabiduría popular se aplica en lo general a situaciones de la vida cotidiana. Por ejemplo, aquí en la CDMX uno se acostumbra a vivir entre basura, contingencias ambientales, banquetas desmadradas, servicios públicos deficientes, y el silbido asesino de los vendedores de camotes a quienes –como diría Don Carmelo en Los Olvidados– “¡ojalá los mataran a todos antes de nacer!”. Estoy divagando…

De acuerdo con la neurocientífica Tali Sharon (University College London y MIT), la razón subyacente que explica lo anterior “es una característica biológica fundamental de nuestro cerebro: la habituación”; o dicho de otra manera, “nuestra tendencia a responder cada vez menos a cosas que son constantes o que cambian lentamente.” 

Sin embargo, como indica en un reciente artículo en The New York Times (en coautoría con Cass R. Sunstein, profesor de derecho en Harvard), el problema de esta habituación es que puede aplicarse a prácticamente todo, incluido los peores crímenes y abusos en nuestra sociedad. Según los autores, ”las personas se habitúan a las mentiras y a la deshonestidad. Las personas se pueden habituar a la crueldad. Las personas se pueden habituarse al horror”. 

La clave de esta habituación está en el proverbial “incremento gradual”: todos reaccionamos ante los cambios bruscos en nuestra rutina o cotidianidad; pero todos podemos habituarnos a las cosas cuando cambian de manera escalonada.

Si lo llevamos a la esfera pública, esta habituación se percibe en la tolerancia que hemos desarrollado hacia los peores abusos de nuestros políticos; siempre y cuando cada una de sus ilegalidades, cada mentira y cada crímen sea sólo un poquito peor que el anterior. 

Esto nos suena muy familiar en México porque es nuestro pan de cada día. Nos hemos habituado a los peores excesos de nuestra clase política, a sus mentiras, a sus “otros datos”, a su opacidad, y a su tergiversación de la ley. 

Pero esto no es una característica única de los mexicanos. En todo el mundo observamos cómo la sociedad es víctima de esta habituación política. En Estados Unidos, la actitud errática de Donald Trump pasó de ser una novedad macabra a un mal chiste, y ahora está nuevamente en el primer lugar de las preferencias electorales. En Rusia, Vladimir Putin poco a poco fue cincelando las libertades de su país y ahora todos los aspectos de la vida pública se encuentran bajo su tiranía. Algo similar ocurrió en Venezuela, donde un abuso tras otro del régimen chavista fue creando una de las peores crisis humanitarias del mundo; o en Hungría, donde su sistema democrático se fue gradualmente erosionando hasta convertirse en el arquetipo de un gobierno antiliberal. Los ejemplos son incontables…

Lo importante aquí es reconocer –como indican Sharon y Sunstein– que estas degeneraciones nunca suceden súbitamente. En todos estos procesos hay cientos o miles de pasos, muchas veces imperceptibles o apenas perceptibles, que van “preparándote para que no te escandalice el siguiente paso”.

La buena noticia es que no todo está perdido. Los mismos autores indican que en todas las sociedades existen personas consideradas “emprendedores de la deshabituación”. Aquellas “que no se han acostumbrado a los males de su sociedad; que ven a la maldad como lo que realmente es y la denuncian para causar una deshabituación en los demás.” Los casos más famosos son conocidos por todos: Alexei Navalni, Malala Yousafzai, Rosa Parks, Gloria Steinem, Nelson Mandela…

Aquí en México hemos caído en una espiral de cinismo que ha vaciado nuestra cantera de “emprendedores de la deshabituación”. Es por esto que debemos siempre encumbrar y celebrar a todos aquellos que en contra de su bienestar personal, económico o físico hacen lo posible por recordarnos que los crímenes y abusos de nuestros políticos jamás deben tolerarse. Son ellos los que nos recuerdan que no podemos acostumbrarnos a vivir en un muladar y que nunca -¡nunca!- debemos de habituarnos a nuestro horror cotidiano. ¡Salud, ahí!