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24/3/25

LA ESPIRAL FATALISTA DE LOS ULTRAS

¿Está Europa condenada a ser devorada por la ultraderecha? La respuesta, por el momento, parece ser negativa.


Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú




Ahí les va un dato sorprendente: en los últimos 15 años, la ultraderecha ha pasado de ser una anomalía política a convertirse en la fuerza dominante en Europa. Ya no son los conservadores ni los socialdemócratas los que dominan el discurso público, sino los nacionalistas, populistas y radicales. El último gran terremoto vino en Alemania, donde el partido Alternativa para Alemania (AfD) obtuvo el segundo lugar en las elecciones federales de febrero. Para los que todavía creían que la historia reciente de Alemania los protegería del extremismo, parece ser hora de repensar sus convicciones.

¿Pero cómo fregados llegamos aquí? De acuerdo con The Economist, las razones que explican el auge de la “derecha dura” (hard right) no son sencillas de descifrar. Hay quienes dicen que todo comenzó con la crisis financiera del 2008, pero la evidencia para respaldar esto es bastante mixta: hoy Europa es más rica que nunca y los efectos de esta crisis han quedado superados.

Otro argumento apunta a la migración masiva de África y el Medio Oriente. Pero esta hipótesis también es imperfecta. En Alemania, por ejemplo, el grueso de los votos para Alternativa para Alemania (AfD) provino de regiones con muy poca inmigración, particularmente de la zona oriental del país.

La hipótesis de The Economist es que la nueva realidad política europea debe entenderse como consecuencia de numerosas crisis que han minado gradualmente la confianza de los electores hacia los partidos tradicionales; y que, incluso si Europa es cada vez más rica, persiste una ansiedad por la seguridad económica y la pérdida de estatus social. Esto hace susceptible al electorado a cambios culturales o sociales como la migración, incluso si ésta está ocurriendo muy lejos de sus comunidades.

Ahora viene la pregunta del millón de euros: ¿está Europa condenada a ser devorada por la ultraderecha? La respuesta, por el momento, parece ser negativa. Porque, hasta ahora, los partidos tradicionales han logrado mantener un “muro de fuego” para evitar que los ultras lleguen al poder en la mayoría de los países europeos. Esto significa que incluso con un segundo lugar en las votaciones, los radicales suelen no encontrar aliados para formar una coalición gobernante (ver los casos de Francia, España y Holanda).

Pero hay un factor bastante irónico en esta situación: porque por más impresionantes que sean los avances de los ultras en los últimos años, la base electoral de estos partidos está desapareciendo gradualmente, debido a un círculo vicioso de autodestrucción.

La periodista Amanda Taub explica en The New York Times el caso paradigmático de Alemania y esta “espiral fatalista”. En las elecciones pasadas, la AfD recibió la mayor cantidad de votos en la zona Oriental del país, la cual –todos ustedes saben– es la zona exsoviética que nunca logró integrarse del todo y hoy mantiene un desarrollo inferior a la zona Occidental.

Estos factores económicos han causado que miles de jóvenes profesionistas abandonen esta región para buscar oportunidades económicas en ciudades del oeste. Esto a su vez genera comunidades menos dinámicas, economías locales estancadas y con una población envejecida y en declive. El círculo vicioso continúa, porque esta realidad a su vez genera que los partidos tradicionales inviertan menos atención y recursos en estas zonas relegadas, lo que sirve como gasolina para el discurso de resentimiento que promueven los partidos como AfD.

Esta espiral fatalista se completa con el tema migratorio. Porque son precisamente los partidos de ultraderecha los que rechazan con mayor vehemencia la llegada de migrantes a sus países; el único factor fundamental que podría ayudar a estas comunidades abandonadas a recuperar su dinamismo económico y una vida social más vibrante.

Si quieren una buena noticia, quizá pueda ser que con sus políticas antimigratorias, la ultraderecha está cavando su propia tumba. La tragedia es que en el corto plazo, los partidos ultras están condenando a millones de personas a una vida de estancamiento, declive, resentimiento y frustración. ¿Cómo escapar de esta espiral fatalista? Esa respuesta se las dejo de tarea.

24/2/25

EL CAMINO HACIA LA ETERNIDAD

La Historia no está escrita de antemano, que no tiene un destino preestablecido y que tampoco se encuentra atrapada en un círculo eterno.


Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú




Una de las grandes tragedias de la historia reciente de México fue caer en la trampa de la “política de la inevitabilidad”. Este concepto, desarrollado por el historiador Timothy Snyder en su libro "El camino hacia la no libertad", describe la manera en que a finales del siglo XX, diversas democracias occidentales adoptaron la creencia de que la historia seguía una trayectoria “inevitable” hacia una mayor democratización y expansión de los mercados. Si están familiarizados con la tesis del “fin de la historia” de Fukuyama, comprenderán a lo que se refiere Snyder.

En México, esta concepción errónea de la historia surgió tras la elección del año 2000. Con el fin de la hegemonía priista, se impuso una narrativa optimista: el país había entrado en una senda inevitable hacia la libertad y la democracia plenas. Sin embargo, como advierte Snyder, la política de la inevitabilidad requiere olvidar la historia y minimizar los problemas reales del presente. Si las leyes del progreso son inalterables y el futuro está garantizado, entonces no hay nada que debamos o podamos hacer.

Esta mentalidad lleva a tratar cada problema como un episodio menor dentro de la ruta hacia el progreso. Si hay pobreza, el mercado la corregirá con el tiempo; si hay descontento social o violencia, las instituciones democráticas las solucionarán por sí solas. La consecuencia de esta creencia es que “nadie es responsable, porque todos sabemos que los detalles se resolverán de la mejor manera posible”. Pero la historia nos demuestra que nada es inevitable, que los problemas no se solucionan espontáneamente y que el mercado no puede reemplazar a la política.

Cuando los problemas se acumulan y, en particular, cuando la movilidad social se detiene, la política de la inevitabilidad da paso a la “política de la eternidad”. Esta también es una visión distorsionada de la historia, pero con una diferencia clave: mientras la inevitabilidad promete un futuro mejor, la eternidad encierra a una nación en un ciclo de victimismo perpetuo. Como explica Snyder, “ya no existe una línea que se proyecta hacia el futuro, sino un círculo donde las amenazas del pasado regresan una y otra vez”.

Para que la política de la eternidad se instaure, primero debe bloquearse la movilidad social. Esto genera una sociedad incapaz de imaginar un futuro viable y allana el camino para la aparición de una oligarquía liderada por un caudillo que se presenta como el único salvador del país. Así sucedió en Rusia con la llegada de Vladimir Putin y es un fenómeno que también se observa en Estados Unidos con Donald Trump. 

En ambos casos, la política de la eternidad no promete un porvenir mejor, sino un regreso a un (falso) pasado glorioso e idealizado. En su afán por consolidar el poder, el Gran Líder destruye a las instituciones y establece un vínculo directo y sagrado entre el líder y el pueblo. El ejercicio del gobierno se convierte en un espectáculo basado en ficciones, mitos y crisis fabricadas, que sólo el Líder -naturalmente- puede solucionar. Al final, la política deja de ser vista como algo que “se hace” y se transforma en algo que simplemente “es”.

México cayó en la trampa de la inevitabilidad y hoy parece dirigirse hacia la trampa de la eternidad. Tal vez ya sea tarde para revertir el proceso, pero Snyder nos ofrece un consejo crucial: recuperar la historia. Porque recordar cómo ocurrió la desintegración democrática puede servirnos como manual para reparar lo que finalmente nos quede.

Al final, es importante recordar que la Historia no está escrita de antemano, que no tiene un destino preestablecido y que tampoco se encuentra atrapada en un círculo eterno. Cambiar nuestra historia depende de la voluntad, la acción y la responsabilidad de los ciudadanos. Porque la verdadera tragedia no es caer en la política de la eternidad, sino resignarnos a ella. 

Si queremos evitar que el país quede atrapado en un ciclo de victimismo, es momento de asumir la historia como un acto de construcción colectiva y no como una narrativa impuesta desde el poder.

13/1/25

EL CUARTO CRECIENTE: 25 AÑOS DEL SIGLO XXI

Cumplimos 25 años de disrupciones que marcarán la pauta para los próximos 75 años de este siglo (si es que logramos sobrevivir)


Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú



Pues bueno muchachos… ¡bienvenidos al 2025 y felicidades por sobrevivir al primer cuarto del siglo! Y antes de que rezonguen, sí… yo sé que hablar de “un cuarto de siglo” es un hito totalmente arbitrario. Pero somos sapiens… y a los humanos nos gustan este tipo de cosas y se chingó.

Dicho lo anterior, tampoco quisiera ponerme cabalístico ni numerólogo con ustedes (¡faltaba más!), pero sí creo que debemos tomarnos un minuto para analizar la importancia que han tenido estos primeros 25 años recorridos. Porque algo cierto es que por lo menos en los últimos dos siglos, estos primeros 25 años han sido los que han marcado la pauta de su época. 

¿No me creen? Vayamos entonces al primer cuarto del siglo XIX. Si vemos el panorama Latinoamericano, tenemos a todos los territorios del Imperio Español conspirando para separarse de la Metrópoli. Para 1825, prácticamente todos habían logrado su independencia, llevando a la región entera a una espiral de caos que tardó muchas décadas en terminar (y que en algunos casos sigue irresuelta).

Por su parte, Estados Unidos pasaría de ser un pequeño territorio independiente a iniciar su expansión hacia el oeste con la Compra de Louisiana (1803); evento que culminaría después con su merienda de la mitad del territorio mexicano y con la imposición de la Doctrina Monroe en todo el continente, transformando hasta hoy el escenario geopolítico latinoamericano.

Del otro lado del Atlántico vemos a una Europa todavía en efervescencia por la Revolución Francesa y a punto de iniciar las guerras napoleónicas (1803-1815) que cambiarían radicalmente la composición económica, política y diplomática del continente durante los próximos 100 años.

Cruzando de siglo, vemos que el siglo XX nos ofrece también una situación igual de transformadora. En los primeros 25 años tuvimos la Revolución Mexicana (1910) que cambiaría el perfil ideológico, cultural y político de nuestro país con consecuencias hasta la actualidad. En Europa explotaría la primera gran guerra con repercusiones mundiales (1914-1918), y la primera gran pandemia con alcance global (1918-1920). Vimos la Revolución Bolchevique devorar a la dinastía Romanov (1917) y crear un imperio comunista con una de las ideologías más nefastas y sangrientas de la historia; y en Italia veríamos el ascenso de Benito Mussolini y el fascismo (1922), que abriría las puertas a otro de los episodios más sangrientos en la historia.

Ahora bien: ¿Algo de trascendencia similar ocurrió en el primer cuarto del siglo XXI? ¡Por supuesto! En México iniciamos el nuevo siglo con la transición democrática que implosionó apenas 18 años después con el regreso de un partido hegemónico.

A nivel internacional, el primer gran cisma ocurrió en 2001 con los ataques terroristas del 11 de septiembre en Nueva York y Washington DC que transformarían la visión liberal de Estados Unidos en algo más oscuro, paranoico y violento. A finales del 2001 también vimos el ingreso oficial de China a la OMC, pavimentando su camino para ascender como superpotencia comercial y creando las condiciones para una nueva Guerra Fría que dominará el escenario internacional por los próximos 75 años.

Pero quizá los eventos más importantes han sido el desarrollo de dos tecnologías: los algoritmos que dominan a las redes sociales y la inteligencia artificial. La primera ha transformado por completo las relaciones humanas, llevando a la polarización social y la ubicuidad de las noticias falsas, teorías de conspiración y otros contenidos tóxicos. De la inteligencia artificial aún no conocemos sus últimas consecuencias, pero viendo el avance logrado en tan pocos años, podemos esperar un terremoto cultural, laboral, político y económico de dimensiones nunca antes vistas.
 
Ahí lo tienen: 25 años de disrupciones que continuarán marcando la pauta para los próximos 75 años que le restan a este siglo (si es que logramos sobrevivir). Por lo pronto, yo los invito a que sigan reflexionando sobre el camino recorrido hasta ahora. Porque como diría Alex Lora: “Recordar es vivir, y todos queremos vivir más”. ¡Salud, raza!

4/11/24

V DE VENGANZA

A estas alturas del juego, ningún votante puede fingir ignorancia: todos saben perfectamente quién es y qué representa Trump.


Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú



Cuando necesiten una buena dosis de polémica, siempre pueden confiar en Francis Fukuyama. En su más reciente comentario en Foreign Affairs, el analista político propone una hipótesis: a pesar de que la democracia ha retrocedido por casi dos décadas, el 2024 ha sido un buen año para este sistema político a nivel mundial.

Si no se acuerdan, el 2024 fue llamado “el año de la democracia”, ya que en más de 100 países, incluidos ocho de las 10 naciones más pobladas, hubo o habrá elecciones para cambiar a sus gobernantes. En total, más de la mitad de la población global -unas 4,000 millones- tendrían la posibilidad de votar.

Fukuyama reconoce que no todo ha sido color de rosa: en algunos lugares, políticos autoritarios salieron victoriosos. Pero basta ver lo ocurrido en Taiwán, Finlandia, Sudáfrica, India, Mongolia, el Parlamento Europeo y muchos otros lugares para ver que hay esperanza para los defensores del liberalismo democrático.

Fukuyama concluye diciendo que la lección en todo esto “es que la victoria de políticos populistas o autoritarios no es inevitable”. La regresión democrática puede detenerse y resistirse y que incluso en estos “tiempos desalentadores”, los ciudadanos tienen el poder de elegir un mejor futuro. ¡Hasta aquí todo bien y bonito! 

Pero inmediatamente nos encontramos con un problema que descarrila toda nuestro optimismo en la humanidad: la elección en Estados Unidos; que debido a su peso económico y geopolítico importa más que todas las otras elecciones juntas. ¿Y cuál es el pronóstico a pocos días de los comicios? Obviamente el más aterrador: Trump seguramente saldrá victorioso.

Esto en sí mismo ya es una catástrofe suficiente, pero me temo que las consecuencias para el futuro serán aún peores. Porque el hecho de que Trump tenga siquiera una posibilidad de ganar habla de un nihilismo tóxico que se ha apoderado de la sociedad estadounidense, el cual no creo que desaparecerá en el corto plazo.

Por años el electorado ha visto que Trump es un mitómano, megalómano e ignorante: no les ha importado. Por meses se ha comprobado que la economía gringa está pasando por uno de sus mejores momentos en la historia (“la envidia del mundo”, dijo The Economist): vale madres. Se ha dicho que los aranceles de Trump perjudicarán a los más pobres: la gente adora esta estrategia. Se sabe que su retórica es similar a la utilizada por Hitler y Mussolini (llamando “parásitos” a sus enemigos): no es relevante. Él mismo ha dicho que quiere utilizar al Poder Judicial para perseguir a sus opositores y usar al Ejército para reprimir a sus enemigos: nobody fucking cares!

Es obvio que a estas alturas del juego, ningún votante puede fingir ignorancia: todos saben perfectamente quién es y qué representa Trump. Pero quizás es debido a esto –y no a pesar de esto– que millones de electores votarán por él.

Porque como explica Tom Nichols en The Atlantic, para millones de personas esta elección es un simple acto de “venganza social”. Son millones los que celebran que Trump sea aterrador, que diariamente cruce los límites de la decencia, y que amenace con violencia a sus opositores. Son millones los que voluntariamente decidieron creer y consumir diariamente la dieta tóxica de injurias, resentimiento social e inseguridades que promovió Trump y que ahora estalla como una pasión anárquica que busca castigar, humillar y hundir en la miseria a todos aquellos que han sido señalados como culpables de causar estos agravios (la mayoría agravios imaginarios).

Kamala Harris no puede competir contra esto. Ella podrá proponer todas las políticas sensatas que gusten y hablar de virtudes republicanas, pero al final este tipo de discurso no es competitivo por una sencilla razón: a gran parte del electorado ya nada de esto le importa, ya sea por ese profundo resentimiento social o por el simple placer de ver al mundo arder.

Todo esto nos lleva a una conclusión terrible: a lo que EE.UU se enfrenta no es a una elección, sino a una pugna fratricida. O dicho de otra manera, el 5 de noviembre no será un proceso democrático: será una vendetta contra la decencia, la integridad y la razón. Espero estar equivocado.

7/10/24

TERROR CELULAR

Hoy nos encontramos inmersos en un nuevo “pánico moral”, similar a lo que ha ocurrido con los videojuegos, el porno o las películas violentas.


Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú



Hoy nos encontramos inmersos en un nuevo “pánico moral”, similar a lo que ha ocurrido con los videojuegos, el porno o las películas violentas. ¿El gran villano moderno? Las redes sociales y sus perversos algoritmos que están destruyendo las frágiles mentes de la juventud; arrastrándola a una vida de inestabilidad y miseria.

El psicólogo social Jonathan Haidt es uno de los principales promotores de esta hipótesis. En su libro “The Anxious Generation”, argumenta que el auge de los smartphones y el uso excesivo de redes sociales está literalmente “recableando” el cerebro de los chamacos y esto se ha traducido en altos niveles de depresión, ansiedad y suicidios.

A simple vista, su argumento suena plausible. Estoy seguro que todos ustedes han sido susceptibles a los riesgos de las redes sociales; donde uno puede perderse por horas viendo videos estúpidos que nos hacen perder el tiempo (en el mejor de los casos) o que nos generan toda clase de inseguridades al comparar nuestros cuerpos o estilos de vida con los de personas que ni siquiera conocemos. Y si esto nos pasa a nosotros que somos adultos inteligentes… ¿Qué no causará a los morros estúpidos?

Pero el tema se complica cuando uno se adentra en los datos duros. Como explica David Wallace-Wells en The New York Times, un aspecto que muchos ignoran es que justo cuando Facebook, Instagram y otros estaban cambiando sus algoritmos para hacerlos más adictivos, el gobierno de EE.UU. también estaba reformando la manera en la que atendía y medía las enfermedades psicológicas. 

Por ejemplo, en 2011 -justo con el auge masivo de las redes sociales- el Departamento de Salud de EE.UU. recomendó por primera vez que los adolescentes se hicieran pruebas anuales de depresión y exigió que los seguros las cubrieran; esto hizo que los casos de depresión aumentaran. En 2015, los hospitales comenzaron a clasificar de manera distinta las heridas autoinfligidas de las accidentales, lo que terminó por duplicar los registros de autolesiones en todos los grupos demográficos. Un aumento similar también ocurrió cuando se actualizó la clasificación de “ideación suicida”.

Ahora bien, las tasas de suicidio entre los jóvenes estadounidenses sí han estado aumentado en la última década, pero esta es una tendencia que se ha visto en casi todas las demografías. Y como indica Wallace-Wells, cuando uno revisa las estadísticas de otros países desarrollados, las tasas de suicidio adolescente han permanecido estables o incluso han disminuido. ¡Y eso que todos usan las mismas redes sociales!

¡Bueno!, dirán ustedes, ¡pero no todo es autolesión o suicidio! De acuerdo… y como argumenta Haidt, las tasas de depresión y ansiedad sí han aumentado entre los adolescentes alrededor del mundo.

Pero aquí nos enfrentamos a otro problema, porque resulta muy difícil separar los aumentos en las tasas de enfermedades psicológicas con la creciente conciencia y desestigmatización que existe hacia la salud mental en el mundo desarrollado. O dicho de otra manera, entre más atención le pongamos a una enfermedad, más casos vamos a encontrar de esa enfermedad.

Al final nos encontramos en un pantano de datos y estadísticas, donde la imagen que surge depende de cómo se mida un fenómeno. Todo esto nos impide tener una conclusión clara o llegar a un veredicto final. 

Pero entonces… ¿Esto significa que los morros están a salvo? ¡Definitivamente no! Estoy seguro que los chamacos de hoy enfrentan toda clase de presiones, inseguridades y miedos que nosotros (los adultos) ni siquiera comprendemos; y yo jamás pagaría por regresar a ser un adolescente en este momento del siglo XXI. 

¿Pero qué debemos hacer? Creo que la respuesta es muy sencilla: ¡Hay que dejar de joder y atosigar a los adolescentes! Porque les aseguro que estar medicándolos con pastillas y sobreprotegiéndolos sólo va a empeorar sus vidas y su situación psicológica. 

Y bueno… si van a prohibir los celulares en las escuelas (como ya ocurre en varios estados de EE.UU.), a mí me parece muy bien: queda claro que los niños están demasiado distraídos y no están aprendiendo una chingada.

9/9/24

LOS ESTADOS UNIDOS SOVIÉTICOS

¿Está condenado el homo americanus a seguir el mismo destino del homo sovieticus?


Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú



Cada ciclo electoral en Estados Unidos trae consigo una pregunta inevitable: ¿Cuál es el papel que debe jugar este país en el mundo? Y nunca falta su complemento: ¿Se encontrará en decadencia el Imperio Yanqui? Las respuestas suelen variar dependiendo de quién responda, pero pocas me han parecido tan provocadoras como la del historiador Niall Ferguson en The Free Press: la decadencia de EE.UU. es hoy de tal magnitud que se asemeja a la última etapa de la Unión Soviética.

Como él mismo indica, la premisa parece absurda a primera vista. Pero nos invita a  analizar con más  profundidad para ver qué quizá no sea tan descabellada:

Primero los aspectos económicos: EE.UU. podrá no tener la economía disfuncional y centralizada de la URSS, pero sí presenta una periódica insolvencia fiscal que intenta remediar con incrementos de deuda, algo que también afectó a la URSS por décadas. De igual manera, el gobierno en Washington comienza  gradualmente a involucrarse en la planeación económica: la “política industrial” de Joe Biden es ejemplo perfecto, donde se beneficia con inversión a ciertos sectores de la economía sobre otros.

Ahora el aspecto militar. En su tiempo el Ejército Rojo era considerado el más numeroso y letal en el mundo… al menos en papel. Y en efecto, ni siquiera pudo derrotar una insurgencia en Afganistán, permaneciendo empantanados durante una década en una lucha estéril y destructiva (¿Suena familiar?). Sumado a esto, el Imperio Yanqui podrá tener hoy -por mucho- el mayor presupuesto militar del mundo, pero sus intereses abarcan demasiados escenarios en los más diversos y distantes lugares del mundo, llevando a que su poderío se diluya. Si uno analiza el tablero geopolítico, por más que presuman los gringos su fuerza militar, no han evitado las escaladas en agresividad por parte de China, Rusia, Irán o Corea del Norte.

Otra característica de la decadencia soviética era su gerontocracia. Ferguson nos recuerda que Leonid Brezhnev tenía 75 años cuando murió; Yuri Andropov era un jovenazo de 68 años cuando estiró la pata; y Konstantin Chernenko subió al poder a los 72 años, pero hecho una piltrafa con toda clase de achaques. En comparación, el actual presidente Biden tiene 81 años, Donald Trump 78, y Robert Kennedy Jr. siete décadas cumplidas. La edad promedio en el Senado es de 64 años y 58 para la Cámara de Representantes: no particularmente unos retoños.

Pero quizá el factor que más preocupa a Ferguson es la crisis social. La debacle moral y espiritual que vivió la URSS en sus momentos finales fue devastadora: la confianza hacia el gobierno y sus instituciones se colapsaron y la sociedad se hundió en la apatía, la hipocresía y el cinismo; llevando a una espiral de suicidios, alcoholismo y depresión. Hoy Estados Unidos vive una situación similar, donde las “muertes por desesperanza” (deaths of despair) -marcadas igulamente por las sobredosis, el alcoholismo, el suicidio y la obesidad- cobran cientos de miles de vidas anualmente. A esto debemos sumar que la presidencia, los bancos, la Suprema Corte, los medios de comunicación y el sistema judicial tienen hoy menos del 27% de confianza. El Congreso apenas llega a un 8 por ciento.

Ahora bien, ¿realmente está condenado el homo americanus a seguir el mismo destino del homo sovieticus? Con su descripción desoladora, Ferguson parece indicar que sí. Yo no estoy de acuerdo. Concuerdo en que es imposible ignorar las numerosas y muy profundas broncas que enfrentan hoy los norteamericanos; pero a diferencia de la cerrazón y la represión soviética, la cultura, organización política y las libertades que goza EE.UU. vuelven a su sociedad mucho más dinámica y con la capacidad de reinventarse, evolucionar y crecer. 

Claro que todo esto dependerá de quién gane las elecciones el próximo noviembre. Pero al menos en los discursos y actitudes de los candidatos, yo puedo prácticamente asegurar que Donald Trump profundizaría aún más la crisis, decadencia y división que viven actualmente los Estados Unidos Soviéticos. ¡Venga Kamala!

26/8/24

HIJOS DE SU RUSA MADRE

Revertir las tendencias demográficas es casi imposible por múltiples razones, la principal siendo que las mujeres hoy buscan mucho más que ser simples madres de familia


Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú



Si tienen buena memoria, sabrán que en mi columna anterior analizamos una de las macrotendencias más importantes de la actualidad: la reducción de las tasas de natalidad a nivel global. Si no se acuerdan, va lo importante:

Según los demógrafos de la ONU, la población global llegará a su punto máximo en el año 2084 y después comenzará a disminuir. Dos tercios de los humanos viven hoy en un país con una tasa de natalidad inferior a la de reemplazo (2.1 hijos por mujer), incluído México (1.8 hijos). Esta caída poblacional es particularmente severa en Europa, EE.UU., y algunos países de Asia (China, Japón y Corea del Sur) lo que ha generado un movimiento “pronatalista” que busca revertir esta tendencia. Hasta aquí el reporte.

Ahora bien, en pocos lugares del mundo la situación demográfica ha recibido tanta atención como en la Rusia de Vladimir Putin. Veamos el tamaño del problema:

En 2023, nacieron en Rusia poco más de 1 millón de niños, un 9.5 % menos que en 2021 y la cifra más baja desde 1999. De acuerdo con la ONU, de los 146 millones de rusos que existen hoy se espera que para el 2100 queden entre 74 y 112 millones. O sea, Rusia podría perder entre el 25% y el 50% de su población para finales de siglo.

Pero Vladimir Putin no piensa tirar la toalla y un reciente reportaje de The Washington Post (de Robyn Dixon, Francesca Ebel y Natalia Abbakumova) ilumina el radicalismo al que ha llegado su gobierno para intentar repoblar su decadente imperio.

En primer lugar, Putin considera la tasa demográfica como un asunto de seguridad nacional. Para esto ha volcado a todo su gabinete -e incluso a la Iglesia Ortodoxa- para promover la creación de familias más numerosas. Como indica el Post, el Kremlin ha utilizado por años su enorme aparato de propaganda para empujar una campaña masiva que refuerce los “valores tradicionales” en “un esfuerzo por forjar una sociedad puritana y militarizada, construida sobre el nacionalismo y el cristianismo ortodoxo”.

De esta forma, cualquier mujer que cumpla con la línea del gobierno es celebrada en público. De hecho, Putin ha restaurado la “Orden de la Gloria Parental” y el premio a la “Madre Heroína” para premiar a las mujeres que tengan diez o más hijos.

Como era de esperarse, esta vorágine ha generado enormes retrocesos en los derechos de las mujeres. Se han despenalizado ciertas formas de violencia doméstica, se ha reprimido el acceso al aborto -que la URSS legalizó en 1922- y funcionarios del gobierno constantemente atacan la “práctica viciosa” de mujeres que prefieren una educación o carrera profesional a su “labor” de procrear.

Al mismo tiempo, existe una campaña de desprestigio hacia cualquier ideología contraria al régimen. Aquellos que promuevan el feminismo, asuntos LGBT o cuestionan la política demográfica de Putin son vistos como “decadentes” y considerados extremistas o terroristas por el Kremlin por auspiciar “ideologías destructivas”.

Ahora viene la pregunta del millón de rublos: ¿Funcionará esta estrategia? Todo indica que no. Porque como escribí en mi columna pasada, revertir las tendencias demográficas es casi imposible por múltiples razones, la principal siendo que las mujeres hoy buscan mucho más que ser simples madres de familia.

Si un gobierno quiere lograr esta tarea hercúlea, las familias deben tener la certeza de que tener hijos no representará una carga importante en sus vidas: facilidades fiscales, guarderías gratuitas, acceso a educación de calidad, hospitales a precios accesibles, y un ambiente político, económico, cultural y social estable. 

Hoy Rusia entrega dinero y premios a las familias que tienen muchos hijos. Pero la guerra en Ucrania, un bajo crecimiento económico, altos niveles de alcoholismo y violencia doméstica, un incremento en el autoritarismo, y una prospectiva deprimente hacia el futuro hacen poco probable que un slogan patriótico o una medalla sea motivo suficiente para ponerse a parchar por la patria. 

Yo no sé ustedes, pero si yo fuera Putin lo único que estaría pensando sería: “¡Valiendoski madroski!”

12/8/24

PARCHAR POR LA PATRIA

¿Que pueden hacer entonces los etno-nacionalistas para remediar el problema de la reproducción? La respuesta sencilla es “nada”. 


Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú


Existe una extraña idea que parece unir a los partidos etno-nacionalistas en Europa y Estados Unidos: que la civilización “caucásica” está en decadencia y siendo sustituída por una cultura de inmigrantes “no Occidentales”. Esta “Gran Sustitución” está en el centro de toda retórica y de las políticas anti-inmigrantes en ambos continentes.

Junto a esta falsa concepción del mundo aparece otro planteamiento igual de extravagante: lograr que las familias “blancas” se reproduzcan más para “repoblar” a sus países y contrarrestar la influencia de los migrantes. De hecho, esto es un argumento central de Vladimir Putin, Marine Le Pen y otros.

Pero como bien dice el clásico: la realidad es bien pinche terca y al final termina por imponerse. Porque basta con revisar las cifras más recientes de la ONU sobre las tendencias demográficas para darse cuenta que la caída poblacional en los países Occidentales es algo que continuará de manera inevitable.

Una revelación del reporte “World Population Prospects” es que todos aquellos que se preocupan por la sobrepoblación pueden dormir tranquilos. Los demógrafos de la ONU esperan que el pico poblacional a nivel mundial llegue en el año 2084, cuando seamos 10,300 millones de personas habitando el planeta. Claro, esto son 2,000 millones más de seres humanos, pero no representa el apocalipsis que muchos temían. 

También dice la ONU que las mujeres en todas las latitudes del mundo están teniendo un hijo menos en promedio a los que tenían en 1990; y que en más de la mitad de los países (¡más de la mitad! ¡Incluyendo a México!) la tasa de fertilidad es menor a 2.1 hijos por mujer. O sea, una tasa inferior a lo necesario para que la sociedad pueda reemplazarse por la simple reproducción humana.

Más importante es que en 63 países la población ya ha llegado a su pico máximo, incluyendo a Rusia, Alemania y China, país que el año pasado perdió a millones de habitantes y fue superado por India como la nación más poblada.

¿Que pueden hacer entonces los etno-nacionalistas para remediar el problema de la reproducción? La respuesta sencilla es “nada”. Porque existe un concepto conocido como "impulso poblacional" (population momentum), que básicamente nos permite predecir la población de un país en el futuro; ya que la población futura depende de cuántos adultos en edad reproductiva tenga un país hoy mismo, un factor que en gran medida es inamovible.

Esta es la realidad demográfica hoy en día y hay poco que Putin, Le Pen, Giorgia Meloni o J.D. Vance puedan hacer para remediarlo. Los cambios y las tendencias poblacionales ya están prácticamente determinadas y -hasta ahora- ninguna política que promueva la reproducción ha funcionado: las familias no tienen hijos por patriotismo o por facilidades fiscales. 

Es aquí donde aparece un segundo gran problema para los etno-nacionalistas. Porque la única manera que los países de Occidente pueden mantener a sus poblaciones estables es a través de la migración. Estados Unidos es un claro ejemplo: su tasa de natalidad ha estado por debajo de la tasa de reemplazo (los 2.1 hijos) desde hace varios años, pero la tendencia poblacional para el resto del siglo se mantiene a la alza. ¿Por qué? ¡Pues gracias a la migración!

De acuerdo con estimaciones, con la tendencia migratoria actual EE.UU. tendrá en el año 2100 cerca de 421 millones de personas (hoy tiene 342 millones); pero si la migración se detuviera mañana, la población comenzaría a caer inmediatamente y llegaría 226 millones a finales de siglo. ¡Un colapso del 33 por ciento!

Así que hay buenas noticias: no debemos preocuparnos por un futuro con una sobrepoblación descontrolada; no debemos creer que la ideología racistas y anti-inmigrante son la respuesta, pues representan una catástrofe demográfica; y finalmente, no debemos temer si decidimos tener una familia pequeña o una vida sin hijos, porque si queremos una población estable basta con aceptar más migración. ¿O a poco ustedes van a reproducirse más por la gloria de la Patria mexicana?

29/7/24

¡NUNCA FALTA UN ESTÚPIDO!

Sólo la detección, la previsión y la toma de acciones preventivas puede salvarnos de ser la próxima víctima de un estúpido errante.


Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú



Si ustedes han leído mis columnas en esta prestigiosa revista sabrán que no soy ningún amigo del dictador en potencia llamado Donald Trump. Sin embargo, tampoco le deseo la muerte al pelado, como estuvo a punto de suceder en el ahora mítico rally de Pensilvania. 

Este potencial magnicidio me obliga a rescatar las reflexiones que realizó el historiador italiano Carlo M. Cipolla en su magnífico texto titulado: “Las Leyes Fundamentales de la Estupidez Humana”. Porque no se confundan: un intento de asesinato (¡Y fallido, para acabarla de fregar!) sólo puede ser obra de un rotundo y reverendo estúpido.

Repasemos rápidamente las “Cinco Leyes” de la estupidez que propone Cipolla para ver cómo aplican para nuestra vida en general y para el atentado contra Donald Trump; con la aclaración de que tendré que sintetizar enormemente sus ideas para que puedan caber en este breve espacio. ¡Adelante!

Primera Ley Fundamental: “Siempre e inevitablemente cada uno de nosotros subestima el número de individuos estúpidos que circulan por el mundo”. Esta ley no requiere de gran explicación: piensa en el número de estúpidos que crees que existen en tu familia, en tu empresa, en tu ciudad, en tu país y en el mundo entero… y ten por seguro que estarás equivocado, pues “cualquier estimación numérica resultaría ser una subestimación”, apunta Cipolla. 

Segunda Ley Fundamental: “La probabilidad de que una persona determinada sea estúpida es independiente de cualquier otra característica de la misma persona”. Dicho de otra manera, no importa la religión, raza, sexo, edad, lugar de nacimiento o incluso nivel de educación: la Madre Naturaleza ha repartido de manera equitativa la estupidez. O como indica Cipolla, “la estupidez humana es una prerrogativa indiscriminada de todos y de cualquier grupo humano, y tal prerrogativa está uniformemente distribuida”.

Tercera Ley Fundamental (Ley de Oro): “Una persona estúpida es una persona que causa un daño a otra persona o grupo de personas sin obtener, al mismo tiempo, un provecho para sí misma, o incluso obteniendo un perjuicio”. Aquí encontramos una conexión clave con el estúpido tirador que intentó asesinar a Trump. Porque como subraya Cipolla en su texto, la principal característica de los estúpidos es que son criaturas que “en los momentos más impensables e inconvenientes, se le ocurre causarnos daños, frustraciones y dificultades, sin que en ella vaya a ganar absolutamente nada con su acciones”. En este caso, el estúpido asesino en potencia no sólo causó una enorme turbulencia política para Estados Unidos; también causó un torbellino innecesario de temor y caos en el mundo entero… y para acbarla de fregar, el estúpido terminó perdiendo su propia vida.

Cuarta Ley Fundamental: “Las personas no estúpidas subestiman siempre el potencial nocivo de las personas estúpidas”. Sobre esta ley fundamental, Cipolla explica que al momento de encontrarse frente a un estúpido, las personas racionales tienden a subestimarlo o incluso a despreciarlo, cuando la reacción inteligente es preparar las defensas para contrarrestar el efecto de sus acciones. Esta preparación es importantísima, porque debido a que comportamiento del estúpido es siempre errático “no se pueden prever todas sus acciones y reacciones, y muy pronto, uno se verá arruinado o destruido por sus imprevisibles acciones”. Esto nuevamente aplica mejor para el tirador fracasado: Sabiendo que era un estúpido… ¿Por qué nadie tomó las acciones necesarias para detenerlo a tiempo?

La quinta y última ley fundamental: “La persona estúpida es el tipo de persona más peligrosa que existe”. ¡Nada más cierto! Y a esta máxima podemos aplicarle una coda: “Una persona estúpida es más peligrosa que una persona malvada.” 

Ahora que tienen esta información, sólo me queda decirles que es responsabilidad de todos nosotros (los inteligentes y racionales) mantenernos en constante alerta. Porque sólo la detección, la previsión y la toma de acciones preventivas puede salvarnos de ser la próxima víctima de un estúpido errante. 

¡Sobre aviso no hay engaño, raza!

1/7/24

TRES PREDICCIONES PARA LA PRÓXIMA DÉCADA

Veamos tres casos optimistas qué los colegas de Vox piensan que ocurrirán en los próximos 10 años.


Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú




“Es difícil hacer predicciones, especialmente del futuro”.
- Niels Bohr (quizá apócrifa)

A nadie sorprende que los resultados del 2 de junio hayan dejado los ánimos crispados en varios sectores de la sociedad. Si uno ve las noticias, las predicciones abundan sobre lo que podría ocurrir en los próximos años: algunas son optimistas, otras cautelosas y muchas catastrofistas. 

Pero este ejercicio me parece angustiante y estéril. Si la nueva presidenta no gobernará hasta dentro de tres meses, realmente no tenemos ningún tipo de data para realizar predicciones sobre su gobierno.

Mejor vemos algunos pronósticos que sí están basados en información dura. Esto fue lo que hicieron los colegas de Vox (el medio de comunicación, no el partido ultra de España), que tras cumplir su primera década de existencia decidieron hacer un poco de periodismo adelantador y prever lo que podrá ocurrir en la siguiente década. Para no quedarse en simples especulaciones, agregaron un porcentaje de probabilidad a cada una de sus predicciones. Sin más rodeos, veamos tres casos optimistas qué los colegas de Vox piensan que ocurrirán en los próximos 10 años.

1. Menos del 7% de la población global vivirá por debajo de la línea de pobreza que establece el Banco Mundial. [70% de probabilidad]: La lucha a nivel global contra la pobreza extrema es uno de los mayores éxitos en las últimas décadas. Entre 1990 y 2019 la pobreza extrema en el mundo pasó de un escandaloso 38% a sólo 8.9%. Gran parte de esta caída se debe al progreso logrado por China y la India, que abandonaron sus modelos económicos inservibles para unirse de lleno al comercio mundial y la globalización. Hoy, las proyecciones del BM indican que para el año 2030 sólo el 6.8% de la población vivirá en pobreza extrema. Claro… todo esto si no ocurren nuevas pandemias o una guerra mundial. 

2. La esperanza de vida a nivel mundial superará los 75 años [60% de probabilidad]: El incremento en la esperanza de vida también ha sido un absoluto éxito. Cuando la ONU comenzó a medir esta cifra en 1950, la esperanza de vida a nivel global era de 46.5 años. Pero en su más reciente reporte (“Perspectivas de la Población Mundial”), se prevé que esta cifra alcance los 75.2 años (en promedio, ya que hay diferencias regionales) en los próximos 10 años. Gran parte de esta mejora se debe a que la humanidad seguirá viendo avances médicos en el corto plazo que nos podrían ayudar a eliminar la malaria, la tuberculosis o incluso el SIDA, generando prosperidad en todas las latitudes del mundo.

3. Las emisiones de carbono por la producción de energía alcanzarán su punto máximo [85 por ciento]: Desde que se tiene registro (excepto en 2020, por la pandemia), las emisiones de gases de efecto invernadero sólo han incrementado año tras año. Pero de acuerdo con la Agencia Internacional de Energía, las emisiones causadas por la generación de energía alcanzarán su pico en los próximos años. Todo dependerá de la velocidad en la que dejemos de consumir petróleo y carbón (que representan 50% del total de emisiones); y de la rapidez con la que adoptemos energías solares, eólicas y nucleares. Nada de esto garantiza una victoria final contra el cambio climático, pero cualquier reducción en las emisiones nos permitirá evitar los escenarios más catastróficos y peligrosos del calentamiento global.

Y para todos aquellos que se están rasgando las vestiduras por el contexto que vivimos en México, yo quisiera hacer una predicción propia: “México no se va a destruir por culpa de ningún presidente ni de ningún gobierno” ¿Y saben cuánto le doy a esta aseveración?: 100% de probabilidad. 

Porque durante los más de 200 años de historia independiente, hemos transitado numerosas veces por momentos difíciles, oscuros y turbulentos, pero siempre hemos encontrado la manera de salir adelante. Como dice el clásico: aquí estamos y aquí seguiremos. 

PD: Ah claro, si quieren saber la probabilidad que Vox da a que una bomba nuclear sea detonada en la próxima década… es del 20 por ciento. ¡Ánimo, raza!

20/5/24

PROTESTO, LUEGO EXISTO

La empatía y la indignación son igual a cualquier otro recurso natural: son finitas y se agotan


Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú



A ver… yo seré el primero en defender el derecho de los adolescentes a echar desmadre y gritar consignas que años después les parecerán ridículamente estúpidas y pretenciosas. Créanme… hablo por experiencia. Pero viendo las protestas masivas en los principales campus universitarios de Estados Unidos creo que éstas han resultado ser un absoluto despropósito y -de hecho- completamente contraproducentes. 

De entrada quiero eliminar cualquier temor y decirles que no… que mis argumentos no son moralinos ni encaminados a proponer una coerción a la libertad de expresión de estos muchachos. Aquí vengo con argumentos estrictamente pragmáticos.

En primer lugar, -y aquí le robo una idea al comediante Bill Maher- estas protestas parecen ser un ejercicio colectivo de narcisismo. Porque seamos honestos: ¿Qué factor vuelve a la causa palestina más noble o más importante que otras? ¿Por qué no protestar por la guerra en Ucrania y las masacres que ahí ocurren diariamente? ¿Por qué no protestar por el apartheid de género que existe en Afganistán? ¿O el hecho que en gran parte del mundo islámico te asesinan si eres homosexual? ¿Por qué no protestar por la hambruna en Sudán o en Somalia? 

Porque para estos estudiantes gringos (excepto aquellos que tienen un vínculo directo con el Medio Oriente) la razón de la protesta es lo de menos. Lo que ellos quieren es que sus amigos y el mundo entero (vía redes sociales) los reconozca y celebre como verdaderos “progres” y auténticos guerreros de la justicia social. Y si para ganar un par de likes en Tiktok se requiere pedir el exterminio de Israel y apoyar a un grupo terrorista con tendencias genocidas… ¡Pues viva Hamas y mueran los judíos!

Pero vamos a suponer que la mayoría de los manifestantes están actuando con las mejores intenciones. Que en verdad buscan con su relajo aliviar el sufrimiento del pueblo palestino (que hay que decirlo: lo que está haciendo Israel es inexcusable y criminal). Entonces… ¿Por qué habría bronca con esto?

La razón es muy sencilla. Porque la empatía y la indignación son igual a cualquier otro recurso natural: son finitas y se agotan; y por esta misma razón necesitamos priorizar y jerarquizar donde vamos a invertirlas.

Derivado de esto, mi problema central con las protestas universitarias (que ya se extienden por varios países, incluido México), es que están evitando que otros temas reciban la misma atención y el mismo nivel de furia; temas que directamente afectan en las vidas de estos estudiantes.

En el caso de Estados Unidos, la inconsciencia de estos estudiantes llega a niveles preocupantes. Porque mientras se desgarran las vestiduras por un conflicto a miles de kilómetros, su propia democracia está en peligro mortal, al igual que sus derechos de asamblea y su libertad de expresión.

Mucho se ha comentado sobre cómo este relajo puede costarle votos a Joe Biden en noviembre;  y entre más tiempo continúen las protestas, más apetecible se volveré el mensaje de Donald Trump que presume ser el candidato de “la ley y el orden” ¿Y saben ustedes lo que hará Trump llegando a la Casa Blanca? ¡Claro que lo saben! ¡Apoyar aún más a Israel! ¡Pisotear aún más a los palestinos! ¡Y de pasada enviarles a la Guardia Nacional a todos esos estudiantes revoltosos! 

Algo similar ocurrió en 1968, cuando las protestas contra la guerra de Vietnam (algo que sí afectaba directamente a los estudiantes de la época) dividió profundamente a los Demócratas. El resultado del caos fue la victoria de Richard Nixon, que expandió aún más la Guerra de Vietnam y tiñó a la política estadounidense de conservadurismo, autoritarismo y corrupción.

Hoy, con cada grito en las universidades que pide “Death to America”, con cada exigencia de una nueva “Intifada” y con cada estudiante que canta “From the River to the Sea”, Trump está deseando que la historia se repita.

Se los vuelvo a decir: la empatía y la indignación son finitas y se agotan. Es nuestra responsabilidad usarlas de manera inteligente.

22/4/24

LA FRASE QUE SALVARÁ A LA HUMANIDAD

¿Qué declaración dejarías para la posteridad que contenga la mayor cantidad de información en la menor cantidad de palabras? 


Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú

No quiero ser pesimista, pero si uno pone atención a los acontecimientos recientes, fácilmente podría llegar a la conclusión de que el mundo se está encaminado hacia un final pronto y fatídico. 

El ejemplo obvio es la reciente pandemia que fulminó a millones de personas (y que representó apenas el preámbulo de algo mucho peor, según expertos). Pero también está el crecimiento desmedido de la inteligencia artificial, la cual ya se está usando en escenarios bélicos para seleccionar blancos de manera semiautónoma y exterminarlos. O qué tal Rusia, que amenaza con el uso de armamento nuclear en su guerra con Ucrania. Y no olvidemos la posible guerra entre China y Taiwán (¡o entre Irán e Israel!) que podría causar una Tercera Guerra Mundial. ¡Ah claro! Y no olvidemos la eterna amenaza del cambio climático que nos va a achicharrar a todos. 

¡No hay tregua, señores! Pero estoy seguro que no vinieron aquí a deprimirse. Así que mejor tomemos la premisa del fin del mundo pero démosle un spin más divertido. El ejercicio macabro que les traigo vino como inspiración de un gran episodio del podcast RadioLab (“The Cataclysm Sentence”), donde cuentan cuentan esta historia: 

Un día de 1961, el famoso físico Richard Feynman se paró frente a una sala de conferencias de Caltech y planteó esta pregunta a un grupo de estudiantes universitarios: “Si de pronto ocurriera un evento cataclismo donde todo el conocimiento científico fuera destruido, y solo un enunciado pudiera ser transmitido a la próxima generación de supervivientes… ¿Qué declaración dejarías para la posteridad que contenga la mayor cantidad de información en la menor cantidad de palabras? 

Feynman tenía una respuesta bastante buena a su propia pregunta: dejar como último mensaje la Hipótesis Atómica que establece: “todas las cosas están hechas de átomos; que son pequeñas partículas que están en perpetuo movimiento; las cuales se atraen cuando están a cierta distancia, pero se repelen cuando son apretadas una contra la otra”.

Para Feynman, uno puede ir desenvolviendo esta simple frase para revelar absolutamente todas las leyes de la física. La primera parte de su enunciado te explica de qué está hecho todo en el Universo (átomos); la segunda parte (su movimiento) te abre la puerta a la electricidad, la energía de vapor, la ciencia para volar, y otras miles de cosas. La tercera parte (cómo los átomos interactúan entre ellos) te permite entender toda la química y la biología (creación de moléculas, proteínas, todo tipo de materiales, etcétera).



Ahora bien, ni mis amigos ni yo somos físicos, ni somos expertos en la estructura básica del universo, ni tampoco somos ganadores de un premio Nobel. Pero aún así decidimos entrarle al quite y dejar nuestras frases para la posteridad. 

Empiezo yo: La mayoría de las enfermedades son causadas por seres microscópicos que podemos combatir con toda clase de medicamentos.

Daniel Morales (biotecnólogo): Puedes conocer la causa de todo fenómeno por medio de observación y manipulación cuidadosa.

Luisa Cantú (periodista): El patriarcado y el capitalismo sólo causan muerte y destrucción.

Deborah Martinez (Investigadora): Todos estamos conformados por células y cada una de ellas tiene nuestro código genético. Revisen eso.

Fernanda Kuri (consultora de imagen): ¡Dios no existe!

Gaby Berardi (rockstar): No existe el conocimiento absoluto: siempre hay una siguiente interrogante.

Angel de la Rosa (financiero): C16H18N2O4S (esto se llama “penicilina”: ¡Úsenla!)

David Guajardo Ruz (poeta): Maussan tenía razón.

¿Podrá recuperarse la humanidad con alguna de estas instrucciones? ¡Puede ser! Por lo tanto, mientras navegamos por estos tiempos turbulentos, tomen este mismo ejercicio como oportunidad para divertirse de manera perversa con sus amigos. ¿Cuál es el enunciado que tú transmitirías a la próxima generación que contenga la mayor cantidad de información en la menor cantidad de palabras? ¡Pónganse truchas porque parece que nos queda poco tiempo! 

25/3/24

LAS CRISIS INVISIBLES

El año 2023 registró 183 conflictos en el mundo: la cifra más alta en los últimos 30 años.


Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú



Los seguidores de esta columna sabrán que llevo un rato obsesionado con descubrir por qué los tiempos actuales son particularmente caóticos e inestables. Hasta ahora he establecido tres razones: que todas nuestras vidas (y por ende la historia humana) están determinadas por eventos arbitrarios (“flukes”); que entre más interconectado el mundo, mayor la inestabilidad que causan los flukes; y que a mayor inestabilidad mayor el incremento de los conflictos internos y externos de los países.

Hoy quiero profundizar en la gravedad de este último punto: ¿Qué tan grave es el incremento del conflicto a nivel global? Para responder esto, recurriremos a un reciente texto del periodista David Wallace-Wells en The New York Times, donde se nos presenta un rompecabezas global sumamente complejo y dantesco. 

La primera pieza es terrorífica: de acuerdo con el Armed Conflict Survey que publica el International Institute for Strategic Studies, el año 2023 registró ¡183 conflictos en el mundo!, la cifra más alta en los últimos 30 años. De estos 183 conflictos conocemos los más famosos (mejor dicho, infames): la guerra en Ucrania y en Palestina. Pero Wallace-Wells indica que estos son apenas el inicio de nuestros problemas. 

Sumado a esto, el Uppsala Conflict Data Program (proyecto sueco que ha recopilado datos sobre conflictos por casi 40 años) indica que las muertes por las guerras ascendieron a 238,000 en 2022, casi el doble que las del 2021 y un incremento de más de seis veces desde 2011; la violencia no-estatal (entre grupos armados no gubernamentales, como pandillas o el narco) se ha más que triplicado desde 2007; y la violencia del gobierno contra civiles se ha más que duplicado desde 2009.

Lo que estas cifras demuestran es que más allá de Gaza o Donetsk, el mundo entero se está carcomiendo por la violencia. Sin embargo, muchos de estos conflictos rara vez entran en los ciclos noticiosos, opacados por las guerras más “vistosas” y conocidas.

Basta con poner la vista en la región del Sahel en África, donde hoy existe un “cinturón de golpes de estados”. Seis países entre el Atlántico y el Mar Rojo que han sufrido 11 intentos de derrocamientos en apenas los últimos cuatro años; ocho de los cuales fueron exitosos (Guinea, Burkina Faso x2, Chad, Níger, Mali x2 y Sudán). 

No tenemos que salir del Sahel para encontrar en Sudán la mayor crisis humanitaria del planeta (“pesadilla humanitaria” lo llama la ONU), donde una guerra civil ha cobrado la vida a más de 10,000 de individuos y desplazado a casi ocho millones. Cerca de ahí, en la República Democrática del Congo, casi siete millones de civiles han abandonado sus hogares por un conflicto civil interminable. En Etiopía, la guerra interna de los últimos años dejó como herencia más de 600,000 personas muertas. En la República Centroafricana se estima que el 6% de la población pudo haber muerto por violencia interna. Hacia el este, el conflicto en Yemen ha cobrado casi 250,000 vidas y otros 20 millones de civiles están en necesidad urgente de ayuda humanitaria.

Todas estas crisis representan tragedias invisibles que suelen no generar titulares. Y no se trata aquí de comparar tragedias o determinar cuál merece más atención; sino de comenzar a ver el mundo con nuevos ojos y reconocer que -en efecto- estamos viviendo una era extremadamente violenta.

¿Se puede hacer algo al respecto? De hecho sí, pero es improbable. Porque según Wallace-Wells uno de los factores que más exacerba estos conflictos es el calentamiento global; evento que -según predicciones- continuará empeorando por muchos años.

Esto nos deja con una ecuación más compleja: si los flukes y la interconexión global son la base de muchos conflictos globales, debemos agregar entonces un multiplicador: la escasez de recursos, la incapacidad de adaptación a un clima cambiante y la fragilidad institucional en grandes regiones subdesarrolladas. 

Todas estas crisis suman a la inestabilidad y al caos que vemos hoy a nivel mundial: crisis que por más invisibles que sean para nosotros, no dejan de ser reales.

11/3/24

ABRAZAR EL CAOS

El mundo está lleno de agentes del caos que saben explotar los puntos débiles de la civilización y causar eventos de disrupción masiva.


Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú

Si leyeron mi columna pasada, recordarán que estamos viviendo actualmente en una era particularmente caótica. Para el académico Brian Klaas, esto se debe a dos factores fundamentales: a que nuestras vidas -y por ende la historia humana- están regidas por los “flukes” (acontecimientos pequeños, accidentales y aparentemente arbitrarios que moldean nuestro actuar diario); y a que entre mayor interconexión global (financiera, económica, política, cultural…), mayores los efectos de estos flukes. Hasta aquí, sin novedades.

Pero creo que debemos agregar una nueva capa igual o más preocupante a este modelo: estamos viviendo también en una época particularmente conflictiva.

De acuerdo con la más reciente publicación del Global Peace Index (del Institute for Economics and Peace), el mundo ha visto un deterioro constante en los niveles de paz en 13 de los últimos 15 años. En 79 países del mundo los índices de paz han empeorado y el número de muertes por todos los conflictos casi se duplicó en 2022 comparado con el año anterior. Cabe decir que este reporte no considera la actual guerra entre Israel y Hamas, por lo que podemos esperar peores números para la siguiente edición.

Bien sentencia el analista Fareed Zakaria en una columna para CNN: “el conflicto es la nueva normalidad”. Y un gran error que podemos cometer es tratar a cada uno de estos conflictos como si fueran aislados y excepcionales, “con la esperanza de que la normalidad regrese una vez que se hayan solucionado”. 

Porque como hemos establecido, en este mundo cada vez más globalizado e interconectado, el impacto de una crisis se magnifica, y cualquier conflicto tendrá el potencial de desestabilizar a regiones o continentes enteros. Algunos dirán que esto no es nuevo, que el asesinato del Archiduke Francisco Fernando o la invasión alemana a Polonia también fueron factores que desataron conflictos globales. Y sí, quien sea de ustedes que haya dicho esto no estará faltando a la verdad.



Pero quiero hacer énfasis en que hoy cualquier conflicto puede convertirse en algo inmensamente disruptivo. Un ejemplo es la actual guerra en la Franja de Gaza. Desde el nacimiento de Israel en 1948 hemos visto como palestinos e israelíes se agarran a madrazos, pero nunca antes un asunto tan local había tenido el potencial de convertirse en una guerra regional o incluso mundial. Falta que se agregue un solo grano más al proverbial montón de arena (digamos, el involucramiento de Irán) para causar una avalancha de proporciones globales. Éste sería un verdadero fluke que tenga consecuencias inimaginables. 

¿Cuál es la principal diferencia entre el actual conflicto en Palestina y los anteriores? Ya lo hemos mencionado, pero lo repito sin bronca: hoy el mundo -incluyendo el Medio Oriente- está mucho más integrado que antes; y entre más interconectada se encuentra la civilización humana, mayor será la inestabilidad que cualquier “error”  o imprevisto puede causar.

Ya hemos visto cómo los flukes pueden causar pandemias globales, caos en el comercio mundial, implosiones en los mercados financieros y la desestabilización interna en los países. Así que no me parece ilógico decir que a mayor número de conexiones, mayor número de conflictos y mayor los efectos de estos conflictos.

Claramente la globalización y la integración son sumamente positivas, y como ejemplo está la Unión Europea, que ha evitado una guerra entre sus países miembros durante casi 80 años. El peligro aquí es que el mundo está lleno de agentes del caos que saben explotar los puntos más débiles de estas cadenas de relaciones y causar eventos de disrupción masiva.

Así que tenemos tres variables explosivas: que la historia humana es esclava de los “flukes”; que entre más interconectados mayores los efectos de estos flukes; y que “el conflicto es la nueva normalidad”. Viendo al mundo desde esta perspectiva, debemos entonces abrazar el caos y prepararnos para vivir en un planeta cada vez más inestable, impredecible y violento. ¡Agárrense!